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jueves, 5 de diciembre de 2013

La Banda Morisca VII. El castillo de Los Molares



Vista panorámica en la que se aprecia la plaza de armas, invadida por los patios traseros del caserío urbano


Como ya habrán constatado vuecedes, el tema de la Banda Morisca ha estado unos días en "stand by", como se dice ahora. Ello se ha debido a que estaba a la espera de que el ayuntamiento me diera permiso para sacar fotos del interior del castillo. El exterior, semi-engullido por el caserío urbano, es complicado de ver. 


Una de las cámaras de la torre del homenaje
Hace varios años, cuando estaba aún sin restaurar, me permitieron acceder al recinto y sacar fotos a diestro y siniestro. Por desgracia, eran fotos analógicas, concretamente diapositivas, las cuales sufrieron el mismo final que Sodoma y Gomorra, pero en frío. Pero cual no ha sido mi sorpresa cuando me comunican de parte de la alcaldesa del PSOE que rige ese ayuntamiento que si quiero hacer fotos tengo que soplar la friolera de 40 del ala. Sí, señores, cuarenta. Un cuatro y un cero. Seis mil seiscientas cincuenta y cinco pesetillas de nada. Ni que fuera la tasa por repantigarse en un trono del Palacio de Oriente, qué carajo...


Acceso a la azotea. Desde la misma se enlaza
visualmente con el castillo de El Coronil y el de Utrera
Me dicen que claro, es un ordenanza municipal y que las ordenanzas municipales hay que cumplirlas aunque mi intención no es precisamente hacer un reportaje de un bodorrio ni similar (que es por lo visto el motivo de tal ordenanza, ya que supongo que a pocos o ninguno se le habrá ocurrido hasta ahora pedir permiso para fotografiar el castillo en cuestión), sino llevar a cabo una labor divulgativa que, en este caso, incluso sirve de propaganda gratuita al pueblo de marras. No deja pues de ser curioso que se me pongan tan estrictos precisamente por parte de un gremio que se suele pasar las normas por debajo del ombligo.

Bueno, pues como no hay fotos no hay entrada, así que corremos turno y para mañana ya seguiremos hablando de la Banda Morisca. El que quiera saber algo sobre dicho castillo tendrá que bichear por su cuenta porque este menda pasa 1 kilo a la vista del vil atraco ordenancista al que me han querido someter, amén de los amenes.

Hale, he dicho

POST SCRIPTVM: Ojo, que lo único que merece la pena del interior es la torre del homenaje salvo que la hayan perpetrado en la restauración. El resto fue profanado en su momento por lo que su morfología ha quedado un tanto, digamossss... vulnerada.


Una vista de la torre del homenaje. Puede apreciarse el afloramiento rocoso en la que se asienta

martes, 26 de noviembre de 2013

La Banda Morisca VI. La torre de Lopera



Foto tomada con teleobjetivo desde la azotea de la torre del homenaje del castillo de las Aguzaderas.
La distancia entre ambas fortificaciones es de 8.600 metros


La torre de Lopera se yergue en un otero situado en lo que actualmente es el límite sur de la provincia de Sevilla lindando con la de Cádiz. Dicho otero, a 226 metros sobre el nivel del mar, domina una amplia comarca con un campo visual que permite enlazar visualmente con los castillos de Cote, El Coronil, Matrera y las Aguzaderas, así como con las torres del Bollo y el Águila.



Cara suroeste de la torre
La fecha de su construcción, ex novo, es incierta si bien cabe suponer que sería correcto datarla hacia mediados del siglo XIV junto con otras torres del sistema defensivo que nos ocupa. A finales de dicho siglo ya tenemos constancia de su tenente, un caballero veinticuatro de Sevilla por nombre Alfonso Guillén, el cual pertenecía a una familia bien avenida con la corona y que disfrutaba de diversas prebendas en aquella época. Dicha familia disfrutó de la tenencia durante bastantes años ya que no fue hasta la segunda mitad del siglo XV cuando Lopera pasó a depender del Concejo de Sevilla, el cual era el que nombraba los alcaides de la misma. En este caso, la familia Pineda fue la que pasó a sustituir a los Guillén en las alcaidías hasta el advenimiento de los Reyes Católicos, en que el chollo pasó a manos de la Casa de Ribera, Adelantados Mayores de Andalucía y diversos momios más. 



Vista cenital de la torre. En el ángulo suroeste se aprecian
los restos de la camisa edificada en ese sector
La guarnición de Lopera tenía como misión principal merodear por la comarca vigilando que no se infiltrasen enemigos por los recovecos de la serranía cercana. A tal fin, disponían por lo general de unos sesenta hombres, treinta caballeros y treinta peones, lo que podemos considerar como una guarnición bastante nutrida para una fortificación de tan modestas dimensiones. En estos menesteres pasó el tiempo nuestra torre de hoy, siendo testigo en 1483 de un enfrentamiento entre las tropas del gobernador de Málaga, un tal Bexir, y las de Luis de Portocarrero, el maestre de Alcántara y los alcaides de Morón y Osuna, a las que se sumaron las procedentes de Jerez al mando del marqués de Cádiz. Al parecer, la derrota infligida a los moros fue contundente, dando cuenta de los 1.500 jinetes y 4.000 peones. Con la caída del reino nazarí de Granada, la torre de Lopera, al igual que las demás fortificaciones de la Banda Morisca, fue abandonada al perder su utilidad militar. Actualmente se encuentra en una finca particular dedicada al ganado bravo, así que está la cosa bastante chunga para visitarla tanto en cuanto los propietarios no están por la labor de permitir el paso. De hecho, según me comentó un funcionario de Utrera, les ponen pegas hasta a ellos mismos cuando van a estudiar el estado del monumento una vez al año.

Bien, esa es la historia de la torre de Lopera. Veamos ahora sus características principales...




Esta torre es en sí una atalaya provista de una cerca a modo de pequeño castillo, por decirlo de algún modo. De esa forma, no solo se convertía en una fortificación más complicada de conquistar sino que, además, daba cabida a su nutrida guarnición. Su situación geográfica, literalmente en primera línea en la Banda Morisca, la hacían especialmente vulnerable así que sus constructores tuvieron el acierto de proveerla de las mejores defensas posibles. A la derecha podemos ver un plano de la misma. La torre presenta una camisa que la envuelve totalmente sin que, a pesar de sus modestas dimensiones, se dejen de cuidar ciertos detalles. Por ejemplo, la puerta de acceso, orientada hacia poniente, disponía de una torre de flanqueo para su defensa (en azul). Dicha puerta daba paso a un pequeño patio interior  (en rojo) conformando así una eficaz puerta en recodo. Este espacio era defendido por la misma torre mayor y la que defendía la entrada. El resto del recinto, protegido por un muro de unos 150 centímetros de espesor, contaba además con dos torres de flanqueo de planta circular orientadas a levante y, al parecer, incluso con un antemuro por el lado de la puerta de acceso.  O sea, estaba muy bien defendida en todos los sentidos.





En cuanto a la torre, a la izquierda tenemos un plano en sección de la misma. Se trata de un potente edificio de planta cuadrangular de 12,80 x 11,30 metros y unos 15 de altura. Está totalmente desmochada y sus dos bóvedas se han derrumbado hace décadas. Sus muros tienen un espesor de 2,40 metros, 3 varas castellanas, menos el del lado este, que tiene un metro más para dar cabida a la caja de la escalera. La puerta de acceso está situada en el flanco sur y, al parecer, contaba con una mazmorra o aljibe en su interior que está cegado hace la torta de años. La fábrica de la torre es de sillería de pierdra caliza bien labrada. El muro es de mampostería careada con cada hilada nivelada con lajas de piedra. La puerta de acceso era de sillería con el dintel fabricado con dos modillones de doble bocel, y todas las esquinas del muro están reforzadas con sillería bien labrada. Los paramentos están rellenos de cantería mediana colmatada con tierra y cal. El conjunto se asienta sobre un afloramiento rocoso que impedía el minado de torres o la muralla.

Finalizo con una exhortación a las autoridades u organismos competentes en estos temas a fin de que se lleve a cabo como mínimo una consolidación de la ruina porque, a este paso, la torre de Lopera acabará como tantas otras: convertida en un montón de piedras repartidas por las laderas del cerro. El hecho de que se encuentre en una finca particular no solo no da patente de corso a su dueño para pasar del tema, sino que tiene la obligación de permitir al menos un día a la semana el acceso. Pero claro, ¿quién quiere ver la torre salvo cuatro pirados? Así nos luce el pelo en este país, carajo...

Bueno, ya vale por hoy.

Hale, he dicho...




lunes, 25 de noviembre de 2013

Hombres de armas. La guarnición de un castillo de frontera



La guarnición de un castillo se rinde a los sitiadores

No viene mal, aparte de descansar un poco de tanta fortificación, repasar lo concerniente a los hombres que guarnecían los castillos de aquella época, así como los diferentes grados o cometidos que tenían. Veamos pues...

Documento fechado en 1474 en el
que se especifica la fórmula de juramento
 que debían prestar los alcaides
El número de integrantes de la guarnición de una fortaleza era de lo más dispar. O sea, no había ningún tipo de normativa que regulase la cantidad de efectivos que debían componerla. Eran las necesidades del momento las que dictaban cuántos hombres debían nutrir la guarnición, y era la corona o el concejo de los que dependía los que tenían la obligación de enviarlos. Así pues, en tiempos de paz una guarnición podía ser tan mínima como el alcaide y un par de hombres o, en caso de guerra, una treintena de caballeros u hombres de armas y otros tantos peones. En todo caso, lo que si hay que olvidar son esas guarniciones de decenas y decenas de hombres que salen en las películas.

Por lo general, los hombres que debían servir en tal o cual castillo procedían de las poblaciones que guardaba. Salvo los profesionales de la guerra, como los caballeros o los hombres de armas, el resto del personal eran gente normal y corriente: artesanos, labriegos, ganaderos, etc., los cuales tenían la opción de formar parte de la guarnición a cambio de un estipendio abonado por el alcaide. Caso de que en las poblaciones cercanas al castillo no hubiera los suficientes hombres capacitados para el servicio de las armas, el concejo del que dependía el castillo, el tenente del mismo o la corona se encargaban de enviarlos procedentes de otros lugares. Lo importante era "...tener en el castillo tantos omes e tales con que lo pueda bien guardar", así que se buscaban donde fuera necesario. Dicho esto, los componentes de las guarniciones eran los siguientes:

La torre del homenaje, residencia del alcaide y símbolo
del poder
Los alcaides. Término procedente del árabe qâ'id, caudillo. Los alcaides eran los encargados de la custodia de la fortaleza y el jefe militar de la guarnición. Tenían a veces otras atribuciones referentes a cuestiones de tipo jurídico y/o civil en la o las villas que estaban bajo la protección del castillo. Eran nombrados por los reyes, los tenentes o los concejos, según de quien dependiera la fortaleza, y su estipendio lo recibían trimestralmente. Se requería de ellos que fuesen hombres rectos, de probada lealtad y, si era posible, que dispusieran de medios económicos para que no cayeran en la tentación de apropiarse de los dineros enviados para los gastos de mantenimiento y demás de la fortaleza. El salario de un alcaide iba en función de la importancia del castillo al que era destinado. De ese modo y para hacernos una idea, en el siglo XIV la cifra podía oscilar entre los 600 maravedises para una alcaidía lejana a la frontera a los 3.000 de una situada en algún castillo fronterizo, como los de la Banda Gallega o la Morisca. En el siglo siguiente, dichos salarios aumentaron de forma notable debido a que las alcaidías ya no eran concedidas a simples infanzones, sino a nobles o miembros de los concejos de las ciudades importantes. Así pues, había alcaidías que a finales del siglo XV percibían más de 350.000 maravedises, si bien en ese dinero se incluía a veces el salario de la guarnición o posibles gastos para reparos en el castillo. Cuando los viejos castillos hispanos perdieron su uso militar, en muchos casos se siguió nombrado alcaides para los mismos, aunque estaban abandonados y camino a la ruina, como cargo honorífico. De hecho, hubo castillos con su alcaide hasta los años 20 del pasado siglo, y el alcázar de Segovia aún lo mantiene.

Hombre de armas
Los caballeros y hombres de armas. Estos profesionales de la guerra eran vasallos de las casas nobiliarias que detentaban las tenencias, o bien se ponían al servicio de los concejos o eran vasallos del rey. Su misión como militares cualificados los hacía sumamente importantes ya que, por razones obvias, eran lo que menos tendencia tenían a largarse en caso de ponerse las cosas chungas y, por otro lado, no se veían coartados por cuestiones derivadas de otros oficios y de la atención que requerían los mismos como ocurría con los agricultores o los ganaderos. Por lo general y tanto en cuanto eran militares profesionales, el armamento que usaban era de su propiedad, no recibiendo compensación económica por ello ya que su salario era superior al de los peones.

Ballestero cargando una
ballesta de torno
Los ballesteros y lanceros. Por lo general procedían de la villa que dependía del castillo de turno, y así constaban en los padrones. Eran vecinos con cierta cualificación militar que eran requeridos para el servicio por un determinado período de tiempo según las necesidades del momento. Su salario lo percibían por lo general antes de partir, si bien en caso de que el servicio durase menos de lo esperado debían reembolsar la diferencia del dinero percibido (imagino que con el cabreo consiguiente). Con todo, también podía estipularse que el cobro fuera al terminar el contrato. El pago lo efectuaba bien el concejo del que dependían, o bien la o las villas guardadas por el castillo. Caso de no haber dineros en ese momento, el alcaide lo adelantaba de su estipendio y le era reembolsado más tarde. El armamento que usaban era el disponible en el castillo salvo ocasiones en que por circunstancias diversas se ordenaba que acudieran con armamento propio. Lo mismo ocurría con las raciones de comida necesarias para cubrir el viaje hasta el castillo, si bien por lo general les era abonado un dinero en concepto de dietas, como diríamos hoy día. Una vez terminado el servicio les era entregado un albalá firmado por el alcaide a modo de justificante, el cual debían mostrar si se les era requerido para no ser tenidos por traidores y desertores.

Espingarderos
Los espingarderos. Este tipo de tropas surgió a finales del siglo XV en las zonas de frontera debido a la aparición de las armas de fuego. Su armamento, obviamente caro, era entregado a los espingarderos en los castillos, así como la pólvora y las pelotas de plomo. Por lo demás, sus condiciones de servicio y económicas eran las mismas que las de los ballesteros y lanceros.

Bien, estos eran los hombres que componían una guarnición pero, ¿cuáles eran sus cometidos? Veámoslos...

Aparte de guardar el recinto fortificado en sí mismo, había otra serie de obligaciones que debían atender. O sea, que no se limitaban a vigilar que nadie entrara en el castillo, lo que no era excesivamente complejo ya que bastaba cerrar y atrancar las puertas. Así pues, había otros servicios de gran importancia que no solo debían impedir la invasión del recinto, sino posibles movimientos de tropas enemigas en las cercanías. Veamos pues las distintas obligaciones de la guarnición:

Los adarves, donde se realizaban las velas y las guardas
Las guardas. Eran el servicio básico, que consistía en vigilar durante el día que nadie se acercase al recinto o intentase alguna maniobra hostil contra el mismo.

Las velas. Lo mismo que las guardas, pero durante la noche. Había ocasiones en que se requerían los servicios de hombres de las poblaciones cercanas solo para efectuar las velas, pudiendo así la guarnición regular descansar sin problema. Estas velas eran pagadas aparte como un servicio especial y, en todo caso, eran encomendadas a hombres de total confianza por ser la noche la hora más comprometida. De hecho, en algunas Partidas se encomendaban las velas a los caballeros y hombres de armas por ser considerados como más adecuados que los simples peones.

Las rondas. Consistía en la vigilancia exterior del recinto, si bien sin alejarse mucho del mismo. Su cometido no era otro que controlar posibles infiltraciones o descubrir a escuchas del enemigo que podían dar información sobre el castillo.

Los escuchas. Eran los encargados de adentrarse en territorio enemigo para recabar información sobre sus movimientos a fin de aprestarse a la defensa. Obviamente, debían ser hombres muy bragados, ágiles y dispuestos a cualquier cosa para volver vivos y enteros a su castillo.

Atalaya
Los atalayas. Eran hombres de la guarnición o enviados desde los pueblos cercanos a las torres de vigía con el fin de avistar el territorio circundante y avisar al castillo y poblaciones cercanas del peligro, bien con ahumadas o con candelas. Estos atalayas o torreros no tenían sentido más que en épocas de guerra, y su salario solía ser abonado por las poblaciones caso de no formar parte de la guarnición.

Y como colofón, ¿qué ganaban estos hombres? Pues unos salarios ligeramente superiores a los de cualquier artesano por lo general. Veamos algunos ejemplos comparativos del último cuarto del siglo XV...

Un esquilador cobraba 22 maravedises al día, y era un sueldo bastante decente comparado con otros ya que, por ejemplo, un podador cobraba 15 y un pisador de uva 14. Sin embargo, un peón (ballestero o lancero) ganaba en esa época entre 25 y 30 maravedises diarios, lo que suponían entre 750 y 900 maravedises al mes, que era una cifra superior a la que cobraba un cerrajero o un armero (500 mrs.). Los caballeros y hombres de armas ganaban más, si bien en esa época los salarios se habían equiparado bastante, cobrando diariamente entre 30 y 55 mrs. Los espingarderos ganaban unos 30 mrs. diarios, lo que suponía un salario superior al de un peón. 

Bueno, así estaban las cosas en aquella turbulenta época. En todo caso, intuyo que más de uno tenía una idea bastante diferente a la realidad, de modo que celebraré haberle esclarecido este tema.

Es hora de la sacrosanta merienda, así que me piro.

Hale, he dicho



domingo, 24 de noviembre de 2013

La Banda Morisca V. El castillo de Utrera





Prosigamos... Hoy, que para eso es domingo y tal, toca hurgar en el pasado del castillo de Utrera, el cual podríamos decir que era quizás el de más importancia junto al de Morón en la Banda Morisca. En su día ya le dediqué una entrada a la infamante perpetración que se a cometido con el edificio, si bien no se hizo mención a su historia. Así pues, hoy se hablará de la misma así como del gran protagonismo que tuvo a lo largo de los siglos XIV y XV. En fin, vamos al ajo...

Plano de Utrera del siglo XVIII. Su aspecto
no debía ser muy diferente del que tendría
cuatro siglos antes.
De entrada, hay que especificar un detalle importante, y es que el castillo que se conserva actualmente no es de origen árabe como se afirma en el letrero informativo que se puede ver a la entrada del recinto. Una de dos, o no saben una papa del tema, o piensan que poner eso de que fue moro le da más valor. En todo caso, lo que sí es cierto es que las crónicas no mencionan ningún castillo cuando Utrera se rindió a las tropas castellanas a raíz de la caída de Sevilla el 23 de noviembre de 1248. Solo se hace referencia a que Utrera era un poblamiento que disponía de una torre para su defensa, pero nada más. En el repartimiento de 1253 tampoco se especifica nada sobre alcaidías o tenencias de ningún castillo, sino solo la relación de caballeros a los que fueron adjudicados sus correspondientes donadíos. En total se donaron cantidad de yugadas de buenas tierras de labor, que es sabido que la Campiña sevillana es una de las más fértiles del mundo mundial.


Puerta de la Villa, situada al sur de
la muralla. La podemos ver en la parte
inferior del plano
El error, por decirlo de alguna forma, que se cometió en Utrera fue justamente lo que se evitó a toda costa, y no fue otra cosa que permitir a la población musulmana permanecer en sus casas mientras que, por otro lado, se comenzaba la repoblación castellana. Eso de dejar al enemigo en casa no tardó en provocar nefastas consecuencias, como se pudo ver apenas catorce años después a raíz de la revuelta de los mudéjares de 1264, a los que se unieron los moros de Utrera, Jerez, Arcos y Lebrija apoyados por Al-Ahmar, el otrora fiel vasallo y amigo de Fernando III. Solo se libró de la escabechina el castillo de Matrera que, como se comentó en la entrada dedicada a este castillo, fue defendida por los calatravos al mando de su comendador frey Alemán. Por cierto que tanto en el "Epílogo de Utrera" de Pedro Román Meléndez como en el "Memorial de la Villa de Utrera" de Rodrigo Caro se menciona que la torre que defendía la población fue defendida también por este tal frey Alemán, cosa que creo se trata de un error porque dudo que tuviese el don de la bilocación. Por otro lado, en ninguna parte se menciona que Utrera hubiese sido dada en tenencia a la orden de Calatrava, cosa que sí se sabe de Matrera. Sin embargo, otros autores citan que Alfonso X hizo diversas donaciones a la orden en Osuna por su defensa de la ciudad, de lo que colijo que, en realidad, lo que pudo ocurrir es que un contingente de calatravos al mando de este frey Alemán partiera desde Matrera a Utrera a fin de someter la rebelión. Esto cuadra más, ¿no? En fin, hay cosas que se pierden en la memoria del tiempo y no se puede tener certeza absoluta de las mismas.

Postigo de la Misericordia
A partir del fin de la dichosa rebelión en 1266 es cuando bien pudo edificarse o potenciarse la torre que se mencionaba anteriormente, dando así una mejor protección a la ciudad.  La cosa es que en 1331 dicha fortaleza ya debía existir tanto en cuanto se cita que el Concejo hispalense donaba 200 maravedises al año a la iglesia de Santiago de Utera como pago por los servicios prestados a la gente del castillo en forma de administración de los Santos Sacramentos y de enterramiento en dicha parroquia. Durante muchos años, su única misión fue la misma que las de otras fortalezas de la Banda Morisca: poner coto a las algaras y razzias de los moros de Ronda, que eran auténticas moscas cojoneras. De hecho, Utrera era por norma el punto de reunión de las tropas que se juntaban desde diferentes concejos para hacer frente a estas cabalgadas, o bien para entrar a saco en la frontera para devolver la visita a los moros. Es más, fue precisamente ante el castillo de Utrera donde se reunieron las huestes castellanas y portuguesas, aliadas en esta ocasión para hacer frente al sultán de Fez y al rey de Granada en la famosa batalla del Salado, celebrada el 30 de octubre de 1340 y que supuso una aplastante derrota a los moros. 

Foto de principios del siglo XX que muestra el aspecto
del castillo en aquella época. Paradójicamente es mucho
mejor que el que presenta hoy día
Pero aún le esperaban a Utrera terribles sucesos. En 1368, aprovechando la guerra civil entre don Pedro y el Trastámara, Muhammad al-Gani, emir de Granada, entró a saco en tierras castellanas y, entre otras ciudades, se apoderó de Utrera tras un cruento asalto que comenzó por la cerca urbana y acabó en el castillo, el cual fue desmantelado para impedir su defensa posterior. Toda la población fue reducida a la esclavitud y el caserío quemado y arrasado. O sea, que dejaron Utrera convertida en un solar los moros malditos. De ahí posiblemente surja la teoría de que el castillo que actualmente conocemos se construyese ex novo, y no se trate de una reconstrucción del anterior. Y como ya me estoy alargando más de la cuenta y los sucesos que acontecieron posteriormente no atañen a su misión como castillo de frontera, sino debido a los conflictos entre las grandes casas nobiliarias en tiempos de Enrique IV e Isabel I, pues cerramos ya la parte tocante a la historia del castillo para entrar en sus aspectos morfológicos y demás. Veamos pues...

A la derecha tenemos un plano del castillo que, como vemos, es de planta trapezoidal. Su diseño se parece muchísimo a los de Las Aguzaderas y El Coronil, lo que me induce a pensar que, tal como comentaba arriba, su construcción debe datar del último cuarto del siglo XIV, tras haber sido desmantelado el anterior edificio en 1368. El recinto tiene 52 metros de largo y 33 por el lienzo suroeste, el de mayor longitud. Lo defendían cinco torres de flanqueo y estaba unido a la cerca urbana aunque en su época estaba totalmente exento, o sea, sin casas adosadas a sus murallas. En el ángulo norte, tal como vemos en el plano, había un pozo mientras que en el patio de armas, aproximadamente en el centro del mismo, hay una reconstrucción de lo que podía ser un aljibe si bien dicha reconstrucción es tan pésima que solo podemos conjeturar. Igual se trata de algún túnel de escape que daba a una poterna situada en el flanco noroeste actualmente tapiada y que daba a extramuros de la cerca urbana.

Su fábrica, tal como vemos en la imagen de la izquierda, es una mezcla de diversas técnicas. La foto 1 muestra el relleno del paramento de la muralla noroeste, fabricado a base de cantería burda colmatada con arena y cal. La foto 2 pertenece al lienzo sureste y, como salta a la vista, es un tapial. En este caso, consta de mortero de cal y arena mezclada con restos cerámicos y cantería menuda. Por todo el edificio abundan los remiendos hechos de cualquier forma y con los materiales más diversos, desde repellados a base de cemento a ladrillos, todo ello mezclado con el simulacro de tapial amarillo aplicado en algunas zonas cuando se perpetró la "restauración". Así pues, el conjunto no puede presentar peor aspecto tanto por lo avanzado de su estado ruinoso como por la pésima consolidación llevada a cabo. Aparte de esto, el grosor de los muros es actualmente de 160 cm., lo que apoya también la teoría de que sea una construcción ex novo castellana ya que esta medida o múltiplos de la misma es la habitual en las fortificaciones cristianas, ya que la longitud de la vara castellana de la época era de 83 cm. O sea, el grosor de los muros equivalen a dos varas.

La foto de la derecha corresponde a una extraña dependencia situada en el ángulo norte del recinto, bajo el saliente de la muralla que se aprecia en el plano. Aparte de la porquería que lo inunda todo, las pintadas, los restos de mallazo de obra y las dos bocas como de alcantarilla que están cegadas y cuya misión ignoro, el cometido de esta cámara se me antoja bastante enigmático por la descontextualización llevada a cabo en la misma. Solo se me ocurre que podría tratarse de un almacén o una dependencia para la tropa. Si alguien tiene una idea mejor, que se manifieste.

A la izquierda aparece el ángulo oeste del recinto, el cual fue "reconstruido" en la última "restauración" perpetrada ya que estaba totalmente derruido. Como vemos, toda similitud con el diseño original es pura coincidencia, y eso que hay abundante documentación gráfica en la que se podrían haber informado antes de edificar esa cosa más parecida a la caseta de un transformador de Endesa que a un torre de flanqueo. El "experto" que la planificó debió hacerlo tras un atracón de mejillones con moquillo, supongo...

A la derecha podemos ver los rebotaderos del flanco noroeste. Al estar ese lado de la muralla apoyado en la ladera del cerro en el que se yergue, casi se podría decir que los paramentos lo que hacen es recubrir la tierra del talud. Dichos paramentos están en un estado francamente deplorable, con grandes zonas en las que se ha perdido por completo. Solo falta un invierno abundante en lluvias para que el agua arrastre el talud terrizo y ocurra algún desastre. Luego, los politiquillos de turno empezarán a echarse la culpa unos a otros para, al final, irse de rositas, como es habitual en la Hispania. 

Como colofón, veamos el edificio de más importancia que, como podemos suponer, es la torre del homenaje, que es cuasi gemela a la del castillo de las Aguzaderas como podemos comparar en la foto de la izquierda. Se trata de una potente torre de 11,90 x 11,35 metros y una altura de 19 sin contar la merlatura inexistente. En cada uno de sus flancos dispone de matacanes que se apoyaban en tres ménsulas de doble bocel. La puerta de acceso a la torre, situada a nivel del suelo, presenta en el dintel dos modillones abocelados idénticos a los que tenemos en Las Aguzaredas y, al igual que la torre de dicho castillo, conserva restos de canecillos en las esquinas que soportaban cuatro escaraguaitas. Su fábrica es de sillería de piedra arenisca tanto en la zapata inferior como en las esquinas, siendo el resto de mampuesto que fue recubierto con una capa de mortero en la "restauración" realizada en 2010 que, de paso, ocultó las marcas de cantería que habrían resultado bastante reveladoras a la hora de compararlas con las de Las Aguzaderas, Lopera, Águila o El Coronil. Pero, claro, si las dejan a la vista sería menos emocionante indagar, ¿no? 

A la derecha tenemos un plano de las cámaras de la torre. En la planta baja, al igual que en Las Aguzaderas, las únicas entradas de luz son la puerta y una saetera. Sus muros son de unos 240 cm. de espesor, o sea, el equivalente a tres varas castellanas. La caja de la escalera, también como en el castillo citado asciende en el grosor del muro que, en ese caso, llega a los tres metros para darle cabida. Actualmente y tras la "restauración", en la azotea han instalado unas horribles barandillas de acero con cristal que, por desgracia, no podrán ser robadas porque dicha torre siempre está cerrada salvo cuando hay un grupo que la quiera visitar. 

Bueno, esta es, de forma muy resumida, la historia y la descripción de nuestro castillo de hoy. Ignoro si los solones utreranos tienen planificadas más perpetraciones, pero si es así hay que darse prisa en ver lo que queda del castillo antes de que lo conviertan en un centro de interpretación del mostachón autóctono o algo similar.

Hale, he dicho...

viernes, 22 de noviembre de 2013

La Banda Morisca IV. La torre del Bao





Bueno, ya hemos hablado de algunos castillos así que hoy toca torre, que también tienen derecho, pobrecitas. Así pues, vamos a estudiar la torre del Bao, cuyos restos, tal como se aprecia en la foto de cabecera, aún son imponentes a pesar de su avanzado estado de ruina. Vamos a ello...



Como vemos en la imagen, la torre se asienta sobre una suave loma que, según los estudios arqueológicos realizados, estuvo poblada desde muy antiguo ya que han aparecido incluso restos de cerámica ibera. Su posición geográfica era inmejorable para tal fin ya que las tierras de la comarca eran ricas y abundantes en olivos, vides y secanos para cereales. A la derecha tenemos una imagen cenital de la torre y su entorno que nos permitirá hacernos una idea de lo dicho. Dentro del círculo aparece la torre, que se yergue, como se ha dicho, en lo alto de una loma de apenas 84 metros sobre el nivel del mar. Sombreado en verde aparece toda la zona que aún hoy día se puede ver literalmente sembrada de restos cerámicos y de ladrillos, señal inequívoca del pequeño poblamiento que hubo hasta la Baja Edad Media. En azul tenemos el río Guadairilla, que proveía de agua rica y abundosa a los colonos (hoy mejor ni meter la mano en ella porque se le puede desintegrar a uno o algo peor). La distancia de la torre al río no alcanza los 170 metros, así que, como comento, el entorno era inmejorable para el desarrollo de la ganadería y la agricultura. Lo tenía todo: buenas tierras, buenos pastos, agua en cantidad y, encima, estaba perfectamente comunicada por encontrarse junto a la vía romana (que seguía en uso en la Edad Media y por cuyo trazado corre la carretera actual) que unía Morón con Alcalá de Guadaíra y Sevilla.



La única aspillera que perdura en
la torre.
El origen del poblamiento data del siglo XIV. Concrétamente, el 3 de marzo de 1374 (1336 de la Era de Cristo) el rey Alfonso XI concede a Álvar García de Yllas, alcalde mayor de Algeciras, una heredad en las cercanías de Los Molares "... por muchos seviçios que nos fezistes e nos fazedes de cada día, e porque se pueble la dicha heredat a serviçio de Dios e nuestro, e a defendimiento de la nuestra tierra por quanto está frontera de moros, enemigos de la fe, tenemos por bien que ayades la dicha heredat para vos e para los que vos vinieren por juro de heredat para syempre jamás, et que fagades en la dicha heredat una fortaleza que aya por nombre Bao en cualquier logar que vos quisieredes de la dicha heredat". En el documento de donación se especificaba además que, caso de no haber en algún momento heredero legítimo, el poseedor podía cederla a cualquier pariente de su linaje, e incluso protegía a estos de cualquier tipo de vulneración por parte del poder civil, penando con "... mil maravedises de la buena moneda...  por los dannos e menoscabos que por esta raçon reçibiese doblados". En fin, que el tal Álvar García se debía llevar estupendamente con el desmedido y garañón Alfonso XI. Y la cosa no quedó ahí ya que unos años más tarde, concrétamente el 10 de mayo de 1382 (1344), el monarca concedió media legua más de territorio a la heredad a añadir a la otra media que ya conllevaba cuando se realizó la donación.



Cara suroeste en la que se aprecian abundantes
restos de enlucido
Así pues, la torre del Bao es un preclaro ejemplo de lo que se comentó en anteriores entradas acerca de las necesidades de asegurar el territorio: repoblar con colonos y disponer de buenas fortificaciones tanto para su refugio como para detener las algaras enemigas. En este caso, además, hacía también funciones de atalaya. De hecho, la donación lo dice bien claro: "...a defendimiento de la nuestra tierra por quando está frontera de moros". Sin embargo,la heredad no tardó mucho tiempo en verse despoblada, y eso que las aceifas morunas solían acometer más bien hacia tierras de Utrera. Ya fuera por el constante estado de alerta, bien porque las condiciones de los colonos no eran las más adecuadas, la cosa es que la torre del Bao se quedó más sola que la una. De hecho, en el mismo siglo XIV ya se despobló la heredad y así se quedó. La torre, cuya única utilidad era dar refugio al personal, debió ser abandonada. Aunque su campo visual era espléndido, enlazando con Morón (17.820 metros), Cote  (21.160 metros), Membrilla (11.473 metros) e incluso Los Molares (7.036 metros), sin colonos que defender carecía de sentido mantenerla en buen estado por los gastos que conllevaba. Así ha llegado a nuestros días, en estado de avanzada ruina y sometida a un expolio inmisericorde sin que nadie, como suele ser habitual, se haya molestado en hacer nada para impedir su inexorable destino.

Veamos ahora su estructura y morfología...


La torre es un poderoso edificio de planta cuadrada y unos 12x12 metros. Lo que queda actualmente es la planta baja, ya desprovista de su bóveda original. Debió tener al menos otra planta mas la azotea almenada. Por desgracia, los sillares de piedra caliza de la zapata base han sido robados a lo largo del tiempo para su uso como materiales de construcción. Igualmente, toda la sillería de la puerta de entrada, orientada al nordeste, han desaparecido vete a saber cuando.



Ahí podemos apreciar el relleno de los paramentos, consistente en cantería de tamaño medio colmatada con mortero de arena basta y cal. Su dureza es considerable, y quizás su pétrea consistencia es la que ha impedido hasta ahora que, privada de su sillería original, no se haya desmoronado. La torre está cimentada sobre una base de cantería y hormigón, debido obviamente a la inexistencia de afloramientos rocosos sobre los que asentarla.





Vista desde el interior en la que se aprecian los arranques de la bóveda. Los paramentos interiores también han desaparecido, de lo que podemos colegir que también eran de sillería. Es evidente que Álvar García no escatimó gastos a la hora de edificar una torre de primerísima clase. A la izquierda de la foto se aprecia la bóveda de cañón fabricada con ladrillo donde se encontraba la escalera que conducía a la planta superior. De dicha escalera no queda ni rastro, así que también podemos achacarlo al expolio.





Detalle en el que podemos ver el esgrafiado en los restos del mortero que cubría el exterior de la torre simulando sillares. Como ya se explicó en su momento, este trampantojo arquitectónico se realizaba para engañar al enemigo,haciéndole creer que una muralla o torre no estaba fabricada de tapial o mampuesto, sino de buenos y resistentes sillares. 







Finalmente, ahí podemos ver la parte superior de los paramentos, fabricados con mampuesto careado y nivelado con ladrillo, todo ello unido mediante argamasa de cal. El conjunto era recubierto, como ya se ha comentado varias veces, con mortero y varias capas de cal para protegerlo de la humedad. 





En fin, esperemos que alguien "tome conciencia", como se dice ahora, y haga algo por, al menos, consolidar la ruina. Sería una pena que algún día se viniese abajo como ya ha ocurrido con tantos y tantos monumentos históricos por obra y gracia de la incuria y la ignorancia de los de siempre: los políticos (Dios los maldiga, amén).

Ah, lo olvidaba... esta torre también recibe el nombre "del Barro" por llamarse así la finca en la que se asienta en nuestros días. También he leído en alguna parte que se la denominaba "del Vado", posiblemente por su cercanía con el Guadairilla.

Hale, he dicho...

jueves, 21 de noviembre de 2013

La Banda Morisca III. El castillo de Morón



Foto antigua del castillo en la que se aprecian las viviendas adosadas al mismo en aquella época, incluyendo la
torre del homenaje. Afortunadamente fueron derruidas en su día dejando el edificio exento.

Bien, prosigamos con la Banda Morisca, que mola mazo y tal. Hoy hablaremos de uno de sus más importantes enclaves, el castillo de Morón. Veamos en primer lugar algo de su historia...

La zona ya estaba ocupada desde muy antiguo a causa de la fertilidad de sus tierras, ricas en olivos, vides y vastas extensiones para el cereal. De hecho, la importancia de Morón en tiempos de los árabes fue notable ya que entre los años 1018 y 1061 fue capital de una taifa y, posteriormente, de la koura de Mowron. No se sabe con certeza la fecha de construcción del castillo, pero por los estudios realizados se concluye que fue reformado varias veces, especialmente cuando pasó a manos castellanas, que lo agrandaron notablemente. Su situación geográfica y su riqueza fue precisamente lo que puso a la población en el punto de mira de Fernando III, que poco después de recuperar Córdoba ya lo tenía en primer lugar en su lista negra. Así, en la campaña estival de 1240 se puso en marcha para apropiárselo.



Vista de la ciudad desde el castillo. Al fondo, la inmensidad
de la ubérrima campiña que llega hasta Mairena y
Carmona
El 22 de julio de ese mismo año, Morón se rindió sin apenas presentar batalla. Su conquistador fue un infanzón por nombre Melén Rodríguez Gallinato, hombre de gran arrojo que, previamente, había tomado una torre llamada Morgasmara ubicada a un cuarto de legua de Morón. Tras apoderarse de la torre continuó su avance y, según narran las crónicas, "tomaron de él tan gran miedo los moros que non osaban salir nin entrar, e quando algún niño lloraba dezianle: Cata, Melendo, e non osaban más llorar. E tanto apremió con sus correduras que se dieron en pleitesía al rey Don Fernando". De este fragmento podemos colegir que el tal Melendo se dedicó a talar y arrasar todo lo que pudo a extramuros de la población, y debió jurar por sus barbas al personal infiel que, o se rendían, o  los colgaría bonitamente de la muralla tras mearse en sus calaveras de infieles cuando tomase Morón al asalto. Y la receta debió surtir efecto, porque se rindieron con la condición de permitir a los vecinos quedarse en sus casas y no sufrir ni expolios ni violencias. 



Vista aérea del castillo. Como vemos, se yergue sobre
un cerro en el centro del pueblo
En aquel momento, Morón pasó a engrosar la lista de fortificaciones de la Banda Morisca, siendo uno de sus enclaves más importantes. Su primer alcaide fue nuestro heroico Melendo Rodríguez ya que el castillo y la ciudad quedaron en manos de la corona hasta que el 8 de diciembre de 1253, Alfonso X la donó al Concejo hispalense salvo el castillo, que por su importancia quedó vinculado a la corona. Su hijo y heredero Sancho IV renovó el donadío, pero Sevilla lo rechazó ya que le resultaban excesivamente onerosos los gastos que le ocasionaba, así que acabó en manos de la orden de Alcántara en 1285, permaneciendo bajo la tutela de los freires hasta que en 1461 fue a parar a los condes de Ureña (luego duques de Osuna). Muchas más vicisitudes sufrió el castillo, siendo la más infamante la ocupación que sufrió por los gabachos durante la francesada, los cuales lo volaron a medias antes de largarse enhoramala a hacer puñetas en 1812. Por último, diré que hasta salió en pública subasta en 1906 para la venta de sus materiales de construcción, lo que ocasionó bastante revuelo por el atentado contra el secular monumento. Actualmente, el castillo está en un estado lamentable de abandono y de ruina progresiva, con todo lleno de pintadas, y basuras de todo tipo. De hecho, ya dediqué una entrada a ese tema que se puede leer aquí.

En cuanto a su situación estratégica, veamos el mapa inferior, el cual nos resultará bastante esclarecedor...





Ante un posible ataque partiendo de Olvera o Pruna, el castillo de Morón les cerraba literalmente el paso. La ruta a seguir, marcada con flechas rojas, indica el camino hacia la Campiña. Esta comarca, donde se encontraban Arahal, El Viso o Mairena era un objetivo sumamente jugoso por la cantidad de alquerías a saquear, precisamente las mismas que los castellanos habían arrebatado a los andalusíes entre 1247 y 1248. Otra posible ruta, dando un rodeo, la marcan las flechas azules. Pero en ese caso, los castillos de Cote y El Coronil les quitarían las ganas y, caso de poder pasar, tenían dos opciones a cual peor: vadear el Guaraíra o darse de narices con Morón. O sea, nada fácil. Y si se intentaba por el nordeste el castillo de Luna guardaba celosamente el paso. Así pues, ya vemos como Morón era el centro clave de una amplia y rica comarca. Finalmente, concretar que las líneas rojas marcan las fortalezas con las que enlazaba visualmente. Cote se encuentra a 15.338 metros, El Coronil a 17.085, y Pruna a 25.768. Aunque estas distancias parezcan grandes, una simple ahumada era visible desde mucho más lejos. Veamos ahora la morfología del castillo...






Obviamente, el castillo que ocuparon las tropas castellanas en 1240 no es el mismo que contemplamos actualmente. Por otro lado, tampoco hay datos que permitan corroborar las épocas a que corresponden los restos actuales salvo las zonas marcadas en color, producto de las últimas reformas: la parte en azul marca la descomunal torre del homenaje, que no llegó a ser terminada, y la roja el foso con la plataforma de tiro que defendía el acceso a la alcazaba. Por otro lado, la única puerta que se conserva es la denominada Puerta de Oriente. De las demás, ni rastro. En cuanto a sus dimensiones, el eje mayor ronda los 180 metros mientras que el menor algo más de 100. Los desniveles en el interior del recinto son muy acusados, de casi 20 metros entre la Puerta de Oriente y la explanada que se abre ante la torre del homenaje. Para concluir, veamos algunas fotillos bastante ilustrativas...





Ahí tenemos la Puerta de Oriente, la cual estaba defendida por una potente torre y la muralla que se curvaba hacia la izquierda de la imagen. Carecía de dispositivos de tiro vertical y por su disposición podríamos asegurar que es de época cristiana. Recordemos que las construcciones almohades casi siempre colocaban una puerta en recodo en una torre. La torre ha sufrido diversas obras de consolidación de pésimo gusto, con materiales fuera de contexto y colocados de cualquier manera. 








Torres de flanqueo y muralla del lado norte. Al fondo, la torre del homenaje. Como se ve, el estado del recinto es deplorable, pésimamente restaurado y lleno de pintadas y porquería. Obsérvense las zapatas de hormigón que colocaron para sustentar la base de murallas y torres.




















La torre del homenaje desde el ángulo sureste. Como se ve, el expolio de materiales sufrido ha sido devastador. A ello podemos sumar las instalaciones de radio y el depósito de agua que ofenden la vista cuando se visita el castillo. En fin... pa qué hablá...





Una vista del foso, actualmente convertido en vertedero. A la izquierda aparece la plataforma de tiro. La torre del fondo, de la que asoma una cúpula de cemento un poco rarita, sirve de fumadero y pinchadero para la chavalería moronense. No hay una vez que vaya por allí que no haya inquilinos en la torre. En cuanto a la fábrica, dependiendo de la zona tenemos varios tipos, cosa lógica ya que el edificio fue sufriendo diversas reformas a lo largo del tiempo. Así, tenemos sillería en la torre del homenaje y en el recrecido de la torre que defiende la Puerta de Oriente, mientras que en otras zonas abunda la mampostería. Los paramentos están rellenos de cantería de buen tamaño colmatada con tierra.




Esa imagen muestra la torre del homenaje y la albarrana, convertida en poste para varias antenas. El puente desapareció y fue sustituido por una pasarela de hierro. Su fábrica en este caso es de sillarejo llagueado y sillería esquinera. Obsérvese el desnivel del terreno, bastante acusado.

Del interior de la torre del homenaje tengo alguna que otra foto, pero me niego a ponerlas. Lo que muestran es una aberración palmaria.

Bueno, ya está. Es hora de llenar el buche, así que me piro.

Hale, he dicho...