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jueves, 8 de junio de 2023

SEITENGEWEHR 98/05, EL CUCHILLO DE CARNICERO

 

Fotograma de la penosa e incomprensiblemente galardonada "Sin novedad en el frente" (2021), que nos muestra a unos probos tedescos aguardando un contrataque enemigo en una trinchera que han invertido tras ocuparla (observen que las alambradas están tras ellos, y que han echado mano de los sacos terreros del parapeto para protegerse). En los extremos de sus Mauser podemos ver las bayonetas modelo 98/05, los "cuchillos de carnicero"

Guripa tedesco posando en la típica foto de estudio para enviarla
a casa, fotos que, en muchos casos, eran las últimas imágenes con
vida de hijos, hermanos, novietes, etc. Su mano derecha sostiene
su fusil Gewehr 98 armado con la 98/05

Sin lugar a dudas, los tedescos siempre han tenido una habilidad inusual para darle un aspecto diferente y especial a todo lo referente a la cosa castrense, desde los uniformes a la quicallería, pasando por el armamento o incluso sus rítmicas y marciales canciones de marcha. Sus pertrechos y armas han pasado a la historia como piezas icónicas, reconocibles incluso por cualquier cuñado pacifista y son actualmente piezas codiciadas por parte de los coleccionistas de todo el mundo.

Así pues, y ya que en su día hablamos de Èpée-Baïonnette Modèle 1886, uséase,  la Rosalie gabacha (Dios maldiga al enano corso), qué menos que dedicar un articulillo a la emblemática bayoneta modelo 98/05, apodada por los aliados como cuchillo de carnicero por su peculiar hoja, más ancha por la punta y con más apariencia de machete cañero que de estilizado espeto para primates. Hablaremos pues de la Seitengewehr 98/05 y las diversas variantes que fueron surgiendo a lo largo del conflicto del que, el próximo mes de agosto, se cumplen ya nada menos que 109 años (carajo, parece que fue ayer cuando inicié la serie de artículos dedicados al centenario de la Gran Guerra...). Esta bayoneta, que ya estaba operativa antes del inicio del conflicto, se mantuvo vigente a lo largo del mismo y, como todas las armas blancas en general y esta en particular, debió ejercer una fuerte presión psicológica a los enemigos ya que la perspectiva de sentir como les hurgaban en los intestinos con ese chisme debía ser terriblemente inquietante, las cosas como son.

La predecesora de la 98/05 fue el modelo 1898, un arma de aspecto un tanto peculiar debido a su hoja con la punta de pluma. ¿Qué no saben qué es una punta de pluma? Pues la punta de una pluma de pájaro, leches... Observen la fotillo inferior y lo entenderán de inmediato, que una imagen vale más de 18 discursos.


¿Lo ven ya, no? Lo que es el lomo de la hoja se transforma en el último tercio en una nervadura de forma semicircular de donde emerge un contrafilo. Sus dimensiones estaban en la misma línea de la mayoría de sus coetáneas, con una hoja de 521 mm. de longitud y un total de 624 mm., uséase, un chisme que podía pasar de lado a lado incluso a enemigos con sobrepeso. Debajo vemos la vaina, fabricada con cuero negro cosido longitudinalmente por el centro del reverso y provista de una contera rematada con una bola y un brocal con una larga lengüeta de fijación al tahalí, ambas piezas fabricadas de acero y fijadas a la vaina mediante grapas. Por cierto que estas vainas, que quedaban muy elegantes en los cuarteles, se mostraron bastante debiluchas en los campos de batalla por razones obvias, aparte de precisar un constante engrasado para preservarlas de la humedad y el fango trincheril. Con esta pseudo-espada, los tedescos pretendían tener la contrarréplica de la Rosalie gabacha, y el recuerdo de la Guerra Franco-Prusiana había convertido a Francia en el enemigo a batir en las siguientes guerras. De hecho, las hojas de ambas armas tenían exactamente la misma longitud.

Sin embargo, lo más característico del modelo 1898 era su empuñadura, que a cualquier cuñado profano en la materia puede resultarle algo irrelevante. Se fabricó inicialmente un modelo provisto de cachas enterizas que podemos ver en la parte superior de la foto. Eran unas cachas envolventes que cubrían la parte inferior de la empuñadura y, para asegurar su agarre, estaban provistas de nueve estrías inclinadas en cada cara. Se sujetaban mediante tornillos pasantes. Cuando se modificó este tipo de cachas en 1902, a este modelo se le añadió la coletilla "aA" (alte Art, tipo antiguo) para dar paso al "nA" (neue Art, tipo nuevo) que vemos en la parte inferior. La diferencia radicaba solo en que, en este caso, la empuñadura envolvente de una sola pieza fue sustituida por dos cachas, lo que facilitaba y abarataba la producción. Por lo demás, puede que muchos se hayan preguntado para qué leches era el orificio que vemos en todas las bayonetas tedescas al final de la empuñadura, junto a las guarniciones. Bueno, pues para algo tan simple como drenar la humedad que pudiera introducirse entre las cachas y la espiga, así como para aceitar la unión entre ambas piezas. La madera es muy higroscópica, acumula mucha humedad, y si unas cachas húmedas estaban en contacto con una pieza de acero no tardaría mucho en oxidarse. Hale, ya saben una chorradita más.

Pero lo más significativo, y que puede que muchos también se hayan preguntado, es la ausencia de la anilla de engarce, pieza empleada de forma cuasi universal en todos los ejércitos de la galaxia. A la derecha hemos puesto algunos ejemplos de fusiles cuyas bayonetas tenían la dichosa anilla. De arriba abajo tenemos: un Lee-Enfield, un Lebel, un Springfield y un Mauser español. En el primero, vemos bajo el guardamanos un pequeño raíl de engarce, y bajo el cañón un tetón donde se acoplaba la anilla. En el Lebel se pueden observan directamente bajo el cañón un raíl de engarce y, bajo el punto de mira, otro raíl más pequeño para el retén de la bayoneta. Finalmente, tanto en el Springfield como en el Mauser español vemos el sistema más extendido: un pequeño raíl en la abrazadera del extremo del guardamanos y sanseacabó. Para mantener bien asegurada la bayoneta en estas armas era obligado que tuvieran una anilla que ofreciera un segundo punto de apoyo en el cañón, uséase, la fórmula más frecuente. 

Sin embargo, los hermanos Mauser consideraban que la anilla rodeando el cañón podía mermar la precisión del arma, y que lo más acertado era mantener la empuñadura de la bayoneta de forma que no tuviera contacto directo con el cañón tanto en cuanto este accesorio suponía un peso añadido en el extremo del arma. Por lo tanto, diseñaron un sistema que permitía prescindir de la anilla, lo que se convirtió en una característica de todas las bayonetas destinadas a los Mauser hasta que estas armas pasaron a la historia.

Para solventar este supuesto problema, y digo supuesto porque nadie más se preocupó de eso pero ya sabemos que los tedescos son más perfeccionistas que un relojero suizo, pues diseñaron un largo raíl de engarce que no estaba fijado al cañón, sino a la abrazadera del guardamanos. Su longitud permitía ofrecer un sólido agarre, que se complementaba con el apoyo, que no envuelta, en el extremo del cañón, para lo cual se eliminó la anilla y se dejaron solo unas orejeras o, lo que es lo mismo, un pequeño semicírculo que solo tenía una cuarta parte de la longitud de la anilla. En la foto superior podemos verlo perfectamente. La imagen de arriba muestra el cañón y el raíl de engarce de una K98, y en la inferior la misma arma con su bayoneta. Como vemos, el contacto con el cañón se reduce a la mínima superficie que se apoya en el mismo. 

Y para finalizar este introito, un detalle más que heredará nuestra protagonista de hoy. Vean la fotillo de abajo...


El modelo 1898 también se fabricó con el lomo serrado (denominado como S o mS, mit Säge, con sierra) si bien, como vemos en la foto, el perfil de la hoja no era el mismo. En vez de su característica punta de pluma adoptó una sección uniforme de filos paralelos provista de una acanaladura que abarcaba algo más de la mitad de la hoja, que era también la longitud del lomo serrado provisto de una hilera de 28 dientes dobles. Como ya vimos en su día, muchos ejércitos habían adoptado este tipo de hoja para dotar a unidades de zapadores, artilleros y, ya en el último cuarto del siglo XIX, de ametralladores para su uso como arma-herramienta. De hecho, en el ejército prusiano, a partir de 1871 se dictó que un 6% de las bayonetas fabricadas debían estar provistas de lomo serrado. Y, además de las tropas especializadas, eran usadas por los suboficiales y demás rangos que no podían llevar espada como una forma de diferenciarse de los soldados rasos y las clases de tropa. 

Por lo demás, y aunque este modelo se mantuvo operativo durante la Gran Guerra como vemos en la foto de la derecha, su sustitución era cosa cantada debido a la fragilidad de su hoja. Hacerla tan larga como la Rosalie implicaba hacer una hoja estrecha para no aumentarla de peso, a pesar de lo cual no era precisamente liviana: el tipo antiguo tenía una masa de 420 gramos, el tipo nuevo y la de lomo serrado, 470 gramos, y el tipo nuevo con lomo serrado se iba a los 515 gramos. Los que nunca hayan manejado un fusil con la bayoneta calada pensarán que esto es una nimiedad, pero no imaginan lo que dificulta la toma de miras cuando se trata de apuntar a blancos relativamente lejanos. Y, por otro lado, su misma forma la hacían especialmente frágil, muy susceptible de partirse en cualquier movida o, por su punta de pluma, encallarse en las costillas del enemigo si no lograba clavarla en el abdomen, donde no hay osamentas que puedan trabar la hoja.

Pero el modelo 98 no solo se rompía al hincarla en las panzas enemigas, sino que también era demasiado debilucha para su uso como herramienta en las unidades de zapadores, artilleros, etc.,  sobre todo por su mínima contundencia para emplearla como desbrozadora, de modo que se diseñó un nuevo modelo destinado para estas unidades en concreto, el modelo 98/02 que vemos a la izquierda. Era un chisme enorme, con una hoja de 42'5 cm. de largo y 3'2 de ancho que, aunque como herramienta era bastante eficaz, como arma era muy pesada y nada manejable, por lo que fue desechada de inmediato.

Bien, estos fueron los preliminares hasta la aparición del modelo 98/05 oS (ohne Säge, sin sierra), esta última cifra en referencia al año de entrada en servicio, 1905, no a que fuese la quinta versión del mismo modelo. Concretamente, fue el 9 de noviembre de ese año cuando se declaró reglamentaria, inicialmente para dotar a la naciente arma aérea, tropas de telecomunicaciones, de ametralladoras y del Verkehrstruppen, unidades independientes de ametralladoras y tropas especiales, así como de artillería.


Tahalí de la 98/05
Ahí tenemos la criatura. Como podemos ver, se trata de un arma de aspecto imponente, con un hoja de 37 cm. de largo recorrida por una ancha acanaladura y un total de 50 cm. Su peso era de 535 gramos. Su empuñadura es similar al modelo 1898 inicial y, del mismo modo, también hubo un "aA" y un "nA"(alte Art y neue Art, tipos antiguo y nuevo respectivamente) con cachas enterizas y en dos piezas. Pero observen un detalle. Hemos trazado una línea roja que marca la horizontal en la empuñadura, y otra con el ángulo hacia abajo de la hoja, eliminando así que esta pudiera en un momento dado influir en la trayectoria del proyectil. Los profanos en la materia no se hacen una idea de la cantidad de factores que pueden influir en la precisión de un arma, incluyendo que el raíl de engarce esté separado o fijado al cañón, como comentamos antes, ya que esto afecta a los armónicos de vibración del mismo o, una vez que la bala abandona el ánima, a los obstáculos que pueda encontrarse el viento balístico que precede al proyectil. En el detalle superior hemos puesto una imagen con el aspecto superior del apoyo de la bayoneta al cañón que, como dijimos, era similar al de la anilla de engarce cortada. Debajo vemos los dos tipos de vaina que se fabricaron y, al igual que en el modelo 1898, inicialmente fue de cuero y posteriormente de acero. Esta última se introdujo en 1915, y el tornillo que ven sobre la lengüeta sujetaba un pequeño fleje interior para impedir que la bayoneta se saliera de la vaina ya que, como era habitual, los tahalíes no disponían de ningún sistema propio de retención para sujetar el arma.

Dejando de lado de momento la versión de lomo serrado, esta fue la bayoneta que se estuvo fabricando hasta 1915, cuando ya hacía bastante tiempo que se habían percatado de un problema bastante chorra, pero problema al fin y al cabo. El 16 de enero de 1908 entró en servicio la versión corta del Gewehr 98, la Karabiner 98, un arma de menos longitud destinada inicialmente a tropas auxiliares que raramente tendrían que entrar en combate cuerpo a cuerpo. Pero la adopción de la carabina por parte de unidades de primera línea, como ametralladores, tropas de asalto, etc. hizo que dicho problema se manifestase de forma notoria. Observen la fotillo inferior:


En la parte superior tenemos un Gewehr 98 con la bayoneta calada. Como podemos ver, la empuñadura de la misma abarca toda la longitud del cañón, desde la abrazadera hasta la boca de fuego. Abajo tenemos la carabina, notablemente más corta y cuyo cañón sobresale apenas sobre la longitud del raíl de engarce, quedando el resto de la empuñadura en el aire. Esto provocó que el rebufo de los disparos acabara achicharrando literalmente las cachas (véase el detalle de la derecha), hasta el extremo de que debían ser sustituidas cuando estaban tan chamuscadas que se caían a cachos.

La solución podemos verla en la foto de la derecha. Arriba tenemos el lomo de una empuñadura normal, y abajo la misma pero con un protector de rebufo añadido, que no era otra cosa que una chapa de acero que se extendía desde la ranura de engarce hasta la guarnición. Este protector recibía el nombre de Schutzbleche (literalmente, chapa protectora). De ese modo, el chorro de gas ardiendo que salía del cañón con cada disparo no alcanzaba las cachas. Y para más seguridad, ya que las bayonetas armadas en las carabinas no contaban con el apoyo en el cañón y tenían cierta tendencia de oscilar un poco hacia los lados (doy fe), pues también se acabó eliminando mediante fresado las mínimas orejetas que, en este caso, no servían absolutamente para nada tanto en cuanto no se apoyaban en ninguna parte. Este protector se instaló en las dos variantes de la 98/05, con lomo plano y serrado. Y a  todo esto, puede que alguno se pregunte por la cruceta de esta arma, curvada hacia arriba cuando lo habitual era colocarla al revés para atrapar la hoja de la bayoneta enemiga y partirla girando de golpe el fusil. Este tipo de guarnición solo servía para, a lo sumo, desviar el bayonetazo enemigo, pero este podría recuperarse y descargar otra cuchillada. En realidad, no he podido dar con una explicación lógica para este accesorio. Quizás la intención era atrapar la hoja, pero entre la guarnición y la empuñadura, de forma que no se sometiese a la hoja propia al esfuerzo de partir la del enemigo...

Por cierto que, como ya comentamos anteriormente, el uso de bayonetas con el lomo de sierra era potestad de los suboficiales de infantería como una forma de diferenciarse de la tropa y clases, pero en abril de 1915 el Ministerio de Guerra de Baviera emitió una orden por la cual toda la oficialidad de los regimientos, incluyendo a sus comandante, debían sustituir sus elegantes sables por la 98/05 salvo los destinados al arma aérea y los oficiales de aerostatos, que recibieron el modelo con el lomo serrado que, en teoría, les resultaría de más utilidad. Sin embargo, esta orden sentó fatal entre los distinguidos y arrogantes oficiales, a los que quitarles los 
sables que eran el principal símbolo de su estatus era como arrancarles el páncreas a dentelladas. De hecho, la inmensa mayoría se pasó la orden por el fondillo de los pantalones, si bien se tiene constancia, como vemos en la foto, de que los que acataron la norma optaron por añadir en las cachas algún detallito molón que diferenciase sus bayonetas de las usadas por la tropa. Ahí tenemos a dos oficiales, uno agarrado a su sable como si se lo hubieran pegado con Loctite, y el que aparece de espaldas con la bayoneta de cuyo tahalí cuelga el troddel (la borla con combinaciones de colores que permitían diferenciar batallones, compañías, etc.). Obsérvese como en la cacha se puede ver lo que parece una hoja de roble o algo por el estilo. En fin todo fuera por marcar la diferencia de rango, cosa que los tedescos tienen tan incrustada en el magín como los políticos el robar a calzón quitado.

Bueno, y por fin llegamos a la controvertida bayoneta con el lomo de sierra ("mS" = mit Säger, con sierra), la cual podemos ver en la fotillo inferior:


Básicamente, la dichosa sierra era lo único que la diferenciaba de su hermana y, como en los modelos anteriores, se fabricó en un porcentaje del 6% para suministrarla a tropas especiales que necesitaban una herramienta para preparar los emplazamientos de sus armas. Entre ellas se diferenciaban en que, dependiendo del fabricante, tuvieran una doble hilera de 21,  24 o 29 dientes, siendo esta última la más habitual. Además, en plena guerra la infantería convencional le encontró una útil aplicación como sierra para cortar los postes de las alambradas y caballos de Frisia que se encontraban cuando llevaban a cabo una ofensiva o algún golpe de mano nocturno hasta que los postes de madera fueron sustituidos por estacas de hierro. Pero la puñetera sierra trajo cola.

La propaganda aliada, mucho más sutil y taimada que la tedesca (me recuerda al interminable victimismo y lloriqueo de los separatistas hispanos), propaló a diestro y siniestro que su diseño no obedecía a otra cosa que no fuera provocar heridas terribles y un sufrimiento inhumano en los desdichados que se vieran con esa cosa clavada en la barriga. Observen las dos imágenes de la derecha, una de un periódico british (Dios maldiga a Nelson) y otro gabacho (al enano corso ya lo maldije antes, ¿no?) "Bárbara bayoneta alemana", dice el isleño, mientra un guripa con el distintivo de sanitario empuña una de ellas, como dando a entender que ha tenido que ver mogollón de heridas dantescas producidas por el lomo serrado. A la derecha, un artículo de la prensa gabacha titulado "Arma de villanos", y muestra una foto de la sierra. Pero lo que ninguno de ellos pareció querer recordar es que sus tropas habían tenido y tenían armas blancas de este tipo, destinadas también a zapadores, artilleros, ametralladores, telegrafistas, etc. La hipocresía y el cinismo son la segunda arma de destrucción masiva en la guerras tras la mentira.

A tanto llegó la cosa que los aliados hicieron correr el rumor de que filetearían a cualquier tedesco que pillaran con una de estas bayonetas encima, pero no hay constancia de que llegara la sangre al río. Cabe suponer que, como toda propaganda, pretendía hacer más ruido que otra cosa y que estaba destinada ante todo a estimular la opinión pública en la retaguardia. Al cabo, la tropas del frente sabían de sobra que si recibían un bayonetazo en la barriga no importaba mucho que el lomo del arma estuviera serrado o no. 


La cosa es que, ya fuera para callar la boca a la propaganda, ya fuera porque temían que de las amenazas pasaran a los hechos, la cosa es que el 2 de julio de 1917, el Ministerio de Guerra bávaro sugirió al Estado Mayor suprimir las dichosas sierras mediante fresado, dejando solo las que servían en las unidades de zapadores, tropas de segundo escalón o para guardias de campos de concentración. A la infantería y la artillería se les distribuiría la sierra de cadena que vemos a la izquierda, un chisme mucho más eficiente, funcional y, muy importante, contra el que la maldita propaganda no podía decir nada porque se podían comprar similares en cualquier ferretería del planeta. Así pues, el 17 de octubre siguiente, el Estado Mayor bávaro acabó autorizando la eliminación de las sierras, lo que se llevó a cabo en las maestranzas militares y los talleres privados donde se fabricaban estas armas. Su aspecto, una vez eliminados los dientes, es el que vemos en la foto superior: un lomo con un mínimo escalón que empezaba en el recazo y terminaba en el contrafilo. Debajo podemos ver una 08/95 con la sierra para poder comparar. Los prusianos no tardaron mucho en seguirles la corriente, y el 3 de diciembre siguiente se emitió la orden para eliminar las sierras en los ejércitos de Prusia, Sajonia y Wurtemberg. Finalmente, a comienzos de 1918 las sierras habían desaparecido de primera línea, siendo estas bayonetas denominadas como 
Seitengewehr S. abg., es decir, mit Sägerücken abgeschliffen o, lo que es lo mismo, con sierra dorsal fresada. 

Tras el Armisticio, una de las tropocientas condiciones impuestas por los aliados a los tedescos- el único caso de un país que pierde una guerra estando ocupando territorio enemigo- obligaba a modificar la morfología de la 98/05 porque, por lo que se ve, aún les resultaba un tanto inquietante a aquellas alturas. Por lo tanto, tuvieron que acortar la longitud de las hojas y eliminar sus característico perfil para dejarla con los bordes paralelos, las cachas de madera se sustituyeron por otras nuevas de asta (real o artificial) y los pomos por unos de pico de águila, bastante tradicionales en Alemania y usados en diversos modelos.

Bueno, con todo lo dicho ya tienen para un ratito de lectura y no irse a sobar a la piltra sin saber una cosa más.

Hale, he dicho


Tedescos ávidos de vísceas gabachas trotando por la tierra de nadie. ¿Saben que, según se supo por encuestas realizadas al personal, una de las heridas que causaban más pavor eran las de arma blanca aunque fueran por lo general las que menos mortandad causaban? Y es que si hay gente que se desmaya viendo la aguja de una jeringuilla, ¿qué no sentirían ante una hoja de acero de 37 cm. de largo?

martes, 16 de junio de 2020

Bayoneta mod. 1886, la famosa "Rosalie"


Heroicos gabachos en 1914 con sus pantalones rojos y sus bayonetas dispuestos a palmar como auténticos  y
verdaderos héroes. Por aquel entonces creo que los generales del ejército francés se creían que aún estaban
en los tiempos de las batallas gloriosas donde el personal caía como moscas, pero con una sonrisa en los
labios entonando la Marsellesa o musitando el nombre de su amada.  

Sin lugar a dudas, una de las bayonetas más emblemáticas del siglo XX fue el modelo 1886 para los fusiles Lebel y Berthier del ejército gabacho (Dios maldiga al enano corso). Era un arma de líneas elegantes, muy larga y estilizada y, naturalmente, tan fabulosa como los pantalones rojos que los mandameses se negaban a eliminar porque, a pesar de ser un blanco estupendo para los francotiradores tedescos, eran "el espíritu de Francia". Hay que ser memo para reducir el "espíritu" de una nación a unos simples pantalones pero, ¿qué se puede esperar de los gabachos? Y de la misma forma que mitificaron los pantalones, pues hicieron lo propio con la bayoneta bautizándola como Rosalie, a la que vemos en una postal de la época con una teta al aire para dar más morbo al personal. En el texto podemos leer: "La punzante Rosalie, la amiga del poilu". Sin embargo, y antes de entrar en materia, no estaría de más derribar el mito porque si se le pregunta a cualquier cuñado jurará por sus empastes que era el nombre que le daban los poilus a sus queridas bayonetas. Bueno, pues es el enésimo bulo que, por repetido, se lo creen hasta muchos militares.

Théodore Botrel (1868-1925)
Lo de Rosalie salió de una canción compuesta (la letra, porque de música no sabía una papa) por Théodore Botrel, un cantautor bretón que, por ser ya talludito para alistarse- el hombre lo intentó dos veces, las cosas como son-, pues optó por componer coplas enalteciendo los valores patrios y tal. Por lo visto, en 1915 fue nombrado "Chansonnier des Armées" (Cantante de los Ejércitos), desplazándose al frente y a los hospitales de campaña para animar al personal con sus actuaciones. La intención de este probo ciudadano era, entre otras cosas, que las tropas humanizaran sus armas como si fueran sus novias o mujeres para aumentar su espíritu combativo, por lo que bautizó a la bayoneta del Lebel como Rosalie igual que le podría haber puesto Maripepa, pero en fin... De hecho, otra de sus conocidas composiciones era "Ma Petite Mimi" que, en este caso, era una simpática ametralladora. En fin, el que quiera conocer la letra de "Rosalie", en San Google puede encontrarla sin problemas. Yo me limitaré a poner la primera estrofa para que se vayan haciendo una idea:

Rosalie, c'est ton histoire
Que nous chantons à ta gloire
- Verse à boire ! -
Tout en vidant nos bidons
Buvons donc !

Que en román paladino viene a querer decir: "Rosalie, es tu historia / Que cantemos a tu gloria / -¡Sirve de beber!- / Mientras vaciamos nuestras cantimploras / ¡Bebamos!". 

Bueno, por componer hubo hasta quien compuso un "Ave María" a la puñetera bayoneta: "Te saludo, Rosalie, llena eres de gracia. La victoria está con nosotros, bendita eres entre todas las armas, ¡bendita sea la punta que busca las entrañas de los boches! Santa Rosalie, Madre de la Victoria, ruega por nosotros, pobres soldados, ahora y en el momento de la revancha, amén". Muy piadoso y espiritual, ¿que no? Lo de la revancha alude al palizón que los prusianos les dieron en 1870, que aún les escocía. En fin, algo totalmente surrealista, como se puede ver en el grabado de la derecha, donde aparece un zuavo del que huyen pequeños tedescos espantados por la oración bayoneteril. Como cabras, vaya...

Ejemplar de "Le Miroir" del 7 de marzo de 1915 en el
que vemos a Botrel dando un recital en el frente
En todo caso, no vamos a quitarle méritos a Botrel ya que su intención fue de lo más loable. Sin embargo, y contrariamente a lo que se suele creer, el mote de la bayoneta no tuvo el más mínimo éxito entre los sufridos poilus que caían como moscas gracias a sus pantalones rojos. Sirva como referencia una reseña aparecida en "Le Poilu", un periódico editado para las tropas por el 108º Rgto. Territorial de Infantería de Champagne que lo mantuvo en el mercado a 5 céntimos el ejemplar mientras duró el conflicto. En abril de 1915, tras la aparición de la canción "Rosalie" y a la vista del nulo éxito entre los combatientes por la idea de suplantar a la parienta por un pincho, emitieron una nota diciendo que "la bayoneta es llamada Rosalie solo en una canción de Théodore Botrel, que nadie canta, y en el Boletín de los Ejércitos de la República, que nadie lee". Así pues, ya pueden ir borrando el término Rosalie de su repertorio bélico ya que fue una mera cuestión de propaganda alimentada por los mismos mandamases, cuya doctrina al principios de la guerra era "... solo el movimiento hacia adelante llegando al cuerpo a cuerpo es decisivo e irresistible". Como cabe suponer, esta doctrina caducó en el momento en que las MG-08 de los tedescos segaron batallones enteros por mucha Rosalie y muchos pantalones rojos que usaran.

Es más: según el Manual de Instrucción Militar editado en 1914, en el artículo 110 nos dice textualmente:

La bayoneta es el arma suprema del soldado de infantería. Desempeña un papel decisivo en el ataque hacia el cual cualquier movimiento ofensivo debe esforzarse decididamente, y solo eso hace posible dejar definitivamente al adversario fuera de combate.

Marcha sobre el adversario, ataca con fuerza sin parar y busca ansiosamente un resultado decisivo.

Persigue sin descanso al adversario que retroceda.

Repite el ataque hasta que tenga éxito.

Proseguir el cuerpo a cuerpo implica golpear con la culata y, si es necesario, derrotar al enemigo por cualquier otro medio.

Ejecución de un poilu por cobardía ante el enemigo. 918 hombres fueron
ejecutados en el ejército francés, la mayoría en los dos primeros años de
guerra. En el ejército tedesco apenas llegaron a 48
Salta a la vista que a finales de 1914 estos conceptos, basados en tácticas totalmente pasadas de moda que los observadores militares gabachos trajeron de la Guerra de Secesión y de lo aprendido durante la Guerra Franco-Prusiana, no solo carecían ya de sentido, es que eran simplemente suicidas. No obstante, los mostachudos y tercos generales gabachos siguieron en sus trece con las dichosas bayonetas y los pantalones rojos hasta que el personal, un poco harto de ver a sus camaradas caer segados por millares, estuvieron a punto de liar el petate y mandarlos al carajo. Hubiese sido todo un espectáculo, las cosas como son... Bien, hecho este breve introito desmitificador de mitos mitificados, vamos al grano no sin antes advertir que, por mera comodidad y en honor al patriotero bardo de las trincheras Botrel, en el artículo nos referiremos a la bayoneta modelo 1886 como Rosalie. Ah, y oído al parche, porque en español solo encontrarán en la red sobre este chisme anuncios de casas de subastas, de militaria y anticuarios.


Carga de la caballería prusiana en la guerra de 1870, dónde un cuadro de
infantería disciplinado y armado con largas bayonetas como las usadas por
sus abuelos en las guerras del enano corso podían detener en seco a los
jinetes enemigos
Ya desde su nacimiento, el concepto de fusil-pica estaba empezando a quedar obsoleto. La aparición de las armas de retrocarga, la ametralladora y la cada vez más potente artillería hicieron que la bayoneta, que hasta aquel momento era ciertamente el arma que decidía un choque entre dos ejércitos, empezara a ser menos definitiva, y más si tenemos en cuenta que la caballería, el motivo más de peso para armarse con un fusil-pica, vería su ocaso absoluto a partir de 1914, cuando las gallardas cargas en campo abierto eran cuasi utópicas en un terreno lleno de cráteres y con las ametralladoras exterminando escuadrones enteros. Alguno me dirán que fue la indiscutible protagonista de los combates entre infantería en la Gran Guerra, pero respondería que no o, al menos, no de forma decisiva. Sí, cargaban con la bayoneta, pero porque era lo que decían los manuales de la época, no porque fuese especialmente útil correr 100 o 15o metros con un fusil en cuyo extremo había un pincho que daba grima mirarlo.

Demostración de un combate con bayonetas que, obviamente,
sería imposible dentro de una trinchera
Cuando se producía un ataque y uno de los bandos en liza alcanzaba las posiciones enemigas e intentaba expulsar al adversario de sus trincheras, la bayoneta era en realidad un estorbo. En una zanja de metro y medio o menos de ancho, un fusil que con la bayoneta sobrepasaba el metro setenta no era especialmente cómodo de manejar. Sin espacio para moverse, las armas más útiles eran los granadas de mano, los cuchillos, mazas, rompecabezas y demás monadas de creación propia para aniquilar enemigos con rapidez y eficacia. Un Lebel que con su bayoneta medía 1,82 metros sería un arma temible en un combate cuerpo a cuerpo en la tierra de nadie, pero en un hoyo bastaba fallar la primera estocada para que el malvado tedesco bloquease el fusil enemigo con la mano izquierda y, antes de que el gabacho pudiera recuperar la iniciativa, le incrustasen en plena jeta una maza erizada de clavos de herradura o le metía la pala de trinchera bien afilada por debajo de la barbilla, dejándolo en ambos casos listo de papeles. Si nos atenemos a lo puramente práctico, un ataque debería llevarse a cabo con el fusil a la espalda, y empuñando una maza y un cuchillo porque era lo que el infante usaría cuando llegase al contacto. El fusil y su bayoneta no servían absolutamente de nada mientras recorría la tierra de nadie batida por el implacable fuego cruzado de las ametralladoras.

Ahí vemos varios ejemplos de cuchillos bayonetas anteriores
al siglo XX con unas dimensiones muy inferiores a la Rosalie. De
arriba abajo tenemos: Mod. 1876/84 alemán, con hoja de 244 mm.
Mod. 1895 austriaco, con hoja de 244 mm. Mod. 1892/93 español
con hoja de 254 mm. Mod. 1896 sueco, con hoja de 213 mm., y
mod. 1889 suizo con hoja de 300 mm. Ojo, no están a escala
Pero, como ya sabemos, eso de la carga de bayonetas seguía siendo condición sine qua non en los magines de los mandamases aún a costa de perder batallones enteros en cuestión de minutos aunque, eso sí, se les saltaban las lágrimas contemplándolo con una mezcla de emoción y gloria al ver el impagable sacrificio de sus valerosas tropas. De hecho, en las postrimerías del siglo XIX la mayoría de los ejércitos occidentales ya habían optado por la combinación de cuchillo bayoneta que, aunque también de hoja bastante larga en algunos casos, al menos tenían la justificación de que también servía de herramienta. Con todo, incluso había ejércitos como el español, el alemán, el austriaco, el portugués, el sueco y varios más cuyas bayonetas se habían visto notablemente recortadas. Por otro lado, la Rosalie, tanto en cuanto partía del concepto de fusil-pica, su uso se limitaba a pinchar ciudadanos. No servía para otra cosa, mientras que, por ejemplo, la bayoneta alemana modelo 1898/05, con su hoja de 37 cm. - 15 cm. menos que la Rosalie- era un arma más versátil que, además de eviscerar enemigos, servía para cortar leña, desbrozar maleza y, en fin, para cualquier uso habitual en un cuchillo. Pero los inconvenientes de esta estilizada y bonita arma- porque bonita era a rabiar- surgieron cuando llegó la hora de dejar de pasearlas en los saraos y paradas militares cuarteleros y fueron enviadas al frente donde, tras muchos "mon Dieu!" y "sacrebleu!" se dieron cuenta de que la elegancia de sus líneas no solventaban las papeletas habituales en combate.

Bien, cuando el ejército gabacho decidió jubilar a sus viejos fusiles Gras modelo 1874 de 11 mm., se estudió la posibilidad de adaptar su bayoneta al nuevo fusil Lebel, un arma novedosa que usaba cartuchos de pólvora nitrocelulósica que permitía usar calibres más pequeños que mataban tanto o más que los calibres gordos. Sin embargo, por mucho que se empeñaron, la bayoneta del Gras, que además se encastraba en el lateral derecho del cañón, no había forma de reciclarla para el Lebel. Esta bayoneta, que podemos ver en la foto superior junto al fusil que armaba, era un arma de generosas dimensiones, con una hoja de 52 cm. y sección triangular, con un lomo plano para darle más rigidez y el típico galluelo destinado a trabar y partir las hojas de las bayonetas o espadas de la caballería enemigas en en cuerpo a cuerpo.

Pero, como decía el eximio diestro Rafael Guerra, lo que no pué sé, no pué sé, y ademá é imposible, pues tuvieron que diseñar un modelo nuevo partiendo de cero pero, eso sí, basado en los mismos conceptos de la bayoneta Gras, o sea, un arma dotada de una hoja larga y fina que, unida al fusil, permitiera ofender al enemigo antes de que el enemigo lo fastidiara a uno.

La criatura primigenia

La decisión de fabricar esta nueva espada-bayoneta fue tomada por el general Georges Boulanger, que en aquel momento detentaba el Ministerio de Guerra, mientras que el desarrollo del nuevo diseño lo realizaron los inspectores de la fábrica de Châtellerault Louis Verdin y Albert Close. El modelo inicial estaba provisto de una hoja de 520 mm. de sección cruciforme con profundos vaceos. Se suponía que, aparte de aligerarla de peso y tal, una vez que se clavaba en el cuerpo del enemigo se debía efectuar un cuarto de vuelta hacia la izquierda, lo que provocaría una intensa hemorragia interna. Francamente, eso suena a chorrada sin fundamento por una sencilla razón: la Rosalie era un pincho redondo sin filos. Sí, te podía atravesar de lado a lado, podría interesar órganos vitales, pero cortar no cortaba ni un nabo.

En la hoja, un centímetro más arriba de donde empezaban las acanaladuras, se fijaba mediante un pasador una cruceta con el resorte de retención, que consistía en una pieza pivotante originariamente formada por un botón redondo cuadrillado. Al igual que su antecesora, estaba provista de un generoso galluelo que, además de servir para partir las hojas de las armas enemigas, se usaba para formar pabellones tres armas. Lo más crítico era su unión a la empuñadura, una pieza hueca fabricada de alpaca, una aleación a base de níquel, cobre y zinc que se usaba y se usa mucho por su similitud con la plata para cuberterías y demás zarandajas domésticas de los que no tienen para darse pisto pero se lo quieren dar como sea. Como vemos en el gráfico, la hoja tenía una rosca para unirla a la empuñadura, quedando bloqueadas mediante un tornillo. El extremo de la empuñadura, que era enteramente hueca, se cerraba con un tapón del mismo material. El resultado final era un imponente espetón de 64 cm. de largo y 460 gramos de peso ideal para asar chorizos en una candela. Veamos su funcionamiento:

En la figura A tenemos la empuñadura vista desde el costado izquierdo. La flecha amarilla marca el botón cuadrillado del retén que bloquea el arma en el cañón del fusil. La azul señala el pasador que unía la hoja a la cruceta, y la marrón es el tornillo que asegura el roscado de la hoja a la empuñadura. En la figura B podemos ver una vista superior de la empuñadura, donde se aprecia la acanaladura que la recorre de un extremo a otro. La flecha roja marca la uña del retén. En este caso es de una variante posterior a 1890. La original era un poco más pequeña. Finalmente, en la figura C vemos el cañón del fusil Lebel: la flecha blanca señala el raíl por donde transcurría la acanaladura de la empuñadura que acabamos de ver, y la verde el tetón donde enganchaba la uña del retén. Aparte de eso, en la empuñadura se aprecia el ojo de la bayoneta por donde se introduce el cañón que, en este caso, tiene además una muesca para alojar el punto de mira. Nunca he tenido un Lebel armado con bayoneta en mis manos, pero colijo que el bloqueo debía ser extremadamente sólido, sin holguras de ningún tipo.

Pero lo que no era tan sólido era el sistema de unión de la hoja a la empuñadura, que en 1890 hubo que cambiar por otro más fiable. Simplemente se sustituyó la pequeña espiga roscada por otra que atravesaba toda la empuñadura, como vemos en el gráfico de la derecha. La fijación de la cruceta era igual, mediante un pasador, mientras que la de la empuñadura seguía siendo mediante un tornillo, que en realidad tenía como misión que la empuñadura no girase sobre la espiga, mientras que el extremo de esta se roscaba con una tuerca para destornilladores Spanner. La parte de rosca que sobresaliera se limaba, quedando rasada a la empuñadura tal como vemos en la figura A. Este sistema, bastante habitual en muchas armas blancas de la época, permitía el cambio de piezas averiadas sin tener que eliminar soldaduras y actuaciones previas más complejas. Ah, una chorradita sin importancia, pero siempre viene bien saberlo: los números de serie y la letra asignada al fabricante se estampaban en el galluelo.

En cuanto a la vaina, consistía en un tubo de acero de 15 mm. de diámetro interno rematado por una bola a modo de contera. Tal como vemos en el detalle, llevaba un ojal rectangular para fijarla al tahalí. Este tenía una correa de la misma anchura (flecha roja) que se pasaba por el ojal para, finalmente, abrocharla en la hebilla. A la derecha podemos ver el aspecto de la bayoneta envainada con su tahalí. Posteriormente, una vez empezada la guerra, se observó que en el húmedo clima de Flandes las vainas se llenaban de agua con bastante facilidad, así que se hizo un poco más grande el botón de la contera y se les practicó un orificio por donde poder evacuar el agua acumulada en el interior. Por cierto que estos tahalíes tan chulos con doble costura también dieron paso a otros más cutres cuyas piezas iban simplemente remachadas para abaratar y acelerar el proceso de manufactura de los mismos.

Defender esa zanja angosta y pútrida a bayonetazos era misión imposible.
Ahí sólo valían las armas de trinchera 
Así llego nuestra Rosalie a la Gran Guerra, que era el momento de comprobar si verdaderamente estaba a la altura de las circunstancias. De entrada, quedó clara su obsolescencia en lo referente a manejabilidad. La Rosalie era una bayoneta muy larga para usarla con la presteza necesaria durante un asalto. Una de sus principales trabas, según las opiniones de los poilus, era que debido a su gran capacidad de penetración y su longitud ensartaban tedescos que daba gloria verlo, pero a cambio tardaban demasiado en extraerla, y esos instantes bastaban para que el compadre del que acababan de pasar de lado a lado le metiese su "cuchillo de carnicero" por la boca del estómago o le reventara la cabeza de un mazazo. Otro problema, y este salía a relucir con una frecuencia irritante, era la cantidad de hojas rotas o dobladas que resultaban de cada acción. Como ya hemos dicho, era muy larga y muy fina, y si el daño solo estaba a pocos centímetros de la punta, en la misma unidad la recortaban y santas pascuas. Sino había que enviarla a retaguardia para que fuese reparada, y la escasez de material no permitía tirarla sin más.

La guerra conllevó otra serie de modificaciones, como es lógico. En octubre de 1914, apenas dos meses después de empezar la fiesta se cambió el material de la empuñadura. El níquel de la empuñadura de alpaca original era escaso y caro, así que se sustituyó por el bronce. De hecho, y a instancias de la fábrica de Châtellerault, en julio de 1917 incluso se recurrió a hierro fundido que, para evitar la oxidación, se pintaban de negro. En este caso se realizaron contratas con empresas privadas que tenían más facilidad para producir piezas de fundición.

En 1915 se efectuó otra reforma consistió en la eliminación del galluelo, al parecer por especial insistencia de las tropas. Esta pieza, que ya se había mostrado inservible porque la esgrima de bayoneta que enseñaban en los cuarteles no tenía uso práctico en el frente, era un inconveniente cuando llegaba la hora de arrastrarse entre alambradas que, como está mandado, se enganchaban constantemente en ese gancho, así que se eliminó. El resto del arma permaneció tal cual salvo en ese detalle y, de paso, aprovecharon para un cambio menor: sustituir el botón del retén redondo por uno semicircular, más fácil de fabricar. Este modelo recibió la denominación de 1886/15. En la foto de la derecha podemos comparar el acabado de ambas versiones: la 1886 original y la 1886/15.

Desde su entrada en servicio, la producción de estas bayonetas había sido encomendada a las fábricas de Châtellearult, Saint-Etienne y Tulle, pero la constante demanda obligó al gobierno francés a recurrir a fabricantes foráneos, en este caso a la Remington, que llegó a producir 200.000 unidades siguiendo las especificaciones del ejército francés. Es decir, no realizaron el más mínimo cambio, sino que se limitaron a fabricarlas tal como les dijeron salvo una leve variación en el perfil de la empuñadura, y al parecer ni siquiera las punzonaron en origen. De hecho, el ejército había llegado a un extremo en que no se podía permitir desaprovechar ni un botón, por lo que se ofrecieron primas de 2 francos por fusil y de 25 céntimos por cada bayoneta abandonados que se devolvieran a las líneas propias, lo que permitió recuperar hasta 6.000 unidades diarias que eran enviadas a la fábrica de Tulle para su reparación y puesta a punto. Con todo, incluso las que estaban aparentemente inservibles las mismas tropas les daban nuevo uso como cuchillos de trinchera. A la izquierda tenemos un par de ejemplos: arriba, una reconstrucción basada simplemente en un resto de hoja y una empuñadura. La de abajo es una bayoneta completa con todos sus mecanismos que, al haber perdido más de la mitad de la hoja, ha bastado con sacarle punta para convertirla en un eficaz estilete. Esas dagas eran increíblemente eficaces si se metían por el cuello hacia arriba, buscando el cerebro, bien desde la mandíbula inferior o por detrás, penetrando a través del foramen magnum.

Mosquetón Lebel mod. 1835 y su bayoneta 1886/93/35 (No están a escala)
La última versión operativa de la Rosalie fue el modelo 1886/93/35, que no era más que una bayoneta con la hoja acortada a 40 cm. y con las vainas igualmente recortadas a esa longitud para usarlas en el mosquetón Lebel modelo 1935. En realidad no es que fuera un modelo creado ex-profeso, sino una simple forma de reciclar los cientos de miles de bayonetas que sobraron de la Gran Guerra, bien recortándolas, bien aprovechando las que estaban rotas pero daban la longitud deseada. En la foto podemos ver tanto la bayoneta como su vaina y el arma a la que estaba destinada.

Las tres empuñaduras usadas: alpaca, bronce y hierro
Bueno, con esto acabamos no sin antes concretar algunos aspectos importantes. Que nadie se líe si ve en la red modelos que no cuadran con las descripciones que se han dado ya que, como se ha dicho, el reciclaje fue la tónica dominante durante la guerra, por lo que se encuentran ejemplares con, por ejemplo, empuñadura de alpaca y guarnición sin galluelo, o un poco más cortas de lo habitual, o con los mecanismos de retenida cambiados. Por otro lado, la saga del modelo 1886 era en realidad más extensa ya que abarcaba versiones destinadas a la gendarmería, tropas coloniales, etc. pero que, al ser denominadas bajo otro modelaje, he preferido omitirlas para mejor ocasión y, además, ya me he enrollado más de la cuenta. 

Así pues, y como diría un abominable gabacho, s'est finit.

Hale, he dicho

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Espada-bayoneta modelo 1886-15 con empuñadura de hierro. Al parecer, por su escasez son especialmente
codiciadas por los coleccionistas

miércoles, 9 de octubre de 2019

Martini-Henry. Bayonetas y accesorios


Cuadro de infantería preparada para rechazar una carga de caballería. Esta obsoleta formación acabó resultando de
bastante utilidad para hacer frente a ejércitos que los superaban con creces para impedir ser rodeados. Una muralla
de bayonetas era lo más parecido a un cuadro de picas del Renacimiento y eso, unido a una disciplina adecuada,
hacía muy difícil romper las formaciones británicas para los abnegados enemigos de la civilización occidental

Bueno, con esto llegamos al término de esta pequeña monografía sobre el mítico fusil. Pero antes de comenzar, una aclaración para que no haya confusiones al respecto. Se fabricaron bastantes modelos de bayonetas para esta familia de armas, pero en algunos casos podemos liarnos porque algunas de ellas aparecen como bayonetas de Martini-Henry cuando en realidad eran para el Martini-Enfield o el Martini-Metford. Ya comentamos en su momento que, básicamente, eran armas similares con la diferencia del calibre y algún detallito más, como las miras. Sea como fuere, en puridad hablamos de armas distintas que, tal como avanzamos, serán tratadas como tales por lo que sus accesorios serán así mismo estudiados por separado. Por lo tanto, en este artículo hablaremos solo de las bayonetas reglamentarias para el Martini-Henry calibre .450. Y aclarado esto, vamos al grano granulado.


Aspecto de la bayoneta con su funda y el tahalí
Cuando nació la criatura, había un solo modelo de bayoneta de uso general en circulación, la Pattern 1853 Socket Bayonet, conocida vulgarmente como "common socket bayonet". Esto, traducido a una lengua hermosa y descriptiva como el español se traduciría como bayoneta de cubo modelo 1853, conocida como bayoneta de cubo común, o sea, que valía para cualquier fusil aunque en realidad fue diseñada para armar el Enfield 1853 y era también usada por el Snider-Enfield ya que ambas armas eran del mismo calibre, .577. Las enormes existencias de este modelo hacían inviable dedicar tiempo y dinero a fabricar una bayoneta ex-profeso para el Martini-Henry, así que no se calentaron mucho la cabeza y se limitaron a adaptar el modelo existente al diámetro del cañón, de menor diámetro en el caso del nuevo fusil por la diferencia de calibre. La adaptación consistía en algo tan simple como soldar en el interior del cubo un casquillo para reducir su diámetro y santas pascuas. La denominación oficial que recibió la bayoneta reciclada fue modelo 1853/72, siendo la segunda cifra el año en que se autorizó su fabricación, concretamente en diciembre de ese año. La conversión fue llevada a cabo por la Royal Small Arms Factory (RSAF) de Enfield exclusivamente, modificando un total de 224.278 unidades entre 1872 y 1879.


Esta bayoneta era similar a las que por aquel entonces funcionaban en todas partes donde disponían de fusiles en los que colocarlas. Se trataba de un arma de 52 cm. de longitud con una hoja de sección triangular de 43 cm. con un leve vaceo en cada una de sus caras. Como vemos, su longitud era suficiente para metérsela a un enemigo por la barriga y sacársela por la espalda. Lo más característico de esta bayoneta era que su hoja, ideada en principio para armar un fusil de avancarga, estaba curvada hacia fuera para dejar más espacio a la mano que debía manejar la baqueta a la hora de cargar sin desollársela o darse un puntazo con su aguzada hoja. En la foto de la derecha podemos apreciar esa peculiaridad. La vaina, como vemos en el párrafo anterior, era de cuero con el brocal y la contera de latón, y se fijaba al tahalí de cuero mediante un botón con forma de almendra.


En las fotos vemos el proceso de anclaje completo. Como podemos observar,
la hoja de la bayoneta quedaba situada en el costado derecho del fusil
El sistema de fijación al cañón era el convencional en estas armas, pero por si alguno lo desconoce pues lo explicamos. Veamos el gráfico de la izquierda. La figura A muestra el cubo ya colocado en el cañón. Lo hemos girado hacia la derecha hasta hacer tope con el punto de mira marcado de azul. En la figura B hemos empujado el cubo hasta el fondo, de forma que el punto de mira ha pasado por debajo de la anilla de presión. Finalmente, en la figura C giramos dicha anilla hacia la derecha para fijar la bayoneta. ¿Que cómo es posible que la anilla no se mueva, si carece de un resorte que la inmovilice? Porque se fijaba a presión. El tornillo que une los dos extremos de la anilla- cuyo interior era de forma aovada- se apretaba de forma que al girarlo presionaba el cubo. Cuando se obtenía el punto de apriete adecuado se dejaba en esa posición y no se tocaba más salvo que por el uso o el desgaste se aflojase. Este sistema perduró en todas las bayonetas de cubo planetarias hasta que, por ejemplo, la del Mosin-Nagant ruso o el modelo de pica del Enfield Nº 4, fueron provistas de sistemas de retención mediante un resorte, pero estas son la excepción, no la regla.


Bayoneta modelo 1876 con su vaina
A medida que las existencias del modelo 1853 empezaron a disminuir se empezó a plantear poner en producción un nuevo modelo diseñado para el Martini-Henry, dando lugar al modelo 1876 o Long Common Bayonet (Bayoneta común larga), que salvo en el sistema de engarce de cubo era un arma totalmente distinta a su predecesora. La hoja del modelo anterior tenía la cara que miraba al cañón más ancha, costumbre habitual de la época para ofrecer una superficie más lisa y reducir el riesgo de que el soldado se desollase los dedos al recargar el arma. En este caso, al tratarse de un arma de retrocarga esa precaución carecía de sentido, por lo que las hojas, aunque seguían siendo de sección triangular, tenían sus tres lados iguales.


Pero además de cambiar la sección de la hoja, esta se alargó hasta los 55 cm. y la longitud total del arma a los 63,5 cm. Esto convirtió al Martini-Henry en una pica de alrededor de 1,85 metros, lo que era una mejora notable de cara a enfrentarse con hombres que iban armados con lanzas. Por este motivo, este modelo fue apodado "the lunger", término que si cualquiera busca en el diccionario le aparecerá con cuestiones relacionadas con el pulmón pero, en este caso, hace referencia a un golpe de esgrima, concretamente "la estocada". En lo referente a la vaina, aunque su apariencia era similar a la del modelo 1853, en su interior llevaba un fleje para darle rigidez a la pieza y, al mismo tiempo, presionar contra la hoja de la bayoneta para impedir que se saliera. Dicho fleje estaba sujeto con tres remaches de latón, como vemos en el ejemplar superior de la foto. Posteriormente, en julio de 1877 se eliminó el remache central, quedando solo dos tal como vemos en el ejemplar inferior. Al parecer, se hizo un tercer modelo con un solo remache ideado para que la vaina se flexionase un poco si el soldado apuntaba rodilla en tierra, pero se construyeron muy pocas unidades.  El modelo 1876 se empezó a fabricar en junio de ese año, siendo producidas un total de 560.959 unidades: 532.759 por la RSAF de Enfield y 28.200 por la Birmingham Small Arms Co. (BSA).


Batalla de Abu Klea, librada el 17 de enero de 1885 contra las tropas del
malvado mahdi, una especie de mesías moro, Muhammad Ahmad. En esta
ocasión los british pudieron comprobar que sus bayonetas eran un churro
aunque, eso sí, ganaron la batalla
Como avanzamos en la entrada anterior, la potencia de fuego de los british obligó a sus enemigos peor armados, especialmente en las campañas de Egipto y Sudán, a llegar a toda costa al cuerpo a cuerpo, donde se podían aprovechar su superioridad en efectivos. Sin embargo, la nueva bayoneta empezó a dar problemas que, debidamente adobados por la prensa de la época, dieron lugar a tal escándalo que la cosa acabó debatiéndose incluso en el parlamento. Al parecer, el método de templado no era idóneo y, lo que es peor, aunque se detectó en la fábrica de origen el personal miró para otro lado. Como era habitual en la fabricación de armas blancas en toda Europa, cada pieza era sometida a una prueba de resistencia que, en este caso, consistía en meter la punta por una plantilla de madera curvada, donde se presionaba para corroborar que la flexibilidad y el temple eran correctos. Si la pieza tenía un temple excesivo saltaría como el cristal, y de lo contrario se doblaría pero sin recuperar su forma original. Bien, pues muchas de estas últimas se enderezaron y se enviaron a las tropas coloniales de África, concretamente al Sudán, donde las tropas se quedaron con un palmo de narices al ver que sus magnificentes "lunger" se doblaban cuando las clavaban en los cuerpos de sus enemigos, quedando inutilizadas. 


Bayoneta de yatagán modelo 1860
Pero movidas de armas defectuosas aparte, los mandamases se habían planteado cambiar las vetustas bayonetas de cubo por una espada-bayoneta. De hecho, el ejército ya disponía del modelo 1860, una magnífica arma con hoja de yatagán, tan de moda por aquella época, que hasta el momento solo se había distribuido entre suboficiales y unidades de fusileros de primera línea para armar los Snider-Enfield. En este caso también hubo que modificar el diámetro interno del ojo de la bayoneta para adaptarlas al cañón del Martini-Henry y, como contrapartida, adaptar también los Martini-Henry a este tipo de bayoneta. 


En las fotos de la derecha podemos ver las distintas modificaciones que hubo que llevar a cabo. Al carecer de ranura o banda de engarce se adoptó una solución muy funcional y económica que evitó tener que fabricar una pieza y soldarla al cañón. Se limitaron simplemente a modificar la anilla delantera del fusil, a la que solo hizo falta añadirle una pequeña banda de engarce que podemos ver en la foto inferior izquierda. En cuanto a la bayoneta, pues lo que ya se ha dicho: soldar un casquillo en el interior del ojo para adaptarlo al diámetro del cañón. Podemos verlo en el detalle de la derecha, donde la flecha señala la soldadura y nos permite apreciar el grosor del casquillo. En el centro tenemos un fusil con la anilla ya instalada, y arriba una vista superior del arma con la bayoneta calada. Francamente, nunca he entendido la obsesión por las bayonetas de cubo en vez de los cuchillos/espadas/sables bayoneta, porque estos últimos matan más y mejor. Una herida de una bayoneta de cubo puede interesar un órgano importante o producir una muerte cuasi instantánea si se tiene la suerte de alcanzar una arteria o el corazón, lo que no creo que fuese habitual. Así pues, si tenemos a un probo enemigo muy cabreado porque le han agujerado el pellejo, aunque le hayan perforado el estómago o el hígado aún tendrá tiempo sobrado para abrirle la cabeza como un melón a su adversario o arrancarle las venas del pescuezo a mordiscos si hace falta antes de que empiecen a fallarle las fuerzas. Por el contrario, una cuchillada tiene más probabilidades de cortar órganos y vasos sanguíneos importantes que, aunque no produzcan una muerte fulminante, sí una hemorragia que degenere en un shock hipovolémico en cuestión de pocos segundos. O sea, que eso que sale en las pelis del fulano que pinchan, cae redondo y palma con una sonrisa, contentito de haber dado la vida por la patria, como que nones. Una herida en el vientre puede tardar horas en producir la muerte, y si se logra evacuar al herido ser perfectamente viable su curación. Bien, dicho esto prosigo.


Esta bayoneta era un arma de generosas dimensiones: su hoja medía 58 cm., y el total alcanzaba los 71,6 de longitud, con un peso de 794 gramos. Además, en caso de llegar a un cuerpo a cuerpo tan cerrado que el fusil se convirtiera más en un estorbo que otra cosa, siempre se podía usar como una espada corta capaz de producir heridas fastuosas, sobre todo por su hoja curvada hacia abajo que haría el mismo efecto que un tajo de machete. En cuanto a la vaina, era de una sola pieza de cuero negro cosida por el reverso, y estaba provista de brocal y contera de acero. El tahalí también difería del usado en las bayonetas de cubo, siendo en este caso una pieza de cuero blanco con el ojal abierto para introducir el botón con más facilidad, quedando luego asegurado con una correa. El visto bueno para comenzar la versión reformada tuvo lugar en enero de 1873 si bien la conversión no dio comienzo hasta 1875. Alucino en colores con la parsimonia que se lo tomaban todo estos herejes, que sabiendo que esas armas eran necesarias se dejaban ir dos años solo para soldar un puñetero casquillo al ojo de la bayoneta. Igual ponían uno entre taza y taza de té, digo yo... En todo caso, la firma encargada de llevarla a cabo las reformas fue la RSAF del Enfield, que entre 1872 y 1889 modificó 103.585 unidades que fueron enviadas a las unidades coloniales.


Espada-bayoneta modelo 1887 Mark I
Pero el yatagán no era más que un apaño de circunstancias porque desde hacia algún tiempo llevaban estudiando un modelo de espada-bayoneta que, en teoría, iba a destinarse al Martini-Enfield que también estaba ya en proyecto, la espada-bayoneta modelo 1886. Sin embargo, lo de las bayonetas de cubo doblándose como si fueran de atrezzo de peli de serie B obligó a adelantarse un poco y dejar de lado el proyecto inicial para el futuro sustituto del Martini-Henry que, en principio, se preveía dotarlo de un cañón de calibre .402, por lo que las unidades ya fabricadas fueron almacenadas para dar preferencia a una versión adaptada al cañón de .450. Esta bayoneta, que fue denominada como modelo 1887 Mark I y de la que se hicieron varios prototipos, también se calaba en el lado derecho del arma. Su hoja de 47 cm. tenía recazo y un vaceo en la primera mitad, y un vaciado a dos mesas y doble filo en la segunda. La longitud total del arma era de 60  cm., y la vaina con unos materiales y acabados similares a los del modelo 1860.


Pero lo más peculiar estaba en la cruceta, donde se habían instalado un labio que actuase como guía (flecha roja) para facilitar el calado en el cañón y un punto de mira que anulaba al del fusil. El objeto de este peculiar accesorio era compensar la tendencia a inclinar el arma hacia la derecha en el momento de apuntar debido al peso de la bayoneta. No obstante, esta pijadita se suprimió junto al muelle plano del botón de retenida, que fue sustituido por un muelle helicoidal interno (como el que usan las bayonetas modernas). Las unidades que ya estaban fabricadas fueron enviadas a Birmingham para eliminarles el punto de mira y cambiarles el sistema de retención, dando lugar a las variantes Mark II y Mark III que se fabricaron entre 1888 y 1889. 


Cuando el Martini-Henry dio paso al Martini-Enfield y al Martini-Metford, estas armas fueron enviadas como era habitual a las zonas del imperio donde menos movimiento había. Al parecer, muchas de estas bayonetas acabaron en Australia, donde los aborígenes daban poca guerra y los canguros ninguna. La producción inicial del modelo destinado a pruebas del Martini-Enfield alcanzó las 21.113 unidades que fueron reconvertidas para el Martini-Henry, a las que hay que añadir otras 36.400, ambas producidas por la RSAF. Las variantes Mark II y III fabricadas por esta misma firma y la Wilkinson fue de 52.739 unidades producidas entre 1888 y 1889. A la derecha podemos ver la empuñadura ya desprovista del punto de mira y con el resorte de retención helicoidal. Hay que ver la de vueltas y revueltas que le daban a todo esta gente, carajo. Y entra una cosa y otra pasaban los meses y los años como si nada.


Bueno, estas fueron las bayonetas que armaron los Martini-Henry. Para la carabina de artillería se fabricó el modelo 1879, un arma basada en el sable-espada modelo 1859 de la marina al que solo se le cambió la guarnición y se le serraron 23,5 cm. del lomo con 41 dientes, como ya explicamos en la primera entrada de esta serie. Esta bayoneta, que como ya se comentó era apenas 15 cm. más corta que la carabina de artillería, estaba destinada como herramienta, bayoneta o arma de mano. En la foto podemos verla mostrando en la empuñadura el resorte plano para el botón de retención, el vaceo que recorre la mitad de la hoja y, debajo, la vaina con el tahalí, ambas piezas similares en todo a la de los modelos anteriores de espada-bayoneta. 


Vista superior de la bayoneta calada en su carabina. Imagino que semejante
chisme debía desequilibrar el arma una enormidad a la hora de apuntar
Sus dimensiones eran más que generosas: la hoja medía 64,5 cm. de largo y 17,5 de ancho, y el total del arma era de 79,2 cm. Posteriormente se hizo una versión un poco más corta con un total de 75,5 de longitud total y de 61,5 la hoja. La anchura de la misma permaneció invariable. La producción de esta bayoneta se aprobó en julio de 1879, que en realidad era más que una fabricación la autorización para modificar 1.340 sables-bayoneta modelo 1859. Posteriormente se fabricaron un total de 65.143 unidades entre ambas versiones, la corta y la larga manufacturadas por la RSAF de Enfield excepto 2.000 unidades subcontratadas a la Wilkinson. Esta gente se debió hacer de oro con tantos centenares de miles de armas que fabricaron en apenas 25 años.

Bueno, criaturas, con esto terminamos. Estas fueron las distintas bayonetas que usaron los Martini-Henry a lo largo de su vida operativa. Pero por si algún cuñado se resiste, añado de regalo un par de accesorios que seguramente desconocen. Helos aquí:


La herramienta multiusos para el fusil o Implement Action en la execrable lengua anglosajona. Este curioso chisme se suministraba a razón de cinco unidades en cada embalaje con 20 fusiles o carabinas, llegándose a producir un total de 15.790 unidades entre 1874 y 1882. Sus utilidades son: 

1: Destornillador para tornillos pequeños.

2: Codo de la herramienta que permitía usarla como martillo para golpear el punzón para extraer pasadores.

3: Destornillador mediano.

4: Destornillador para el tapón trasero del bloque de cierre.

5: Botador/punzón

6: Solapa que, usándola en combinación con una de las herramientas, actuaba como un pequeño alicate para presionar e introducir el pasador partido que sujetaba el bloque de cierre.

7: Aguja retráctil de limpieza para eliminar mugre de los recovecos, el orificio del percutor o de los pasadores.

Las herramientas quedaban en poder de los suboficiales si bien imagino que todo el que podía trincaba una para él solo.


Y por otro lado, ese curioso chisme que permitía a los instructores de tiro comprobar si los reclutas apuntaban adecuadamente. Denominado oficialmente como Auxiliary Sight Aiming (Mira auxiliar de puntería), se colocaba tal como vemos en las fotos, atornilladas en el alza y delante del punto de mira. El alza no creo que precise explicación, y el punto consistía en el disco que vemos en el centro del tornillo entre dos contratuercas que lo inmovilizaban. Una vez que el instructor calibraba la mira auxiliar, cada recluta iba pasando por la prueba. Cuando decía que ya estaba apuntando, el instructor comprobaba si lo hacía correctamente o le daba las instrucciones adecuada para que lo hiciera bien. Sino se aclaraba, le daba seis collejas y lo mandaba a pelar patatas para todo el regimiento. Este práctico accesorio se introdujo en marzo de 1878, y ciertamente debió ahorrar cantidades ingentes de munición por parte de la tropa que no tenía ni puñetera idea de como apuntar correctamente. 

En fin, esto es todo. Espero que les haya resultado interesante, que chinchen a sus cuñados y esas cosas que se dicen. Y como es la hora de reponer energías, me piro, vampiro.

Hale, he dicho


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Esto que ven era una de las principales causas por la que se insistía en efectuar un fuego pausado. Generalmente se suele
considerar que era para evitar un gasto excesivo de munición y apuntar cuidadosamente para no desperdiciar ni un cartucho,
lo cual es cierto, pero pocos saben que había una tercera razón: el humo de la pólvora. Varias descargas seguidas sin que
hiciera aire que disipara la espesa nube de humo hacía invisible al enemigo. Las tropas debían dejar de disparar para
esperar a que se aclarase la humareda acre de la pólvora negra, momento en que los enemigos aprovechaban para
aproximarse e intentar llegar al cuerpo a cuerpo. Más de una vez, los british vieron salir de entre el humo a las hordas de
zulúes, sudaneses, etc. a escasa distancia y sin dar tiempo más que a intentar rechazarlos a bayonetazos. Hale, ya saben
una cosa más.