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miércoles, 26 de abril de 2023

ASESINATOS. VIRIATO

 

"La muerte de Viriato" (1890), obra de mi paisano José Villegas Cordero, un artista que, aunque no muy conocido, acaparaba un notable talento, sobre todo para retratar las costumbres populares. En este caso, la escena muestra el momento en el que uno de los asesinos se disponer a apiolar al eximio caudillo sin las poses teatrales y engoladas propias de los autores del romanticismo

Posiblemente, la mayoría de los jóvenes de nuestros días no tengan ni puñetera idea de quién fue Viriato salvo que tuvieran la desdicha de ver aquella pésima serie televisiva de hace unos años, de la que vi un tráiler en Yutub y tuve pesadillas durante un mes. En fin, la historia de siempre: adulterar la realidad por no se sabe qué, cuando, en realidad, la vida de este probo caudillo daba material de sobra para hacer un producto ilustrativo, fiel a la realidad y, de paso, que permitiera conocer cómo fue la historia. Por desgracia, fidelidad histórica y cine son un oxímoron. Por otro lado, los ciudadanos de mi generación, década arriba, década abajo, con siete u ocho años nos sabíamos las andanzas de este sujeto porque aparecía en los libros de lectura, una asignatura que creo que ha desaparecido y gracias a lo cual nuestros jóvenes se expresan con signos de arcano significado, hablan como bonobos vapuleando nuestro maravilloso idioma y no saben ni hablar correctamente, con un vocabulario limitado a lo imprescindible para decir que quieren comer, fornicar y planchar la oreja. En fin, ellos se lo pierden. Se ve que les resultan mas interesantes los dimes y diretes de mentideros televisivos, donde esos "influencers", que no influyentes, o las "celebritis" en vez de celebridades,  hacen gala de su vacuidad y su idiocia. 

Bien, tras este breve despotricamiento inicial, vamos a la enjundia de la cuestión.

Viriato es quizás uno de los escasos personajes históricos considerado como un héroe nacional por dos naciones: España y Portugal, por lo que es un bihéroe. Y, ciertamente, ambas se lo pueden atribuir por una simple razón geo-política. Aunque hay tropocientas conjeturas acerca del lugar de nacimiento de este personaje, es aceptado de forma mayoritaria que era lusitano. La Lusitania- ojo, la tierra de los lusitanos, no la provincia romana formada poco más de un siglo después de su muerte- se encontraba en un territorio situado en el centro del actual Portugal, incluyendo un cacho pequeñajo de las actuales provincias españolas de Cáceres y Badajoz. En el mapa de la derecha pueden verlo con detalle, resaltado de color rojo. Pero la cosa es que Portugal no existía aún. De hecho, aún faltaban unos 1.100 años para que la ambiciosa bastarda Teresa Alfónsez empezara a dar la murga y el condado de Portucale se segregara del reino de León. En aquella época, siglo II a.C., la Península, la I-Span-Ya que bautizaron así los fenicios, era una malgama de tribus iberas y celtas que, fieles a nuestro acervo milenario, se llevaban fatal entre ellos, pero se arrimaron unos a otros a la hora de plantar cara a un invasor que no les dejaba seguir matándose apaciblemente. Por lo tanto, en puridad, a Viriato podemos considerarlo como un ibero, un habitante de la Península, por lo que su condición de héroe por duplicado se me antoja perfectamente válida ya que, además, se alió con otras tribus para dar estopa a aquellos probos imperialistas que, aprovechando las Guerras Púnicas, decidieron quedarse aquí para impedir que los cartagineses usaran la Península como cabeza de puente en Europa.

Bueno, aclarado estos preliminares sobre nuestro personaje, pasemos a

LOS ANTECEDENTES

En cierto modo, podríamos decir que el "inventor" de Viriato fue el cónsul Servio Sulpicio Galba (c.194 - c.129 a.C.), enviado en 151 a.C. como pretor a la Hispania Ulterior (la Hispania de más allá, la Hispania lejana). A la izquierda podemos ver la partición territorial de la Península cuando las Guerras Púnicas dieron término, quedando en manos de Roma el Levante y el Sur del territorio. Ya puestos, como dijimos, decidieron quedarse con todo. Galba era un fulano cicatero, un raspamonedas que, a pesar de ser inmensamente rico, era capaz de vender a su abuela en el mercado de esclavos de Ostia con tal atesorar algunos sestercios más. Su llegada no fue precisamente gloriosa ya que sufrió varias derrotas a manos de los lusitanos, unos probos indígenas que habían llegado a acuerdos con el predecesor de Galba, Marco Atilio Serrano para ser buenos vecinos y tal. Pero Galba era un mal bicho ávido de botines y victorias, de modo que se valió de su doblez para perpetrar una monstruosa felonía. 

Probo ciudadano recreacionista emulando a un lusitano
de la época. Como podemos ver, su imagen no tiene nada
que ver con los nativos harapientos que nos muestran en las
películas. Está armado con una falcata y una lanza, si bien en
combate añadiría más elementos de defensa pasiva
Recibió a los enviados de los lusitanos haciéndose el comprensivo y tal, y se compadeció de que, en efecto, sus tierras eran una birria que no valían ni para sembrar alpiste. Decía comprender que, a causa de su falta de recursos, se habían visto obligados a recurrir al bandidaje y demás travesuras contra Roma. Según Apiano, como un acto de bondad, les aseguró que les daría buenas tierras y los establecería en un país rico, poniéndolos bajo la protección de Roma. Así pues, los convenció para que abandonaran sus poblados y se reuniesen tanto hombres como mujeres y críos para migrar a otro sitio. Los enviados volvieron con la propuesta y, a lo largo de varios meses, se juntaron unos 30.000 probos indígenas confiados en las falsas promesas de Galba. Unos meses más tarde, en 150 a.C., aquella masa de gente se presentó en el punto de encuentro marcado por el alevoso pretor, que los dividió en tres grupos y los envió a cada uno a una vasta llanura donde, según afirmó, debían esperar a que les construyera una ciudad. Como prueba de buena voluntad le instó a entregar sus armas, a lo que los lusitanos accedieron de mala gana porque, no lo olvidemos, para los pobladores de la Península, EQVI ET ARMA SANGVINEM IPSORVM CARIORA (los caballos y las armas les eran más queridos que su propia sangre). Una vez divididos en tres contingentes para que fuera más facilito, Galba ordenó a sus tropas que pasaran a cuchillo a todo quisque. Aquella traición monstruosa concluyó con 9.000 víctimas y unas 20.000 enviadas a la Galia para ser vendidos como esclavos. Apenas un millar escapó desando hacer pinchitos morunos con Galba en particular y los romanos en general, y en ese grupo de supervivientes estaba Viriato. Tamaña felonía espantó a los mismos romanos, y a Galba le quisieron meter un paquete porque aquel acto abominable ofendía su elevado sentido de la honorabilidad.

Marco Porcio Catón el Viejo. Tras una intensa y
provechosa carrera militar, su elevado sentido de la
moral, el honor y la defensa de las tradiciones
lo convirtieron en el azote de los senadores corruptos
y toda la fauna de trepas que infectó la República
De hecho, cuando volvió al terruño al término de su mandato en 149 a.C., en vez de concederle el anhelado triunfo se encontró con una demanda interpuesta por el tribuno de la plebe Lucio Escribonio Libón y Marco Porcio Catón por vulnerar la LEX DE REBVS REPETVNDIS, propuesta por Lucio Calpurnio Pisón aquel mismo año y por la que, si los no romanos de las provincias se quejaban de los magistrados que habían abusado de su poder para enriquecerse, la República se obligaba a restituirles sus posesiones y, por supuesto, liberarlos de la esclavitud a la que habían sido relegados. Sin embargo, aparte de que Galba tuvo sus defensores entre personajes de su mismo rango que habían ejercido el consulado, el inmenso botín que trajo de vuelta le sirvió para comprar, literalmente, la voluntad del Senado. Para ello, le bastó con entregar la mayor parte al erario público y untar a las voces más respetadas del mismo, con lo que se acabó echando tierra al asunto. Pero de lo que Roma no se pudo librar a pesar del abyecto soborno que aceptó de Galba fue de la ira de Viriato y de los miles de lusitano, celtas e iberos que, en vista de lo visto, llegaron a la conclusión de que ir de buen rollito con estos imperialistas en ciernes no era lo más recomendable.

Bien, estos sucesos fueron los desencadenantes de la furia de los lusitanos y, por supuesto, de otras tribus que vieron en Roma una amenaza a su libertad. Suele pasar siempre lo mismo: por culpa de la bellaquería de determinados hombres estallan guerras, revueltas y asonadas en las que muchos acaban pagando el pato, mientras que los verdaderos culpables quedan impunes. Así pues, puestos en contexto, pasemos a 

LOS PRELIMINARES

Recreación de Viriato más realista de la que
nos suelen vender. Está armado con una cota de
malla, seguramente arrebatada a un romano, un
yelmo de bronce, una rodela, una espada de antenas,
una lanza y un SOLIFERREVM
Viriato era un caudillo militar nato. Se desconoce su oficio antes de sacar el máster de enemigo mortal de Roma y, aunque se le suele adjudicar el de pastor, en realidad no hay una constancia fehaciente de ello. Los romanos lo consideraban un hombre enérgico, frugal y habituado a las penalidades de la vida al aire libre. Algunos pensaban que se trataba de un LATRONUM DUX (caudillo de bandoleros), pero ya hemos visto que la miseria a la que se veía arrostrada su pueblo obligó a muchos a dedicarse a la política... no, un momento, lapsus linguæ, quiero decir que se dedicaron a robar. Mi opinión es que quizás fuese un régulo tribal, lo que ya le otorgaba cierta autoridad sobre su gente; esto, sumado al estado de cabreo general y al hecho de que sería tal vez el primero que decidió hacer pagar caro a Roma la felonía de Galba, lo convirtió en un líder carismático y cualificado. Porque lo cierto es que Viriato le hizo sudar sangre a sus enemigos. Por lo demás, ni él ni sus tropas debían mostrar el aspecto zarrapastroso que nos suelen vender en el Gran Enemigo de la Verdad (el cine, naturalmente), donde por norma se suele recrear a estos personajes cubiertos de mugre, harapos y armados de mala manera. ¿Recuerdan la patética indumentaria de la célebre "Braveheart", donde tanto el protagonista como su alegre y desaforada horda de homicidas visten el kilt, una prenda que no surgió hasta finales del siglo XVI? Bueno, pues en este caso nos pintan un Viriato y unos lusitanos que parecen sacados de un hogar de acogida para drogadictos reenganchados a la farlopa 24 veces seguidas.  

Estas eran las tropas con las que se enfrentó Viriato. De izquierda
a derecha tenemos: HASTATVS, VELITE, TRIARIVS y PRINCEPS
Bien, la cosa es que Viriato tuvo muy claro que combatir a los invasores en campo abierto era obtener todas las papeletas para que les dieran las del tigre. Las legiones romanas eran una máquina perfectamente engrasada nutrida por hombres bien armados y mejor adiestrados. Su capacidad de maniobra y su flexibilidad táctica era insuperable, y si habían sido capaces de acabar con los cartagineses, con los lusitanos no tenían ni para empezar. Pero Viriato no era tan imbécil como para no darse cuenta, y concluyó que la táctica de la mosca cojonera era la más acertada.

Preparando una emboscada
Tanto él como su gente eran hombres de campo, habituados a la frugalidad y a las inclemencias del tiempo. Conocedores del terreno, se movían por el mismo como culebras, dormían al sereno y se alimentaban de lo que pillaban, ya fuese un lagarto canijo, raíces o frutos silvestres. Y, obviamente, les negaban en todo momento a sus enemigos la posibilidad de presentar batalla en el terreno que les era más favorable. Por lo tanto, hacían de mosca cojonera acosándolos sin descanso y minando su moral con golpes de mano tan contundentes como fulgurantes. Los emboscaban, atacaban de forma inopinada y se retiraban antes de que les diera tiempo a reaccionar y, en resumen, practicaban la guerra de guerrillas made in Spain que durante siglos nos ha sido tan provechosa. 

Grupo de hispanos deseosos de degollar imperialistas.
En semejante terreno eran imbatibles, y su agilidad,
su fuerza y su destreza con las armas los convertían
en enemigos verdaderamente temibles. Además, tenían
muy mala leche y solían sacrificar a los enemigos
capturados como ofrenda a los dioses
Obviamente, los romanos no permanecían inermes ante este hostigamiento continuo. Si no podían acabar con los belicosos lusitanos, pues se dedicaban a arrasar ciudades, capturar a sus habitantes, etc. Uséase, represalias en toda regla. Esta era una guerra cruel- más de lo habitual- donde la furia y el deseo de venganza de unos era respondido por la frustración de los otros, lo que a su vez aumentaba aún más la ira de los anteriores. Dicho en plata, la pescadilla que se muerde la cola. El punto de inflexión podríamos situarlo en el 139 a.C., cuando Viriato, en un alarde de osadía, llevó a cabo un ataque nocturno contra el campamento de Quinto Fabio Máximo Serviliano, enviado como pretor cuatro años antes y que cosechó más derrotas que otra cosa a pesar de los medios de que disponía. A tal punto llegó la magnitud de su derrota que, acosado, no le quedó más remedio que firmar un FOEDVS con el caudillo lusitano. Un FOEDVS era un tratado que se establecía con tribus o naciones que no pertenecieran a la órbita de Roma ni ostentaran su ciudadanía. Como condición principal se obligaba a la parte contraria a contribuir con tropas si Roma se lo demandaba. Recordemos que del término FOEDVS es de donde surgió el feudo medieval, y las condiciones de estos tratados eran similares a los pleitos de homenaje de los que tantas veces hemos hablado ya.

Dos iberos en los preliminares para filetear a un
legionario. Por la jeta de inquietud del mismo, parece
ser que tiene claro que el destino le depara un final
extremadamente desagradable
Sin embargo, este tratado fue considerado por el Senado como una DEFORMEN PACEM, una paz deshonrosa, y algunos de los más encumbrados senadores y OPTIMATES afirmaron que aquello era papel mojado ya que la augusta Roma no podía ni debía mostrarse en una posición de igualdad y, aún menos, de debilidad, contra un enemigo al que no habían podido derrotar de la forma tan contundente como la que logró con los cartagineses. Está de más decir que el dichoso FOEDVS le costó el puesto a Serviliano, que fue sustituido por su hermano, Quinto Servilio Cepión, elegido cónsul en 140 a.C. Cepión era un mal bicho con la misma prepotencia, crueldad y ganas de apuntarse la victoria sobre los lusitanos que Galba. Así pues, llegó a su destino con las ideas de un miura, deseoso de mostrar su talento militar y, por supuesto, de hacerse con un jugoso botín. Al cabo, las ciudades que aún no estaban bajo el control de Roma eran poblaciones ricas donde ganaban buenos dineros con el comercio y, sobre todo en el sur, con los metales. Para dejar claro que el FOEDVS firmado por su hermano era una ignominia, no dejaba de repetir a todo el que quisiera escucharlo que era ineludible anularlo y retomar la guerra que, a lo tonto a lo tonto, llevaba ya casi quince años sembrando muerte y destrucción + IVA entre ambos bandos. Pero, además, Cepión tenía muy claro que, para derrotar a Viriato, debía llevar a cabo una estrategia totalmente distinta a la que se había llevado a cabo hasta aquel momento.

EQVES romano enfrentándose a dos jinetes iberos.
La caballería hispana fue un hueso muy duro de roer
para estos imperialistas ya que eran hombres que
habían aprendido a montar a caballo al mismo tiempo
que aprendían a caminar
Por otro lado, los lusitanos también estaban ya bastante hastiados de guerra. Como ha sucedido, sucede y sucederá siempre, las guerras de desgaste acaban agotando a los contendientes. Y no ya por las pérdidas de tipo económico y humano, sino psicológicas. Estar durante años y años en un constante estado de zozobra, pasando penurias y sin saber cuándo te habrá llegado la hora, mina la moral del más bravo. De hecho, las mismas tropas de Cepión no dudaron en mostrar que estaban hasta el gorro de todo aquello, y los lusitanos también empezaban a hartarse de pasar la vida trotando por los montes en busca de sus odiados enemigos, en vez de vivir apaciblemente en sus poblados al cuidado de sus tierras y su ganado. Cepión tuvo muy claro que ahí era donde podía empezar a hacer daño. Básicamente, su plan consistía en buscar la fórmula para que el FOEDVS quedase abolido por la vía de los hechos consumados. Para ello era necesario que los lusitanos incumplieran el tratado ya que, si él daba el primer paso, Viriato invocaría los términos del mismo, por lo que el Senado se vería obligado a contener a Cepión para no verse más deshonrado de lo que ya estaba desde las villanías perpetradas por Galba. Pero la cosa es que, según Apiano, Cepión partió de Roma con instrucciones secretas en las que se le instaba a provocar a los lusitanos, precisamente para que retomaran las hostilidades y, de ese modo, derogar el FOEDVS legalmente, quedando ellos como víctimas de la supuesta alevosía de los enemigos.

Combatiente ibero. Como vemos, su
panoplia no tenía nada que envidiar a
la de sus enemigos romanos
Sin embargo, Viriato no entró al trapo. Buen conocedor de la mentalidad romana tras tantos años de lucha, optó por eludir las provocaciones de Cepión y aguardar acontecimientos. Sin embargo, algunos de los más belicosos caudillos de su ejército actuaron por su cuenta y, sin pedir permiso y de forma totalmente unilateral- como se dice ahora-, empezaron a hostigar a los romanos convencidos de que el FOEDVS era un síntoma inequívoco de debilidad, y que la baja moral de las legiones, de la que tenían constancia por sus espías, haría posible aplastarlos de una vez. Obviamente, se equivocaron. Esta fue la excusa perfecta para que Cepión informara al Senado de que los lusitanos habían faltado a la palabra dada, y que era necesario pasar a la acción. Para reforzar la presión sobre los que aún dudaran si era necesario reanudar la guerra, bombardeó a los senadores más proclives a la guerra con cartas que, aunque desconocemos su contenido, podemos imaginar de qué iban. Y el plan funcionó, porque aquel mismo año el Senado derogó el FOEDVS, y ordenó a Cepión retomar las hostilidades. Para redondear la cosa, ordenaron también a Marco Popilio Lenas, pretor de la Hispania Citerior (la Hispania cercana), que rompiera el tratado de paz que había firmado con los numantinos su predecesor Quinto Pompeyo y que, mira por dónde, también era desventajoso para Roma, por lo que la guerra volvía a enseñorearse de la Hispania toda.

Y al decir la Hispania toda, hablamos de más de la mitad del territorio que aún no estaba bajo el control de Roma. En el mapa de la izquierda podemos ver la distribución de las distintas tribus que poblaban nuestro pellejo bovino, y para los invasores no era fácil moverse por un terreno cuya orografía era bastante abrupta y, lo que era aún peor, carecía de caminos como Júpiter manda. Cepión, que traía aprendida la lección conforme a las experiencias de sus predecesores, tuvo muy claras dos cosas, a saber: una, que si quería hacer daño a los lusitanos tendría que adentrarse profundamente en su territorio. Pero, para ello, necesitaba disponer de un CASTRA donde guarecerse y no quedar a merced de unos probos homicidas que aprovechaban la más mínima ocasión para caer sobre ellos, hacerles una breve pero contundente escabechina y largarse, dejándolos con un palmo de narices. El único de la zona era el CASTRA SERVILIA, un campamento cerca de NORBA CÆSARINA, la actual Cáceres, lo que limitaba mucho la movilidad de sus tropas. Por lo tanto, llevó a cabo una ofensiva para alcanzar el corazón de la Lusitania, llegando a CEMPSIBRIGA, la actual Sesimbra, al sur de Lisboa, donde mandó construir el CASTRA CÆPIANA. De ese modo, las legiones a su mando podían pasearse por territorio enemigo teniendo una fortificación donde guarecerse. Para asegurar el flujo de tropas y bastimentos se construyó una vía que unía CASTRA SERVILIA con CASTRA CÆPIANA.

Los hispanos eran bastante resolutivos con los prisioneros
de guerra. Al que no le cortaban la cabeza para adornar sus
poblados le amputaban la mano derecha para que tuviera
complicado volver a empuñar una espada contra ellos
La otra medida que tomó fue solicitar tropas procedentes del norte de África. Tenía ya sobrado conocimiento de las consecuencias que tenía trasladar refuerzos desde CARTHAGO NOVA que, teniendo que atravesar cientos de kilómetros hacia el oeste, eran constantemente hostigadas por los múltiples enemigos que se habían ganado a pulso. Sin embargo, las unidades enviadas desde la Mauritania podían arribar a la Ulterior, bien a GADES o incluso a HISPALIS, o llegar directamente a CEMPSIBRIGA, llegando a destino frescas y sin haber sufrido el acoso de los hispanos durante días. El siguiente paso de Cepión consistió en atacar a los aliados de Viriato, empezando por los vetones y los galaecios, cuyas tierras arrasó de cabo a rabo. El mensaje era claro: "Me pongo desagradable contigo por ser colega de mi enemigo. Manda al carajo a Viriato y palabrita del niño Apolo que no me ves más el pelo". La estrategia surtió efecto, porque muchos aliados del lusitano, así como algunos régulos tribales más cercanos, empezaron a exigir que acabase con aquello de una vez, que tanta guerra ya aburría un poco. Le instaron a intentar restablecer el FOEDVS que, en principio, parecía tan prometedor.

La presión debió surtir efecto, porque Viriato acabó cediendo y entabló conversaciones con Papilio Lenas. Los autores de la época no aclaran por qué se dirigió al pretor de la Citerior cuando, en teoría, debería haberlo hecho con Cepión, pero se sugiere que éste estaba bastante entretenido a causa de un motín que había estallado entre su caballería, hartos de su brutalidad con las tropas. En todo caso, Lenas no era ni más comprensivo ni más guay que Cepión. Así pues, en el primer encuentro que mantuvieron, el pretor instó a Viriato a que le entregara a sus más allegados colaboradores incluyendo su suegro, Astolpas, un rico terrateniente con gran influencia sobre su tribu al que, posiblemente, quería sustituir para, con la ayuda de Roma, convertirse en un rey títere o algo parecido. Ciertamente, esta podría ser una faceta bastante obscura de alguien que durante tantos años había sido el azote de estos imperialistas, pero el hartazgo y el instinto de supervivencia acabaron pudiendo más.

En un terreno así, las formaciones romanas no tenían literalmente
posibilidad de maniobrar, por lo que una emboscada llevada a cabo
por un grupo relativamente pequeño podía hacerles mucho daño
Lo cierto es que, según Dion Casio, Viriato no se cortó un pelo, y él mismo se encargó de dar muerte a varios de los señalados por Lenas incluyendo a su suegro. El resto fueron entregados al pretor que, siguiendo la costumbre lusitana, les cortó la mano diestra para que nunca más la alzaran contra Roma. No contento con esto, añadió como condición que entregaran sus armas, pero el recuerdo del alevoso Galba se mantenía muy arraigado, de modo que Viriato le hizo dos higas a Lenas y volvió a las andadas, aunque con menos aspirantes a alcanzar algún día el dominio total sobre su gente en forma de monarquía. Sin embargo, del mismo modo que los falangitas macedonios se negaron a seguir a Alejandro cuando se les gastaron las suelas de tanto andar, los lusitanos y sus aliados manifestaron claramente que había que hacer la paz de una vez por todas. Al cabo, ellos seguían en una posición al menos igualada con Roma, y podrían alcanzar algún acuerdo con los enemigos. Viriato cedió, pero esta vez optó por dirigirse a Cepión ya que Lenas se había mostrado inasequible. Tras los mensajes previos y tal, el pretor se dirigió a encontrarse con Viriato en las cercanías del MONS VENERIS (Monte de Venus), donde éste tenía su campamento.

Y así, tras tantas idas y venidas, dimes y diretes y malos rollos, Cepión tuvo por fin la posibilidad de fraguar un auténtico crimen de estado, porque matar a un enemigo en combate es legítimo, pero pergeñar su muerte con premeditación y alevosía está muy feo. De este modo pues se planificó 

EL ASESINATO

Necrópolis romana de Urso. Tras pasar al control de Roma, la ciudad
se fundió rápidamente con la cultura de los invasores. Tras la batalla
de Munda, librada en sus cercanías, César la elevó al rango de colonia
con el nombre de COLONIA GENETIVA IVLIA
Viriato, que no se fiaba un pelo del pretor, decidió quedarse en el campamento y enviar a tres hombres de su confianza: Audax, Ditalco y Minuro. Parece ser que estos tres mendas, un poco bastante hastiados de guerras y tal temerosos de acabar con las cabezas separadas del cuerpo, fueron los que se ofrecieron voluntariamente a entrevistarse con el pretor. En sí eran los candidatos ideales ya que, además de hablar latín con fluidez, tenían una buena capacidad oratoria y, al parecer, eran régulos tribales de cierta influencia. No hay unanimidad en lo tocante a su origen, aunque de forma mayoritaria se les considera naturales de Urso, la actual Osuna (Sebiya), en la Turdetania. No obstante, por sus nombres se deduce que no eran de sangre celtibera. Audax, que Diodoro Sículo nombra como Aulaces, podría ser de origen persa o fenicio; Ditalco o Ditalkon era de sangre griega o cretense, mientras que Minuro, o Nicoronte según Diodoro, era al parecer cartaginés. A nadie debe extrañar que su cuna fuera la Turdetania tanto en cuando la Península se había convertido desde siglos antes en un crisol de culturas y razas de toda la ribera mediterránea, y las familias de hombres como estos llevaban ya generaciones poblando I-Span-Ya.

Pero la conducta de Cepión nos muestra que su intención no era llegar a un acuerdo con Viriato, sino acabar de raíz con el problema. Cuando recibió a los tres emisarios, que habían insistido mucho ante su caudillo afirmando que ellos serían capaces de convencer al pretor para aceptar sus condiciones, Cepión se limitó a escucharlas sin prestarles mucha atención y, tras el discurso, en vez de darles alguna respuesta o hacerles una contraoferta, se dedicó a agasajar a los tres fulanos estos, tratándolos literalmente como reyes. Así, en vez de volver a su campamento donde Viriato esperaba ansioso la respuesta de su enemigo, estuvieron algunos días dejándose querer por el romano, que no paraba de hacerles regalos y hacerles todo tipo de promesas. El pretor debía ser un lince, porque se dio cuenta de inmediato que los tres cuñados aquellos solo pensaban en librarse de la quema, y no le resultó difícil convencerlos de que solo la muerte de su caudillo acabaría con aquella interminable guerra. Naturalmente, les dio todo tipo de garantías, y les aseguró que sus pescuezos estarían a salvo ya que quedarían bajo la protección de Roma. No tuvo que insistir mucho, pa qué mentí...

"Muerte de Viriato, jefe de los lusitanos" (1807), obra de José
Madrazo. Tiene anacronismos a cascoporro, pero bueno...
Audax, Ditalco y Minuro retornaron al MONS VENERIS de noche para, de ese modo, actuar con más impunidad. Sabían que Viriato era de los que dormían con un ojo abierto y, según Apiano, hasta lo hacía con la armadura puesta por si alguna alarma lo obligaba a salir de la piltra en plena noche. Tanto Apiano como Diodoro Sículo aseguran que, nada más llegar, los tres fueron inmediatamente recibidos por el caudillo, que estaba ya devorado por la ansiedad por conocer la respuesta de Cepión. Entraron en su pabellón y anunciaron que el pretor había accedido a firmar un nuevo tratado, lo cual alegró sobremanera a Viriato, logrando así que el ambiente fuera más distendido y el lusitano bajara la guardia y, finalmente, se dejara llevar por el sueño. Llevaría días sin pegar ojo, y la buena noticia debió relajarlo bastante. Audax, que al parecer era el que llevaba la voz cantante, estuvo pendiente de observar cuando Viriato dormía profundamente, momento en el que entró en su pabellón seguido por sus dos compadres. Siendo como eran hombres de la total confianza del caudillo, nadie les puso pegas para entrar. Una vez dentro, y sabiendo el detalle de que nunca se desprendía de su armadura, lo apuñalaron en el cuello, dejándolo listo de papeles sin que no se enterase nadie. Se desconoce la fecha exacta de su muerte, ocurrida en el 139 a.C.

Una vez perpetrado el crimen, los tres malvados salieron tan campantes y se largaron. Nadie sospechó nada porque era muy habitual que Viriato recibiera constantemente mensajeros y allegados a cualquier hora, por lo que nadie pudo sospechar nada de los tres emisarios que hacía poco rato acababan de llegar del campamento del pretor, al que retornaron a toda velocidad antes de que se descubriera el asesinato. Hasta la amanecida no se encontró el cuerpo inerte de Viriato con el pescuezo masacrado. La muerte del caudillo no solo supuso un duro golpe para la moral de los lusitanos sino que, de hecho, marcó el principio del fin de su lucha por sacudirse a los invasores de encima. Porque Viriato no solo era un buen estratega, sino el alma de la rebelión. Si el alma palmaba, la rebelión se terminaba. Los lusitanos, hastiados de guerra, acababan de perder el único acicate que tenían para seguir en la brecha, y aunque fue sucedido por Táutalo, uno de los caudillos lusitanos más cercanos a Viriato, éste no tenía ni remotamente la capacidad ni el carisma de su predecesor. Cepión no tardó mucho en derrotarlo clamorosamente, dando término por fin a la guerra de la Lusitania.

Bien, así fueron los hechos, de modo que ya es hora del

EPÍLOGO

Grabado decimonónico que recrea la cremación de Viriato
Los funerales de Viriato fueron acordes a su rango. Su cadáver fue vestido con sus mejores galas y colocado en una pira, y mientras ardía se llevaban a cabo los sacrificios y ofrendas de rigor a los dioses para que le concedieran un dúplex molón en el Más Allá. Según Apiano, todo su ejército corría alrededor de la pira entonando alabanzas en su honor, mientras otros cantaban y bailaban. Cuando la pira se extinguió, siguiendo las costumbres funerarias hispanas, sus cenizas fueron depositadas en una urna y, finalmente, 200 guerreros realizaron simulacros de combate ante su tumba, algo similar a los BVSTVARII romanos. En cuanto a la localización de la tumba, es un misterio. Hasta el día de hoy, diversos historiadores han intentado localizar la posible ubicación de la misma, pero todo ha quedado en teorías imposibles de corroborar. Sea como fuere, esto ya se sale de nuestro tema, y es una cuestión demasiado extensa como para tratarla aquí.

Bien, aquí acaba la historia. Pero como más de uno tendrá curiosidad por saber el destino de los demás protagonistas de este culebrón bélico, veamos los más importantes de ellos para chinchar a esos cuñados cuya última lectura fue "Mi primera cartilla".

AUDAX, DITALCO Y MINURO

Todos hemos oído alguna vez la lapidaria frase "Roma no paga a traidores" o, en plan culturillas, ROMA TRADITORIBVS NON PRÆMIAT, ¿no? Bueno, pues olvídenla. Es una frase inventada años más tarde con la intención de lavar la honorabilidad de Roma, que bajo ningún concepto quería aparecer como fautora de la traición y el asesinato de un enemigo cuando dormía apaciblemente. ¿Qué pasó entonces?

Según Diodoro Sículo, los tres mendas llegaron al campamento de Cepión para reclamarle todo lo prometido, pero fiarse de Cepión era como fiarse de las promesas electorales de un político. El pretor se limitó a permitirles conservar los regalos que les había hecho para convencerlos de que debían convertirse en traidores y asesinos, y se limitó a reclamar a Roma el resto de lo pactado. Nunca más se supo ni de los compadres ni de la pasta gansa prometida. 

Eutropio nos da otra versión, más o menos similar. En este caso, Cepión, que no estaba por la labor de reconocer su felonía, les espetó que EST NVNQVAM ROMANIS PLACVISSE IMPERATORES A SVIS MILITIBVS INTERFICI, uséase, "Nunca ha sido agradable para los romanos que un general deba ser asesinado por sus propios soldados". Más o menos, viene a tener el mismo significado que la primera frase, la más conocida aunque falsa. Cepión, en este caso, pretendería mantener su honorabilidad a salvo, y no aparecer como un instigador de crímenes políticos. En aquella época, en Roma aún se tenía en cuenta que el honor y el cumplimiento de la palabra dada eran sagrados. Así pues, el pretor se limitó a despacharlos afirmando que habían entendido mal lo que hablaron en su primera entrevista, y que él jamás les habría animado a cargarse a su caudillo. Así pues, los expulsó del campamento y los mandó al carajo. Aunque nadie lo menciona, es posible incluso que los liquidara en secreto para, de ese modo, borrar los principales testigos de su alevosía.

QUINTO SERVILIO CEPIÓN / QVINTVS SERVILIVS CÆPIVS (PRONÚNCIESE CUINTUS SERUILIUS CAEPIUS PARA FARDAR DE LATINES)

Aunque fue sin dudas el vencedor de esta larga guerra y el que logró reducir a los belicosos lusitanos, se le debió quedar la jeta a cuadros cuando, al volver a Roma tras finalizar su mandato, se le negó el triunfo por haberse valido de malas artes para acabar con el enemigo. La mentalidad romana era así. Había que vencer a toda costa, pero en buena lid. No le fue bien a nuestro hombre de ahí en adelante a pesar de haber acabado con los más enconados enemigos de Roma tras la derrota de los cartagineses. En 105 a.C. 34 años después de su periplo hispano, fue enviado como procónsul junto a Gneo Manlio Máximo a acabar con las tribus germanas de teutones, cimbrios y ambrones. El encuentro tuvo lugar en Arausio, al sureste de la actual Francia, sufriendo una de las más aplastantes derrotas conocidas por un ejército romano. Por este motivo, fue procesado por el tribuno de la plebe Gaio Norbano porque, en aquella época, el que la hacía la pagaba, y no como ahora que los políticos roban a  calzón quitado o promueven golpes de estado y se van de rositas. Cepión fue severamente castigado, ya que se le despojó de su ciudadanía, se le negó fuego y agua en un radio de 800 millas de Roma y se le impuso una multa de 15.000 talentos, una cantidad simplemente esotérica para la época ya que un talento equivaldría a 32'3 kilos de oro. Si hacemos la multiplicación obtenemos 484.500 kilos, que al precio actual del oro equivaldrían nada menos que a unos 28 mil millones de euros. A todo ello, se le sumó la prohibición de hablar con familiares y amigos hasta que se largó. La multa no la pudo pagar, como es lógico, porque semejante pastizal era más de lo que contenía el erario público de Roma en aquella época, y palmó en Esmirna, donde pasó el resto de su vida. Ciertamente, Roma no pagaba a traidores, y a taimados y bellacos tampoco.

Bueno, ya saben como palmó Viriato.

Ah, una chorradita final: durante nuestra guerra civil, los del reino vecino, en aquel tiempo bajo la dictadura de Antonio Oliveira y Salazar, enviaron a la Legión Viriato, un contingente de unos 8.000 voluntarios para combatir contra la república. Esto muestra que ambos países siempre han tenido a este probo lusitano como héroe nacional en toda regla.

Hale, he dicho

Estatua de Viriato en Viseu (Portugal)

domingo, 16 de enero de 2022

LVDI CIRCENSES. CABALLOS Y CARROS

 

Fotograma de la adaptación de "Ben Hur" filmada en 2016. Observen detenidamente el carro y los atalajes de los caballos. ¿Ya? Bueno, pues tomen buena nota de que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Ni los carros eran semejantes a ese mamotreto ni los atalajes tienen nada que ver con los usados en la época que nos ocupa

Bueno, con este artículo completamos esta pequeña monografía dedicada a los LUVI CIRCENSES, y en el que hablaremos de los coprotagonistas de los mismos: los equinos y los carros que, junto a los AGITATORES, formaban el trío imprescindible para que pudiera tener lugar una carrera como Júpiter manda. Ante todo, y como comentamos en el pie de la foto de cabecera, me harán el favor de olvidarse de todo lo que han visto en el cine, que nos ha adulterado este enjundioso tema con la búsqueda de efectos estimulantes para los espectadores aún a costa de pasarse por la bragueta la fidelidad histórica. Ni los caballos eran esos pencos de generosas dimensiones, ni los carros eran esos chismes enormes donde cabría la familia incluyendo la suegra para irse de excursión a zamparse la paella en la zona de descanso carreteril dominguera, donde los pequeños orcos de las demás familias presentes no paran de aullar como íncubos sacados del abismo, los "machos de la manada" no paran de hablar de balompié y de soltar estupideces a todo pulmón entre botellín y botellín y las marujas chillan y ríen en unos tonos de agudos como para hacer saltar en pedazos las botellas de tintorro y zumo de cebada del lugar. Sí, una visión apocalíptica, lo sé. Por eso jamás se me ha ocurrido ir a "paellar" a esos enclaves tan espantosos, propios del noveno círculo infernal. En fin, vamos a lo que nos ocupa...

AGITATOR de la FACTIO RVSSATA junto a uno de sus caballos
que, como vemos, no se asemeja en nada a los enormes bridones
que tanto proliferaron en la baja Edad Media
Los caballitos. Como ya se comentó en su día cuando hablamos sobre los caballos de batalla medievales, las razas equinas tal como las conocemos son un invento relativamente moderno. Antaño no había razas claramente diferenciadas, como ocurre hoy día, extraídas de cruces cuidadosamente seleccionados para buscar que el animal resultante tenga unas determinadas cualidades que lo hagan apto para un cometido concreto: correr, saltar, arrastrar, cargar, etc. La manipulación humana ha permitido que haya descomunales pencos de raza Shire, bichos poderosos y muy pesados creados para la guerra y posteriormente usados como caballos de tiro, o caballitos árabes, pequeños y de finas patas pero veloces e incansables. En tiempos de nuestros probos imperialistas digamos que los caballos se caracterizaban por tener tal o cual cualidad en función del territorio donde se reproducían, quizás por cuestiones meramente climatológicas y/o alimenticias y que los hizo genéticamente más adecuados para una función concreta, de la misma forma que los dromedarios pueden pasar días sin beber ni comer porque la evolución los ha adaptado para sobrevivir en determinadas zonas del planeta especialmente inhóspitas. Por lo tanto, lo que sabemos de estos animales se limita a los testimonios gráficos en forma de mosaicos, las crónicas que dan cuenta de los enclaves donde se obtenían los mejores ejemplares y los restos óseos que han aparecido en lugares que permiten asegurar que se trataba de caballos de carreras. 

EQVES de tiempos de la República, de donde surgieron los
EQVITES como rango social. Al cabo, todo es siempre
cuestión de tener pasta
Por otro lado, aunque el tema equino parece ser una cuestión menor cuando se habla de Roma, lo cierto es que los imperialistas latinos adoraban a esos bichos. De hecho, recordemos como su baja aristocracia eran los EQVITES, o sea, hombres que, originariamente, contaban con medios económicos para costearse y mantener un caballo cuando los ciudadanos eran llamados a filas, pasando a poseer un estatus social que les permitió acceder a cargos públicos a los que los plebeyos no podían optar. Por otro lado, a la obvia necesidad de disponer de caballos para nutrir las TVRMÆ de las legiones se sumó la aún mayor demanda de animales para espectáculos ecuestres, lo que hizo que las remontas, tanto privadas como estatales ya en tiempos del imperio, proliferasen sobremanera en las provincias que daban buenos caballos para estos menesteres. La importación de animales a la metrópoli y el suministro de los mismos al ejército se convirtió en un negocio bastante suculento, y muchas cuadras se preocuparon de adquirir caballos de otras zonas del imperio para cruzarlos con los propios y, de ese modo, ir creando sin darse cuenta el concepto de raza si bien en la época que nos ocupa, como se ha dicho, no existían como tales, sino que se hablaba de caballos hispanos, libios, etc.

Las carreras requerían animales veloces y muy resistentes, capaces de soportar durante los aproximadamente 8 minutos que duraba la competición el ritmo infernal de la misma. La fuerza física era un elemento secundario ya que como veremos más adelante, el peso del carro y el auriga era en realidad casi insignificante para cuatro animales, por lo que se insistía sobre todo en su ligereza y velocidad. Por todo ello, quedaban descartados los caballos grandes y pesados que se agotarían rápidamente y cuya masa les impediría correr a galope tendido durante los 5 km. del recorrido. Por los restos óseos, así como por la gran cantidad de fuentes gráficas de la época, podemos establecer con toda claridad que se trataba de animales con una alzada de entre 135 y 155 cm., con una media de alrededor de 145-147 cm. en su mayoría. Por lo general se usaban machos enteros si bien, por los nombres que han llegado a nosotros, parece ser que alguna que otra yegua también era considerada como válida. 

Biga con sus dos caballos descubiertos en Croacia. Este tipo de
hallazgos ha permitido tener información de primera mano sobre
la constitución de los animales de la época, así como los achaques
adquiridos a lo largo de su vida operativa 
Por lo tanto, hablamos de lo que actualmente se conoce como un poni o pony. Ojo, al decir poni todo el mundo piensa en esos simpáticos caballitos enanos como los Shetland que hacen las delicias de los nenes que tienen la suerte de que papá les regale uno, pero la cosa es que al hablar de ponis hablamos de caballos cuya alzada hasta la cruz no supera las 14'2 manos. Esto de la mano es un sistema de medida usado desde hace la torta de años en temas ecuestres y que es, simplemente, la anchura de la mano de un hombre con los dedos juntos, medida esta que se considera es de 10 cm. aunque haya fulanos con manazas como remos de galera. Por lo tanto, los caballos de carreras estaban en el ratio comprendido entre un caballo de pequeña alzada y un poni. A la hora de seleccionarlos, según Plinio se esperaba a que tuvieran al menos cinco años, y no se miraba si sus patas eran cortas o largas o la elegancia de sus formas. El caballo de carreras solo necesitaba dos virtudes incuestionables: rapidez y resistencia. Lógicamente, eran animales que, como ocurre actualmente, eran muy mimados en las remontas. Tenían sus VETERINARII para proporcionarles los cuidados necesarios, su alimentación era de primera clase, con forraje fresco y jugoso y grano del bueno, y se vigilaba especialmente que sus cascos fuesen lo bastante sólidos como para resistir el tremendo desgaste que padecían en las carreras. Recordemos que las herraduras aún no las vendían en AMAZONVM con gastos de envío gratis si estabas suscrito a PREMIVM, por lo que un caballo con cascos- o sea, uñas- blandos tendría una vida operativa bastante breve.

Lápida de Lucio Avilio dedicada por su  digna parienta,
Claudia Helice. Bajo los nombres de los caballos se da
cuenta de los logros de cada uno, figurando una relación
de las carreras donde obtuvieron el primero, segundo y
tercer puesto
No obstante, si sus cualidades físicas eran las adecuadas y no sufrían lesiones que los incapacitasen o los dejasen tullidos, en cuyo caso se sacrificaban, uno de estos caballos podía tener una carrera bastante extensa, habiendo ejemplares que alcanzaban los 20 años de edad si el cuerpo aguantaba. En esos casos, aparte de ser venerados por el público, eran obviamente reservados como sementales y acababan sus días pastando apaciblemente en el ejido de la remonta a la que pertenecía, y hasta les dedicaban cipos, monumentos funerarios con sentidos epitafios, algún que otro bajorrelieve en su memoria y, faltaría más, mogollón de grafitis en los revocos de las casas que aún se conservan en las ruinas de algunas ciudades romanas. Prueba del cariño que les tomaban a estos bichos sería la lápida de Lucio Avillio Dionisio, CONDITOR de las FACTIO RVSSATA hacia finales del siglo I d.C. y en el que aparece el difunto con un bastón en una mano y un puñado de forraje en la otra dando de comer a dos caballos, AQVILO y su hijo HIRPINO, ilustres equinos cuya relación de victorias son enumeradas en la lápida. Hablamos de caballos que habían hecho ganar fortunas al personal, que eran tan queridos y admirados como los aurigas o, comparando a pelo, con los pencos que corren las carreras más populares de los british (Dios maldiga a Nelson) o los yankees (a Hearst también), y que, como decía Marco Valerio Marcial, "soy conocido por la gente y las naciones pero, ¿por qué me envidias? No soy más famoso que el caballo Androemo." Por otro lado, en algunos de los mosaicos que se han mostrado en las entradas anteriores hemos podido ver cómo, además del nombre del AGITATOR, aparece también el del caballo líder y, en algunos casos, incluso el del tiro completo.

Las curvas de 180º tomadas a toda velocidad ponían a prueba la
resistencia de las extremidades de estos animalitos. Pero si el carro
volcaba o se producía una colisión, las lesiones podían ser definitivas.
Una pata rota o un tendón desgarrado eran fatales
Con todo, aunque en las remontas se trataba como reyes a estos animalitos, lo cierto es que su vida era tan sufrida como la de los aurigas. Aparte de las crónicas de la época que dan cuenta de los padecimientos y remedios que se les administraban, por los restos que se han hallado se ha podido comprobar que sufrían lesiones de todo tipo, especialmente en las patas y la espalda como es lógico. Ante todo, en los poderosos huesos de las extremidades y el espinazo presentan signos claros de haber soportado un gran estrés en las articulaciones debido a los bruscos frenazos y los giros en las curvas. A ello habría que sumar los golpes recibidos por las ruedas o los cubos de las mismas de otros carros, que los caballos que corrían en la parte externa del tiro se tenían que tragar continuamente. A ello habría que añadir otras lesiones de las que no han llegado testimonios pero que serían obvias en los caballos destinados a las carreras como daños oculares, a causa de la arena o piedrecillas que salían despedidas a toda velocidad, los golpes de látigo y, por supuesto, el gran desgaste en los cascos. Las bruscas frenadas para no chocar contra un contrincante o los giros de 180º a toda velocidad en las METÆ no eran precisamente las recetas más adecuadas para llegar a la vejez con la osamenta impoluta.

Probo ciudadano recreacionista en una biga. En este caso, el
INTROIVGIVS es el caballo situado a la izquierda del tiro
La colocación en el tiro era cosa de los DOCTORES de cada FACTIO. Ellos los entrenaban, ejercitaban y preparaban a diario, observando cuidadosamente sus cualidades y defectos para saber en qué lugar se podría obtener el mejor rendimiento del conjunto. Los dos más aptos eran los IVGALES, los que eran enganchados al yugo colocado al final de la lanza del carro. Eran los caballos mejor domados y que mejor respondían a las órdenes del auriga, y dentro de los IVGALES, el líder era el INTROIVGIVS, que se colocaba en el lado izquierdo y era el que guiaba a los otros tres, especialmente en las METÆ. Era el que marcaba el camino a sus tres colegas en las curvas, y su buen adiestramiento era vital para que el carro no volcara en la primera META. Los enganchados en los lados exteriores eran los FVNALES, más indicados para impulsar el carro a toda velocidad en las rectas, donde podían alcanzar 70 km/h para, antes de llegar a las curvas y reducir la velocidad a menos de la mitad para no irse al garete. De los atalajes y demás arreos hablaremos en el apartado de los carros.

Los espléndidos "caballos árabes" del jeque Ilderim eran en realidad
lipizzanos, una raza originada en el Renacimiento con cruces de
caballos españoles y de los Balcanes con una alzada mayor de la
habitual en los caballos usados en Roma
En cuanto a los territorios más afamados por sus caballos, ante todo estaban la Hispania y Libia. Ojo con los temas raciales, porque aquí no hablamos del caballo español y el caballo árabe actuales, sino de los animales autóctonos de cada una de esas provincias y que, por sus cualidades, eran especialmente deseados. Como hemos dicho, las remontas adquirían sementales de estas zonas para cruzarlos con yeguas seleccionadas para obtener potros con lo mejor de cada sangre. Otras zonas que daban buenos caballos eran la Capadocia, una región de la actual Turquía cuyo nombre significa precisamente "tierra de hermosos caballos", Sicilia y Tesalia, al norte de la actual Grecia. Considerando el enorme número de caballos que tomaban parte en cualquier LVDVS, hablamos de un negocio que movía todos los años miles de cabezas que eran devoradas en los circos. Entre las yeguas reproductoras, los caballos destinados a la venta a las FACTIONES y los sementales que eran seleccionados para aumentar la cabaña, si consideramos que cada vez que tenía lugar un NAVFRAGIVM podía salir de cada tiro uno o más caballos lisiados que quedaban inútiles para correr o que, simplemente, había que sacrificar, el tema equino debía ser un negocio redondo.

Caballo de la FACTIO ALBATA de cuyo cuello penden dos
collares con colmillos de lobo. Aprovechen la imagen para
observar las protecciones que el auriga lleva en las piernas
En fin, ya vemos que la cría y selección de caballos idóneos para las carreras se lo tomaban muy en serio. De hecho, y debido que eran unos supersticiosos patológicos, está de más decir que, igual que recurrían a las DEFIXIONES para atraer la mala suerte sobre aurigas y pencos de las FACTIONES adversarias, los DOMINI FACTIONES hacían lo propio para protegerlos de los conjuros, el mal de ojo y los tropocientos maleficios que podían buscarles una ruina. ¿Recuerdan las campanitas que aparecen en los pescuezos de un tiro de cuatro caballos que mostramos en el artículo anterior? Bien, pues eran amuletos en los que se grababan los nombres del AGITATOR y el INTROIVGIVS, con lo cual se supone que ahuyentarían el mal de ojo. Otros amuletos para los mismos fines eran las LVNVLÆ, lunas pequeñas, unos colgantes con forma de media luna en los que también se grababan conjuros anti-conjuros, y para hacerlos correr más les colgaban collares fabricados con colmillos de lobo. Más aún, la obsesión de los romanos por las carreras y las pasiones que levantaban les llevaba a cometer los actos más pintorescos. De la misma forma que un seguidor de un equipo de lo que sea afirma saber de primera mano si la estrella del mismo se fue de juerga la noche antes del partido o esnifa cualquier porquería, lo que podría hacerle bajar el rendimiento y fastidiar las apuestas, los aspirantes a amos del mundo conocido aspiraban las boñigas de los caballos de su FACTIO, con lo cual el "experto" de turno decía ser capaz de conocer el estado de salud de tal o cual caballo, o del tiro completo si hacía falta. Obviamente, la información del experto aspirador de cagajones era tenida en cuenta a la hora de apostar por uno u otro tiro.

Mosaico que presenta un caballo de cada FACTIO con sus
respectivos nombres: PVPILLVS, AMATOR, CVPIDO y una
peculiar excepción, una yegua llamada AVRA
En cuanto a los nombres, no se asemejaban en nada a los de los actuales caballos de carreras. Entre crónicas, relatos, DEFIXIONES y mosaicos hay registrados alrededor de 600 nombres equinos, y se han podido clasificar en seis tipos claramente diferenciados: los más comunes son los que exaltan las cualidades físicas del animal, como la velocidad (CELER, veloz) o la ligereza (PASSERINVS, gorrión); otros hacen referencia a su apariencia física en detalles como el color (AVREVS, dorado), su hermosura (ELEGANS, elegante) o su tamaño (ADAVCTVS, crecido); otros eran llamados como sus progenitores o por el lugar de procedencia (HISPANICVS, ÆGYPTVS...); también se les daba nombres que atrajesen buenos augurios, como VICTOR (victorioso), por su carácter (TEMERARIVS, VOLENS, dispuesto) y, finalmente, nombres de tipo afectivo como ADAMATVS (querido). Como es habitual en estos casos, sus dueños, cuidadores y demás personal de la remonta o la FACTIO humanizaban a los animales, a los que profesaban un cariño como el que solemos tener hacia las mascotas, a las que tratamos y hablamos como si fueran personas, e incluso con más deferencia que a determinadas personas. Todos conocemos al famoso INCITATVS, el caballo del depravado Calígula que comía en un pesebre del marfil y que su enloquecido dueño nombró senador y, sin llegar a tales extremos, en un mosaico hallado en Constantina, una ciudad situada cerca de la costa de la actual Argelia, aparece un caballo al que su amo debía profesarle un afecto superlativo ya que junto al animal aparece una leyenda que dice VINCAS NON VINCAS TE AMAMVS POLIDOXE, "ganes o pierdas, te amamos, Polidoxe". Imagino que el Polidoxe este, además de ser muy simpático, hizo ganar un pastizal a su amo.

Fotograma de "Ben Hur" (1959) en la que dos fulanos echan el bofe
para enderezar un carro volcado. En la realidad, un solo hombre
podría arrastrarlo fuera de la pista sin apenas esfuerzo
Bien, con todo lo dicho creo que poco más quedaría por añadir a la cosa equina, por lo que podemos pasar a los chismes que iban tras los caballos, uséase, los bólidos de la época. Como ya he advertido nada más empezar, me hagan el favor de borrarse de los magines lo que han visto en las pelis. A título orientativo para deshacer el camelo cinematográfico, los carros que aparecen en el "Ben Hur" de 1959 fueron elaborados por los hermanos Danesi, y cada uno pesaba algo más de 400 kilos, algo totalmente impensable en una carrera real. El más espectacular, el "carro griego" del malvado Mesala, aparece con una impresionante decoración de bronce que, obviamente, solo servía para añadir peso a un carro que solo buscaba la vistosidad. 

El TRIVMPHATOR Marco Vinicio en olor de multitud guiando
su lujosa cuadriga. Este tipo de licencias cinematográficas son las
que han dado lugar a conceptos totalmente erróneos acerca de los
carros de carreras
Por otro lado, las cuchillas que lleva en los bujes de las ruedas son una mera fantasía para darle morbo a la carrera. Es absurdo pensar que los organizadores permitirían un carro provisto de semejantes accesorios que, no solo dañarían a los de los demás participantes, sino que podrían destrozar las patas de los caballos. En todo caso chorradas cuchilleras aparte, la cuestión es que los hermanos Danesi no se inspiraron en las reproducciones de la época que muestran perfectamente el aspecto de los carros de carreras, sino en los CVRRVS TRIVMPHALIS, los carros usados en los triunfos y en los que el peso daba igual porque los animales solo tenían que tirar del carro más el fulano triunfante y el cuñado que iba detrás sujetando la corona de laurel sobre su cabeza y repitiéndole por lo bajini que no olvidase que solo era un hombre de mierda.

Escultura de bronce datada hacia el siglo I que muestra la apariencia
real de un carro de carreras. Como vemos, eran pequeños y ligeros,
con el espacio justo para el AGITATOR
El CVRRVS CIRCENSIS tenía en realidad un aspecto muy distinto. Su origen tenemos que buscarlo en los antiguos carros de guerra tirados por dos caballos usados por los micenos durante siglos, si bien su uso militar fue a menos hasta que, finalmente, hacia el siglo VI a.C. habían caído en la obsolescencia. Al final del artículo dejo los enlaces a algunas entradas dedicadas a carros de guerra para los que quieran ilustrarse al respecto. Estos carros fueron los que empezaron a usar los griegos en las carreras y, posteriormente, fueron importados por etruscos y romanos para sus movidas circenses, añadiendo al tiro tradicional de dos caballos los de tres y cuatro animales. Con el paso del tiempo, en los circos de Roma acabaron prevaleciendo las bigas y cuadrigas, quedando las trigas relegadas a eventos de tipo ceremonial y religioso hacia finales de la República.

SEIVGAE que corona el arco de triunfo de Narva, en San
Petersburgo. Licencias artísticas aparte, ese es el aspecto que
ofrecería uno de esos carros, para cuyo manejo no era apto un
auriga cualquiera
No obstante, tenemos constancia de tiros de seis (SEIVGÆ), ocho (OCTOIVGÆ) y diez caballos (DECEMIVGÆ), y hasta aparece por ahí algún carro tirado nada menos que por 20 pencos que, intuyo, se trata en este caso de algún tipo de licencia artística o algo por el estilo. En cuanto a los tiros de entre seis y diez caballos, eran empleados en ocasiones muy especiales, y estaban destinados ante todo al lucimiento del AGITATOR que los manejaba ya que requerían una destreza inigualable. De hecho, es posible incluso que se tratara de carreras de exhibición a velocidades más reducidas. Solo mantener alineado un tiro formado por tanto bicho ya debía precisar de una habilidad notable, aparte de tratarse de animales domados ex-profeso para esa modalidad. En todo caso, lo cierto es que los tiros que prevalecieron y gozaron de la máxima popularidad fueron las bigas y, sobre todo, las cuadrigas, los Fórmula 1 de la época.

Carro de bronce sobredorado con su auriga a bordo. Obsérvese
la escasa altura del parapeto del mismo, que apenas sobrepasaba
las rodillas, así como la forma de la lanza para poder ajustar el
yugo a la altura de la cruz de los IVGALES
En cuanto a su estructura, según los testimonios que han llegado a nuestros días los CVRRVS CIRCENSIS eran en realidad todo lo opuesto a los carros triunfales que vemos en las películas. Se trataba de pequeños vehículos con capacidad para un solo hombre fabricados con un armazón de madera que se recubría con tela o cuero. El suelo se construía con un entramado de gruesas tiras de cuero entrelazadas para evitar añadir peso extra y, además, servía para amortiguar un poco el traqueteo de la marcha y hacerla menos incómoda al auriga. Para darles estabilidad, eran carros bajos, con una altura máxima por la parte delantera de apenas 70 cm. y provistos de ejes muy anchos, de alrededor de 150 cm. Al final de los ejes tenemos unas ruedas provistas de 6 u 8 radios de un diámetro más bien pequeño, de unos 65 cm., lo que ayudaba a evitar en lo posible los derrapes en las METÆ. Aunque no se sabe con certeza, estas ruedas podrían tener unas finas llantas de hierro para darles más resistencia y mitigar el desgaste. En realidad, los metales brillaban por su ausencia en los carros y, aparte de estas llantas, se cree que si había otro sitio donde encontrarlo sería en los extremos de los ejes y los cubos de las ruedas, simplemente para evitar roturas y desgaste. El resto, como hemos ido detallando, era todo madera y cuero o tela.

Obsérvese la disposición de los arreos: el collar, que no collera,
era junto a la cincha los puntos en los que el caballo ejercía la
tracción, donde predominaba la potencia muscular de los hombros
del animal
Así pues, nos encontramos que los pesados mamotretos peliculeros eran en realidad unos carros pequeños, manejables y, sobre todo, muy ligeros. Tanto, que su peso se calcula en menos de un 10% de los fastuosos carros del cine ya que su masa oscilaba por los 30 kilos a la que habría que añadir el peso del AGITATOR, lo que nos daría un total de 90 o 100 kilos que para dos caballos suponían un esfuerzo más bien escasito, y para cuatro sería como tirar de un crío de 5 o 6 años montado en un monopatín. La otra parte del carro la formaba la lanza, que se proyectaba unos 230 cm. delante del carro formando una curvatura hacia arriba en su extremo, donde se colocaba el yugo. Los arneses tampoco tenían nada que ver con los modernos ya que aún no se habían inventado la collera y el balancín. Así pues, los caballos IVGALES, los uncidos al yugo, eran unidos al mismo a la altura de la cruz mediante unas correas que partían de la cincha y de un ancho collar que rodeaba el pecho. Los FVNALES, al no haber balancín, se unían a los IVGALES y al carro también con correas, por lo que tiraban del carro al mismo tiempo que apoyaban a sus compañeros, de forma que se "animaban" mutuamente a correr al unísono. Por cierto que, para impedir que las colas se trabaran en las correas, las riendas o cualquier otro sitio eran recogidas con cintas por los mozos de cuadra antes de cada carrera.

Mosaico en el que aparecen varios carros participando en una
carrera. Obsérvese que se muestran los nombres de los caballos:
ERIDANVS, ISPVMIVS PELOPS Y LVCXVR. En las grupas de
los caballos en primer término leemos CONCORDI, en alusión a
la armonía del tiro, y detrás de la espalda del auriga el nombre del
dueño de la cuadra, NICETVS. Sobre el mismo vemos la cola de
uno de los caballos totalmente encintada, y en las patas se pueden
apreciar las protecciones que les colocaban en las mismas
En fin, como vemos, los carros reales eran muy diferentes de la imagen que tenemos de estos chismes. En puridad, se puede decir que los caballos de una cuadriga corrían prácticamente sin realizar ningún esfuerzo excepcional salvo el de la carrera en sí, ya que los 25 kilos máximos que correspondían a cada animal eran insignificantes para caballos muy entrenados, fuertes y habituados a un constante ejercicio. Un caballo de carreras moderno debe soportar un peso mucho mayor, ya el que un jockey birrioso que ni fue a la mili por no dar la talla más la silla oscila, según el reglamento, entre los 48 y los 61 kilos, y para un caballo supone más esfuerzo galopar con un fulano encima que tirando del mismo. De ahí que las cuadrigas desarrollaran unas velocidades impresionantes, y que por ese motivo el personal contuviese el aliento cuando tomaban las curvas y estallasen de júbilo al ver que los carros de su FACTIO de su alma lograban salir airosos de la misma, bien pegados a la SPINA y ganando terreno a los adversarios. Ciertamente, debía ser un espectáculo visual sobrecogedor, las cosas como son.

Bueno, criaturas, espero que este trío de articulillos les haya ilustrado, deleitado y, sobre todo, les haya permitido olvidarse para siempre de los falsos mitos propalados por el cine. En lo único que se han aproximado a la verdad es en que los LVDI CIRCENSES eran un deporte de alto riesgo en el que la vida de aurigas y caballos pendía de un hilo cada vez que salían echando leches de las CARCERES, tanto o más que las de un piloto de coches o motos de carreras, de los que ya hay una larga lista de bajas por accidentes de lo más brutales. 

En fin, ahí queda eso.

Hale, he dicho

ENTRADAS RELACIONADAS:







"Circus Maximus", obra de Jean-Leon Gerome realizada en 1876 que nos muestra la grandiosidad del inmenso recinto atestado de público en el momento en que las cuadrigas toman la curva de la SECVNDA META. A la izquierda, sobre las gradas, aparece el Palatino, y delante de la barrera varios miembros de las FACTIONES observan el desarrollo de la carrera junto a un par de HORTATORES. Sin duda, las carreras de carros han debido ser el espectáculo más impresionantes de todos los tiempos