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martes, 28 de mayo de 2024

HASTA VELITARIS

 

Grupos de VELITES infiltrándose entre los paquidermos enemigos, a los que hostigan arrojándole sus aguzadas jabalinas para cabrearlos y romper la formación

Hace ya varios cientos de lustros virtuales publicamos un articulillo sobre los VELITES, la infantería ligera del ejército romano durante la República. Como recordarán, y si no lo recuerdan echen un vistazo al mismo pinchando en el enlace, estos probos homicidas eran los ciudadanos-soldados con menos poder adquisitivo de la augusta Roma. Como ya se explicó en su día, en aquellos tiempos, la aspirante a capital del imperio carecía de ejército profesional, por lo que cada ciudadano acudía a la llamada de las armas pagándose su panoplia de su bolsillo y, por ende, era destinado a una unidad conforme a las características del mismo. El ejército se dividía en HASTATI, PRINCIPES y TRIARII, que conformaban la infantería pesada, más los EQVITES pertenecientes a las clases más pudientes ya que podían pagarse un penco para no tener que caminar mucho. Los menos pudientes eran los VELITES (hagan el favor de pronunciar "uelites", con U), que nutrían la infantería ligera y que, por la misma razón, eran los menos pudientes de todos. 

VELES dispuesto para el combate. Su mínimo armamento
defensivo, limitado a la PARMA, le permitía más agilidad
y velocidad que sus compañeros de la infantería pesada

Cada legión contaba entre sus efectivos con 1.200 VELITES cuya misión era mucho más importante de lo que se suele pensar, siendo generalmente más tenida en cuenta la infantería pesada que se movía por el campo de batalla conforme al despliegue táctico propio de los helenos, la falange, pero sin el apoyo de los VELITES podían tenerlo bastante crudo. Estos hombres, generalmente los más jóvenes del ejército- de ahí por lo general sus escasos medios económicos-, podían ofrecer dos ventajas innegables: una, su juventud y agilidad les permitían moverse rápidamente donde su presencia era requerida; y dos, su escaso armamento les facilitaba esa rapidez para desplegarse, si bien no por ello ofrecían una capacidad ofensiva despreciable. Como ya vimos en su momento, su panoplia defensiva se limitaba a un casco baratucho de bronce o, simplemente, nada, y a una PARMA, una rodela mucho más liviana y manejable que el SCVTVM de la infantería pesada. En cuando a las arma ofensivas, solo portaban un gladio o un puñal y tres o cuatro HASTÆ VELITARIS, unos dardos de pequeño tamaño que eran la base de su panoplia y con los que hacían mucho más daño de lo que imaginan. Sin embargo, poco se habla de esas armas que, a lo tonto, eran capaces de deshacer una carga de caballería, de elefantes o de diezmar un cuadro de infantería enemiga, tras lo cual salían echando leches a sus líneas en busca de la protección que les brindaban sus compañeros de armas. El gladio quedaba relegado a las escasas ocasiones en las que se veían obligados a llegar al cuerpo a cuerpo, por lo que su arma principal era el HASTA VELITARIS o VERUTVM, un chisme bastante ignorado y que, por ello, será el protagonista de este articulillo. Bueno, al grano...

Ojo, que eso de la infantería ligera tampoco lo inventaron los
romanos. Ahí ven a un peltasta tracio dando guerra en tiempos
del macedonio Alejandro, allá por el 300 a.C. Como se puede
comprobar, su panoplia es idéntica a la romana

Ante todo, debemos tener en cuenta algunos detalles que se suelen pasar por alto. Como ya saben, la infantería pesada procedía al lanzamiento de sus PILA tras el IMPETVS contra la formación enemiga. Al marchar en filas compactas, las probabilidades de herir o matar a un enemigo eran bastante grandes, por lo que el infante no tenía que ser un fenómeno a la hora de buscar precisión en sus lanzamientos. Con ser capaz de cubrir la distancia habitual ya había cumplido. Su PILVM, provisto de una enorme capacidad de penetración, atravesaría el escudo de cualquier cuñado con la energía suficiente para herirlo o, en el peor de los casos, obligarle a soltar el escudo porque el peso de la lanza lo hacía inmanejable, y pretender arrancarlo en plena fiesta era misión imposible. Sin embargo, el VELES se veía obligado a tener una precisión mucho mayor tanto en cuanto no solía arrojar sus HASTÆ VELITARIS contra una masa compacta, sino contra objetivos mucho más dispersos: infantería ligera enemiga durante una escaramuza, caballería que se cruzaba con ellos a toda velocidad o incluso diez o doce elefantes que, aunque lentos y torpones, iban tripulados por uno o dos arqueros que podían mantener a distancia a los VELITES antes de que estos pudieran ofenderlos. Por lo tanto, tenían que tener una destreza notable en el lanzamiento de sus dardos, y no le quedaba otra que aprovechar cada uno de ellos si no querían verse "sin munición" en plena movida. Luego hablaremos con detalle de la dotación de VERVTI de la que disponían. Como es obvio, lograr esa destreza en un ejército profesional en el que se podían pasar horas practicando no tenía ningún misterio, pero cuando se era el ciudadano panadero, el ciudadano curtidor o el ciudadano albañil que acudían a la llamadas de las armas de higos a brevas, la cosa ya no era tan fácil. Un currante tenía que calentar el puchero a diario, y no tenía mucho interés y aún menos tiempo para irse a un descampado a hacer prácticas.

VELITES cabreando seriamente a los cartagineses que tripulan un elefante un
poco pasado de tamaño para los que se usaban en realidad. En todo caso, un
grupo de estos infantes podía convertir al paquidermo en un acerico en un
periquete, matándolo por la abundante hemorragia producida por las HASTÆ
VELITARIS
que penetraban hasta sus entrañas

Y no solo tenían que adquirir la destreza necesaria para acertar en el blanco, sino también la potencia mínima para lograr el máximo alcance posible con la suficiente energía como para ofender a los enemigos. Como ya sabemos, la energía cinética se obtiene de la masa y la velocidad del proyectil, por lo que un dardo ligero, pero muy rápido o pesado pero muy ligero o lento no tenían la efectividad que lograba una combinación de ambos factores- velocidad y masa- capaz de perforar un escudo o una coraza enemigos y, además, hacer carne y penetrar en el cuerpo produciendo una herida grave o mortal. Y, por otro lado, cuanto más alcance se lograse, más fácil era mantener alejados a los enemigos ávidos de devorar sus vísceras bien regadas con GARVM. En resumen, ser destinado como VELES no era precisamente ningún chollo, y más si consideramos que eran los primeros en empezar a establecer escaramuzas con el enemigo, acudir con presteza como apoyo al lugar del campo de batalla donde hicieran falta refuerzos o adelantarse al ejército para realizar o prevenir emboscadas o divisar los movimientos enemigos. ¿Qué cómo sabemos si estos ciudadanos eran capaces de alcanzar la destreza necesaria para el desempeño de sus funciones? Pues esa es la cosa, que no lo sabemos. Nadie ha dejado constancia de las actividades del personal cuando no estaban sujetos a filas y se dedicaban a sus oficios, de modo que, lo más que podemos hacer es suponer que, en efecto, dedicarían parte de su tiempo a ir adquiriendo cada vez más destreza en el manejo de las armas, entre otras cosas porque les iba la vida en ello.

VELES con su panoplia al completo. Obsérvense los distintos yelmos que
solían emplear. Los tres superiores son del tipo Montefortino galo que fue
adoptado por todo el ejército romano
Bien, la cosa es que no han llegado a nosotros testimonios gráficos de los VELITES, ni en forma escultórica ni pictórica. Supongo que nadie mandaría decorar su TABLINVM (el despacho del PATER FAMILIAS) o el ATRIVM con las tropas más pobretonas del ejército, prefiriendo poner al peleida Aquiles dándole estopa al priamida Héctor ante los muros de Troya o, mejor aún, a Vercingétorix humillado ante Roma. Sin embargo, afortunadamente, sí disponemos de fuentes históricas solventes con las que reconstruir de forma bastante aproximada el aspecto de estos inopes homicidas. La más detallada procede de Polibio, el cual fue enviado como rehén a Roma en 167 a.C. tras la batalla de Pidna y tuvo ocasión de empaparse a fondo acerca del universo de los futuros amos del mundo. En su Libro VI de "Historias" nos dice que a los VELITES "...se les ordena llevar una espada, jabalinas y un escudo, el cual es fuerte y lo suficientemente grande como para brindar protección, es circular y mide tres pies de diámetro (1 metro). También usan un casco sencillo, y a veces lo cubren con una piel de lobo o algo similar para protegerse y actuar como un distintivo por el cual sus jefes pueden reconocerlos y juzgar si luchan con valentía o no". 

Y de la misma forma que nos describió a los VELITES, Polibio también se tomó la molestia de legarnos en aspecto de su arma principal, la HASTA VELITARIS. Con todo, debemos tener en cuenta un detalle, y es que no había una estandarización en lo referente a su longitud y tipo de moharra. Al cabo, los PILA de la infantería pesada tampoco observaban una uniformidad determinada, y en ambos casos podemos decir que, partiendo de un patrón básico, cada unidad o en cada provincia se fabricaban de una forma u otra, quizás considerando el enemigo a batir. No era lo mismo tener que vulnerar la gruesa piel de un elefante que el fino pellejo de un nubio, por poner un ejemplo. 

Bien, según el probo Polibio, la HASTA VELITARIS tenía un asta de dos codos de longitud (90 cm.), y estaba armada con una moharra de alrededor de un palmo, uséase, unos 20 cm. si bien en este detalle nos extenderemos un poco más adelante. Su morfología era más básica que la sesera de un alcalde de pueblo: un cubo de enmangue del que emergía una larga pica cuadrangular que se iba afilando hacia la punta hasta convertirla literalmente en una aguja o bien en una mínima pirámide, también cuadrangular, lo que aumentaba enormemente su poder de penetración. El grosor del asta, en base a los ejemplares que se han hallado, oscilaba entre los 17 y los 19 mm., y se solían usar maderas muy densas para aumentar el peso de estas armas y dar, en lo posible, más estabilidad a su vuelo. Generalmente se recurría al fresno o al cornejo, un arbusto que produce gran cantidad de ramas bastante derechitas y que, como su nombre genérico indica, era duro como un cuerno (CORNVS, de donde proviene el término cornejo). Esto no era óbice para que se emplearan otros tipos de madera en caso de no disponer de las mencionadas, como haya, castaño, etc. En la ilustración de la izquierda hemos recreado las moharras más generalizadas de estos chismes. En A podemos ver una cuyo proceso de forjado está casi concluido. Tras dar forma a la moharra, se bate el extremo inferior hasta convertirlo en una lámina, la cual será enrollada para formar el cubo de enmangue tal como vemos en B. El cubo no se soldaba, sino que ambos extremos de la chapa se solapaban sin más. Al ser unida la moharra al asta mediante un pasador remachado, el conjunto era lo bastante sólido. En C tenemos otra tipología, en este caso la descrita por Polibio: un hierro aguzado de sección cuadrangular sin más y el cubo de enmangue. 

Varias moharras procedentes del yacimiento de Šmihel, en Eslovenia.
Se pueden apreciar los diversos grados de deformación de las mismas
Estas moharras se deformaban fácilmente tanto al impactar contra un escudo enemigo como si se clavaban en el suelo. ¿Recuerdan la famosa polémica acerca de este efecto provocado en los PILA? Bueno, pues aquí no hay polémicas ni leches. Esos hierros tan finos se doblaban una cosa mala, y se tiene constancia de ello gracias a la cantidad de ejemplares hallados en contextos que no dejan lugar a dudas. Más aún, al clavarse en un escudo, lo habitual era que se deformasen aún más si se intentaba extraer, por lo que tenía lugar el archimanido efecto que obligaba al dueño del escudo a deshacerse de él por razones obvias, dejándolo descubierto ante sus enemigos. Siendo la dotación de HASTÆ VELITARIS más bien escasita- tres o, a lo sumo, cuatro unidades-, y considerando que en una simple escaramuza inicial podían agotarlos, parece ser que los reparaban en plena batalla. Marco Anneo Lucano lo explica claramente cuando dice que "...TVNC OMNIS LANCEA SAXO ERIGITVR" (... luego, las lanzas se enderezaban con una piedra), lo que nos induce a pensar que, tras un choque inicial y como era norma en los VELITES, estos se retiraban tras los HASTATI hasta que llegase el momento de actuar nuevamente, momento que aprovecharían para, tras recoger las HASTÆ tiradas por el suelo, enderezar en lo posible las moharras golpeándolas con una piedra. No debía ser muy complicado tanto en cuando no estaban templadas. Aún más, al final de la batalla se podrían recoger y ponerlas en manos de los herreros de la legión, que las repararían a base de forja o, llegado el caso, cortarían la parte deteriorada y las afilarían de nuevo, lo que explicaría la diferencia de longitudes entre moharras.

Pero este diseño no era precisamente óptimo, especialmente en lo tocante a la precisión. Su corta asta y su escaso peso le daban una trayectoria bastante errática, de forma que más allá de los 15 o 20 metros a lo sumo era francamente difícil acertar a un blanco con forma y tamaño de primate. A todo ello contribuía el mínimo diámetro del asta, que impedía un agarre capaz de impulsar el arma aprovechando al máximo la fuerza del tirador, como ocurría con el PILVM. Observen la foto de la izquierda, donde podemos apreciar el agarre de una jabalina. Un asta de 15 o 20 mm. de diámetro se pierde en la mano, que cuando más grande sea peor lo tiene para obtener un buen lanzamiento. Si alguna vez han jugado a las batallitas, quizás recuerden que el impulso lo da solo la base del dedo índice, desaprovechando el potencial que proporciona el conjunto de la mano y la muñeca. Para remediarlo, los VELITES equipaban sus HASTÆ con un mínimo accesorio más antiguo que la tos, que como está mandado tampoco inventaron ellos y que les permitía mejorar notablemente el rendimiento del arma: el AMENTVM.

El AMENTVM era algo tan simple como una lazada hecha con una tira de cuero de unos 8 o 10 mm. de ancho que ya usaban tanto los guerreros como los atletas griegos en sus juegos olímpicos. De hecho, hay mogollón de testimonios gráficos de la época en los que aparecen probos lanzadores arrojando sus jabalinas provistos de este accesorio. En lo tocante a nuestros imperialistas, Polibio no hizo mención al mismo cuando describió a los VELITES, pero sabemos que lo usaban gracias a Cicerón, que menciona las HASTÆ VELITIBVS AMENTATÆ, uséase, las jabalinas de VELITES provistas de AMENTVM. AMENTVM es un palabro que no tiene traducción a otros idiomas actuales, y en sus Etimologías, mi paisano Isidoro se limita a decir que "... es una correa que se adapta a la parte central del asta de las armas arrojadizas. Y se denomina AMENTVM porque, atada en medio de la lanza, facilita su lanzamiento." Esta lazada birriosa era la clave para convertir una jabalina poco eficiente en un arma absolutamente temible ya que, además de impulsarla con más fuerza y velocidad, lo que aumentaba su energía cinética, le proporcionaba una trayectoria mucho más estable, tensa y, por ende más precisa. Un VELES bien adiestrado en su manejo pasaba de ser una simple mosca cojonera a un tábano que, si te picaba con su VERVTVM, te podía pasar de lado a lado como sardinilla malagueña en espeto. Pero no crean que el AMENTVM era una simple tira de cuero que se ponía en cualquier sitio y santas pascuas. Antes al contrario, su manejo requería una depurada técnica, y en función de las circunstancias se podía recurrir a más de una forma de uso.

Ante todo, el VELES debía estar muy familiarizado con sus armas y conocer el punto exacto del centro de gravedad, donde debía empuñarla. Hacerlo más adelante o más atrás darían como resultado un lanzamiento pésimo y, peor aún, con un alcance mínimo. El método de lanzamiento más habitual lo vemos en las fotos de la izquierda, por el que el asta se apoyaba en la mano siendo sujetada por los dedos meñique, anular y pulgar. El AMENTVM, de unos 20-25 cm. de largo, debía situarse de forma que el bucle quedara justo en el centro de gravedad del arma para obtener las mejores prestaciones. Dicho centro de gravedad lo hemos marcado de rojo en ambas astas. En cuanto a la forma de fijar el AMENTVM, tenemos dos, cada cual a elegir por su usuario. En A vemos un AMENTVM unido al asta mediante un nudo que podía incluso reforzarse con un pequeño clavo. Como es obvio, era la unión más sólida ya que impedía que la tira de cuero se deslizase por el asta en el momento del lanzamiento pero, por contra, si el AMENTVM se alargaba por el uso o una humedad excesiva, podía variar por completo las prestaciones del lanzamiento. En B tenemos otra forma, basada simplemente en un bucle (Fig. B') que se desliza hasta que el AMENTVM quede a la distancia exacta, dando así a más opciones según las circunstancias. Sea como fuere, en ambos casos el lanzamiento se realiza impulsando el arma con los dedos más potentes de la mano, el índice y el corazón.

A la derecha tenemos otra forma de colocar el AMENTVM. En este caso, y con la correa fijada de las dos maneras que ya hemos visto, se le da una vuelta alrededor del asta con la finalidad de imprimir al arma una rotación similar a la de un proyectil moderno. La idea era, como ya podrán imaginar, mejorar la estabilidad del vuelo hacia el objetivo. No obstante, había que calcular bien la porción de correa que envolvía el asta ya que, caso de darle más de una vuelta, el giro resultante hacía que a, a partir de los 15 metros aproximadamente, el arma girase en sentido lateral, impactando de lado y no de punta ya que al dar más vueltas al AMENTVM, este se aleja del centro de gravedad del arma, empeorando en lanzamiento. Todas estas experiencias son resultado, como ya supondrán, de pruebas llevadas a cabo actualmente con réplicas basadas en la descripción de Polibio, que dan como resultado una HASTA VELITARIS de aproximadamente 500 gramos de peso incluyendo el de una moharra de 210 gramos y una longitud total de 115 cm. 

VELES en plena acción. Observen cómo empuña
su VERVTVM, y los dedos índice y corazón metidos
en el AMENTVM
En cuanto a las prestaciones obtenidas, la diferencia entre usar o no el AMENTVM es notable. Lanzándolo sin el mismo, la distancia obtenida oscila entre los 30-35 metros si el lanzamiento se realizaba en una posición estática. Si por el contrario se efectúa tras una carrera previa, se puede alargar hasta los 35-37 metros. Sin embargo, con el AMENTVM usado de la forma más habitual, que es la que vimos en primer lugar, el alcance se alarga hasta los 50-55 metros tanto si se lanza en posición estática como con carrera previa. Con el AMENTVM enrollado en el asta, la distancia se reducía un poco, alrededor de los 45-50 metros como máximo. No obstante, esto supone alrededor de un 40-50% más de alcance que sin el AMENTVM. En lo tocante a la capacidad de penetración sobre una coraza o peto de bronce, con el blanco a 15 metros o menos,  sin AMENTVM se obtienen unos 11 mm., suficientes para provocar al menos una herida superficial. Curiosamente, a distancias cortas el rendimiento del AMENTVM es inferior, alcanzando solo 90 mm. Pero a 25 metros los resultados se invierten, logrando 60 mm. sin AMENTVM y 70 con el mismo. Obviamente, si el enemigo era alcanzado en una zona de su anatomía sin protección ya podía encomendarse a los dioses y tal, porque quedaba listo de papeles en un periquete.

Y para concluir, la enésima duda que devana las seseras de los aficionados a estos temas. ¿Cuál  era la dotación de VERVTI de los VELITES? Livio menciona que el número de jabalinas era de siete por hombre, y ciertamente hay testimonio de ello. En la foto de la derecha podemos ver el monumento funerario datado en el siglo III d.C. de un tal Aurelio Muciano, que en su mano derecha empuña una especie de carcaj con al menos seis HASTÆ (puede que sean más). Sin embargo, salta a la vista que tantas astas, por finas que fuesen, no cabrían en una mano que, además, tenía que empuñar la manija del escudo. Por otro lado, no parece lógico que unas tropas a las que ante todo se les exigía movilidad y rapidez se vieran entorpecidos por ese chisme colgando de la espalda. Así pues, en lo que a mí respecta, solo caben dos opciones partiendo de la base que cada VELES no portaba en combate más de tres.

Opción 1: Cabe la posibilidad de que llevasen encima HASTÆ con distintos tipos de moharra, según el enemigo  batir. Antes de entrar en combate, se extraían del carcaj las más adecuadas, quedando el resto depositadas en el suelo a la espera del regreso de sus dueños.

Opción 2: Eran todas iguales, pero como solo podía llevar tres o, si acaso, cuatro si el VELES tenía una manaza importante, pues permanecían de reserva. De ese modo, tras volver de un primer choque con el enemigo podían reponer las HASTÆ perdidas o inutilizadas independientemente de que pudieran enderezar las que tenían tiempo de recoger durante su retirada.

Bien, con todo lo dicho colijo que ya saben algo sobre unas armas de las que sabían más bien poco o nada, de modo que ya tienen otra herramienta más para chinchar a sus miserables cuñados. Y tras varios meses de sequía, esperemos que con la llegada de la joía caló la musa de los cojones no vuelva a tomar la de Villadiego, que estas últimas vacaciones han sido más bien un año sabático, qué carajo.

CETERVM CENSEO PETRVM SANCHODICI ESSE DELENDAM

Hale, he dicho

Los VELITES se reagrupan tras los HASTATI tras una escaramuza inicial contra los elefantes púnicos, algunos de los cuales vemos en franca huida ya que sus conductores han palmado o se ven sin el combatiente que les acompañaba

miércoles, 17 de mayo de 2023

CANIS PVGNAX

 


De un tiempo a esta parte, parece que ha proliferado la idea de que los romanos hicieron uso de los perros de guerra, los temibles CANIS PVGNAX, perros de combate. De hecho, desde muchos siglos antes tenemos sobrados testimonios gráficos que demuestran que otras culturas anteriores sí emplearon perros con fines bélicos, por lo que no sería raro que un ejército como el romano no se dignara copiar a sus enemigos, como era habitual entre ellos. Pero, ¿qué hay de verdad en esto? Veamos qué podemos averiguar al respecto... 

INTROITO

En su momento, ya dedicamos un par de articulillos dedicados a los perros de guerra, uno más bien generalista y otro dedicado a los chuchos peligrosos llevados por los españoles a conocer el Nuevo Mundo. Como ya se comentó, el uso militar de estos animales es más antiguo que la tos, y desde hace miles de años ya formaban parte de los ejércitos de las potencias de la época. En la ilustración de la derecha podemos ver al joven Tutankamón (c. 1342 a.C. - c.1325 a.C.) en plan victorioso, disparando su arco mientras tripula su carro de guerra. Si nos fijamos en la escena que tiene lugar debajo de los pencos del tiro, podemos ver como dos chuchos muy agresivos se entretienen mordisqueando sañudamente las cabezas de dos nubios. Esa imagen, aparentemente intrascendente, nos revela mucho más que todas las batallitas perrunas que nos pueda contar algún cuñado que se compró anteayer un rottweiler para acojonar al chiguagua de la vecina porque se mea en el macetón del portal de entrada al edificio.

Apostaría mi augusta pelambrera facial a que nunca han caído en un detalle, y es que la selectiva agresividad perruna no es fruto de su naturaleza, sino de la manipulación humana. Se calcula que los perros conviven con el hombre desde hace unos 30.000 años, más de lo que dura una hipoteca, que ya es decir, por lo que hemos tenido tiempo sobrado para, a base de cruces y adiestramiento, someter la psique de estos animales para que sean útiles en los cometidos más dispares, desde la caza a la guerra, pasando por la búsqueda, la guardia, la guía y protección de rebaños o incluso hacer monadas para hacernos compañía. En la foto de la izquierda tienen un ejemplo: una pintura rupestre hallada en los Montes Akakus (Libia), datada hace unos 12.000 años, que nos muestra a tres perros acosando a un antílope. Pero la cuestión es que estos perros no perseguían a la presa para zampársela, sino porque su dueño les había ordenado perseguirla ya que los antílopes corren más deprisa que los humanos y nos resultaba más fácil enviar tras ellos animales igual de veloces y con su agresividad sometida a nuestra voluntad.

Grabado de Bartolomeo Pinelli (1829) que muestra la ejecución de un
ciudadano romano, adversario de Domiciano, despedazado por perros
de presa. Obviamente, solo mediante una manipulación de su instinto
se consigue que unos animales ataquen ferozmente sin motivo alguno

Ahí es donde está la madre del cordero: hemos sido capaces de manipular los instintos agresivos de una especie en beneficio propio. Los predadores en libertad solo atacan si se sienten amenazados o para trincar algún bicho con el que aplacar su hambre. Pero si están saciados y el visitante no hace nada que les haga suponer que es un peligro, no le harán ni caso. Se limitarán a observarlo mientras pasa de largo y santas pascuas. Un león, una manada de lobos o un oso, no atacarán sin motivo. Un perro sí, en el mismo instante en que su amo se lo ordene. El nivel de manipulación ha llegado a tal extremo que pueden pasar de la fiereza más furibunda a menear la cola reclamando una caricia literalmente en un segundo. Bastará una orden para que el perro que dormita apaciblemente se convierta en un energúmeno ávido de vísceras, y en el momento en que se produzca la contraorden volverá a retomar su indolencia habitual aunque el objetivo de su ataque siga presente. En resumen, hemos sido capaces de convertir a estos animales en pseudo-autómatas que incluso llegan a dejarse matar con tal de obedecer la orden recibida. Un toro de lidia ataca porque se ve acorralado, sin posibilidad de escapar del coso, y acaba muerto porque no ha podido largarse con viento fresco. Pero ese mismo toro, en mitad de la dehesa, se irá echando leches en el instante en que note lo que duelen los puyazos y las banderillas, y que no hay forma de cornear al fulano vestido de colorines que lo chulea con un trozo de franela roja. Su agresividad es la natural, la defensiva. La del perro, además de natural, es impuesta por la voluntad del hombre.

Bajorrelieve asirio ubicado en Nínive y datado hacia el siglo VII a.C.
que muestra a un guerrero hostigando a un hipotético enemigo con
su lanza, mientras que su perro, un animal de buen tamaño, se
muestra en actitud agresiva con la cola enhiesta y ladrando
En fin, creo que queda aclarado un aspecto que, por visto cotidianamente, lo consideramos como una faceta innata del carácter perruno cuando la realidad es muy distinta. El hombre, desde que empezó a convivir con estos animales, puso tal empeño en modificar sus instintos naturales que hasta consiguió que los contuviera, como por ejemplo ocurre en los perros de muestra o de cobro, que se limitan a señalar dónde se encuentra la presa en vez de abalanzarse sobre ella, o los buscan incluso bajo el agua para recuperar las piezas abatidas. Esto no es un acto natural, es, repetimos, una manipulación que, tras cientos y cientos de generaciones, se ha convertido en lo más normal del mundo. Y lo mismo ocurre con los perros que en su día se destinaron a la guerra ya que desencadenaban su ferocidad obedeciendo una orden, no porque vieran en los enemigos posibles presas. Y, ojo, estos animales estaban tan bien entrenados que podían distinguir en plena vorágine a quiénes tenían que soltar la dentellada en la pantorrilla, lo que indica que su adiestramiento se había llevado a cabo de forma concienzuda y eficaz.

Mosaico aparecido en la que fue la casa de Publio Paquio Próculo,
en Pompeya. Nos muestra un perro guardián atado a lo que parece
la puerta de la casa si bien los adornos de la misma- un hacha bipenne,
una lanza y un escudo- podrían sugerir un entorno militar
Bien, la cosa es que no son pocos los autores clásicos que hacen referencia al uso de perros en los ejércitos, especialmente los de Oriente Próximo, los de las naciones situadas en los Balcanes y los griegos. Sus facetas más habituales como el pastoreo, la guarda de rebaños o el pisteo de piezas de caza se vieron aumentadas con las de vigilancia de campamentos o ciudades, incluyendo el ataque a posibles intrusos y a la persecución de huidos del campo de batalla. Ya en el siglo IV a.C., Eneas el Táctico recomendaba encadenar chuchos en el exterior de las ciudades y fortificaciones sitiadas para que, en caso de que los enemigos intentasen un golpe de mano con nocturnidad y alevosía, los ladridos de los perros pusieran sobre aviso a los centinelas, que desde siempre han tenido la fea costumbre de quedarse fritos durante las guardias. También recomendaba que estos centinelas hicieran sus rondas acompañados de perros que, obviamente, veían y oían mejor de noche que sus guías. Eso sí, se supone que no liarían un caos como el que narré sobre el phantasma que apareció en la pista de Tablada. También, según Eneas, se usaban perros como correos cual paloma mensajera terrestre. Se les colocaba el mensaje debajo del collar y partían hacia su destino, para a continuación volver al punto de origen. Cabe suponer que no eran tan listos como para indicarles un itinerario concreto, pero sí lo suficiente como para habituarlos a hacer un determinado recorrido de ida y vuelta, similar al de los perros mensajeros que se usaban en la Gran Guerra cuando la artillería volatilizaba las líneas telefónicas.

Cane corso. Según la opinión de muchos, es el descendiente
directo del CANIS PVGNAX. Lo malo es que nadie sabe cómo
era en realidad el CANIS PVGNAX
Pero, como comentábamos al principio de este articulillo, prácticamente no hay referencias acerca del uso de perros por parte del ejército romano o, al menos, de perros de guerra tal como los conocemos. Hoy día han surgido bastantes opiniones que afirman que estos probos imperialistas emplearon grandes cantidades de chuchos peligrosos para lanzarlos contra sus enemigos a pesar de que ni un solo historiador latino haga mención a ese hecho. Más aún, conociendo como conocemos la forma de combatir de las legiones, así como su despliegue táctico en el terreno, el uso de perros de guerra se nos antoja bastante complicado, por lo que los únicos cometidos viables para ellos sería como perros de guarda en los campamentos, para perseguir fugitivos tanto enemigos como desertores y como mensajeros. Sea como fuere, creo que es más que obvio que, de haber sido usados en combate, los historiadores romanos que dejaron pelos y señales de todo lo referente a sus guerras nos habrían hecho llegar información al respecto.

Sin embargo, si hay bastantes testimonios de tropas romanas atacadas por perros, o tuvieron ocasión de ver como determinadas razas se mostraban especialmente útiles para determinados fines castrenses, empezando por los molosos. Estos chuchos, originarios de Molosia, en el Épiro, eran animales grandes, fuertes y especialmente agresivos. Por su aspecto, algunos los consideran como los antepasados del mastín napolitano o del cane corso, una raza de apariencia similar al alano español y que se usa como perro de presa. Para hacernos una idea, podemos tomar como modelo el famoso "Perro de Jennings" (foto de la derecha), una escultura de mármol copia de una original griega en bronce ya desaparecida y que estaría datada hacia el siglo II d.C. Como vemos, su aspecto es el de un perro de presa en toda regla: grande, musculoso, con una generosa papada, hocico corto y orejas cortadas. Un perro así puede convertirse en un enemigo temible, capaz de matar sin problemas a un hombre si este no sabe defenderse o se deja dominar por el miedo.

Y, al igual que los pueblos originarios de Grecia y los Balcanes usaron perros contra los invasores romanos, también lo hicieron los celtas a raíz de la primera visita a la isla llevada a cabo por Gaio Julio César a partir del 56 a.C. Parece ser que esta gente tenía especial apego a sus perros si bien no estaban concebidos exclusivamente para la guerra, sino como un animal polivalente que igual valía para cazar que para proteger la aldea o mordisquearle las canillas a un romano. De hecho, los perros eran un motivo recurrente en el monetario celta, y presentan animales que, por su aspecto, bien podrían ser los ancestros de los actuales galgos irlandeses, unos cánidos grandes, veloces, muy fuertes y perfectamente válidos para defender un rebaño del acoso de los lobos o para perseguir a un agresivo jabalí, aparte de guardar la casa o la aldea. Según Plinio, los perros celtas (grabado de la izquierda) se distinguían por una especial ferocidad y una lealtad granítica hacia sus amos, hasta el extremo de que, tras la conquista de la isla en tiempos de Clau-Clau-Claudio, se empezaron a exportar PVGNACES BRITANNIÆ (britanos de combate), creándose incluso la figura de un PROCVRATOR CINEGII encargado de la selección de los mejores ejemplares para exportarlos a Roma.

Más lógico es lo que vemos en la foto: un moloso con su guía, que
se encargaba de cuidarlo y tal, y cuya misión era ante todo la vigilancia
del CASTRVM, pero no la de combatir
Pero, una vez más, insistimos en que esto no significa que el ejército adoptara perros de guerra. Los datos de los que disponemos, bastante ambiguos, solo sugieren que los romanos criaron perros molosos, pero no se concreta con qué fines. Es evidente que si hubiesen sido destinados a las legiones, habría datos sobre los encargados de adiestrarlos, mantenerlos y alimentarlos. Si las crónicas nos han legado hasta los nombres de los caballos de carreras más afamados, ¿no iba a haber un solo chucho heroico que apareciese en las historias de la época? De todo ello, podemos colegir lo más probable, que no es otra cosa que la selección de animales de determinadas razas para obtener ejemplares que se adaptaran a sus necesidades más perentorias, y entre ellas no estaba precisamente la de ir a la guerra. El despliegue en el campo de batalla de las legiones era algo muy complejo, y azuzar una jauría de perros contra enemigos bien armados no causaría ni remotamente el mismo efecto que un lanzamiento masivo de PILA tras el IMPETVS. Más aún, los perros, fuera de sí por su agresividad desaforada, serían ingobernables en la vorágine de la batalla, y por lo tanto inservibles.

Por lo tanto, los perros que acompañaban a las legiones debían ser mucho más útiles como guardianes, para pistear enemigos ocultos, atacar pequeños contingentes de merodeadores y llevar mensajes. Pero esa imagen de video-juego donde aparecen tropocientos chuchos con sus respectivos guías que se abalanzan sin dudarlo contra el enemigo, como que no. Este tipo de imágenes como la que vemos a la izquierda, donde un legionario cachas sujeta a su perro antes de azuzarlo contra el enemigo no tiene base histórica alguna, y no es mencionada en una sola crónica. Se siente, pero las cosas son a veces así de decepcionantes. Ya me dirán cuántos perros harían falta para hacer retroceder a una caterva de germanos cabreados, bien armados y a los que bastaba un tajo de espada para descabezar a su enemigo de cuatro patas.

En resumen, me temo que el pavoroso CANIS PVGNAX estaba destinado a otros menesteres menos castrenses y más domésticos y, sobre todo, circenses. Como sabemos, en las VENATIONES se efectuaban simulacros de cacerías de fieras donde se acosaba y daba muerte a tigres, leones, osos y demás animalitos especialmente fieros y fuertes. Para ayudar a los VENATORES y BESTIARII, es evidente que hacían falta algo más que perros falderos, y para ello nada mejor que recurrir a los enormes molosos que, formando una jauría, podrían sujetar a una fiera agotada para que el figura de turno lo rematase de un lanzazo.  En el fragmento de la derecha vemos una escena de una VENATIO en la que dos perros que parecen lebreles acosan a un gamo y un antílope, lo que demuestra que su uso en estos espectáculos debía ser habitual. 
Por otro lado tenemos la opción del BESTIARIVS que se enfrentaba a uno o más perros, o los fulanos que eran condenado a morir AD BESTAS, y para ello nada mejor que un perro adiestrado para atacar. Esperar a que un león se abalance contra un hombre inmóvil e indefenso podía ser desesperante, pero uno o más perros adiestrados para atacar lo harían en cuanto su guía lo ordenase, abreviando la espera para regodeo del sádico público asistente. Finalmente, podemos también considerar las peleas de perros, igual de entretenidas para el respetable que las de leones o entre perros con cualquier otro bicho. 

Y concluyamos, que ya es hora de merendar. No hemos entrado a analizar el uso bélico de otros pueblos que, en estos casos, sí hicieron uso de perros de guerra, pero estos no eran el objeto de este articulillo. Aquí hemos tratado de indagar si, verdaderamente, las legiones emplearon perros de combate, y por lo que vemos no fue así. No hay referencias al respecto, y las mínimas representaciones artísticas no conducen a nada claro. Por citar una, tenemos una escena de la Columna de Marco Aurelio en la que vemos unos perros desembarcando junto a las tropas en el contexto de la campaña del Danubio. Pero la presencia de esos dos únicos perros más bien nos indican que eran perros guardianes, no perros de guerra.  No vemos en ninguna parte los cientos de animales que harían falta para ofender a un ejército formado por miles de hombres. 

CAVE CANEM. CUÑADOS, VADE RETRO
Finalmente, una consideración de tipo semántico: PVGNARE significa luchar, por lo que un CANIS PVGNAX era un perro de lucha, pero de la misma forma que nosotros clasificamos como perros de presa a determinadas razas aunque los dediquemos a acariciarles el lomo mientras nos joden los cojines del sofá. Un rottweiler, un bulldog, un dogo de cualquiera de sus variantes, un alano, un mastín, etc., son razas de presa, son CANIS PVGNAX, pero nunca harán otra cosa que dormitar, devorar sacos de pienso que valen carísimos y mearse en la rueda del coche del vecino. Y, con suerte, ladrarán y se mostrarán agresivos con los intrusos como aquellos perros romanos cuyos dueños advertían que había que tener cuidado con ellos porque tenían muy mala leche: CAVE CANEM, cuidado con el perro. Uséase, lo mismo que hoy día. Por lo tanto, la conclusión a la que podemos llegar es el que el CANIS PVGNAX era, como en el caso de los celtas, un perro grande y fuerte que valía para cualquier cosa, pero que nunca fue destinado a protagonizar una batalla.

Bueno, no creo que se me olvide nada relevante, de modo que colorín colorado, el articulillo se ha acabado.

Hale, he dicho

miércoles, 26 de abril de 2023

ASESINATOS. VIRIATO

 

"La muerte de Viriato" (1890), obra de mi paisano José Villegas Cordero, un artista que, aunque no muy conocido, acaparaba un notable talento, sobre todo para retratar las costumbres populares. En este caso, la escena muestra el momento en el que uno de los asesinos se disponer a apiolar al eximio caudillo sin las poses teatrales y engoladas propias de los autores del romanticismo

Posiblemente, la mayoría de los jóvenes de nuestros días no tengan ni puñetera idea de quién fue Viriato salvo que tuvieran la desdicha de ver aquella pésima serie televisiva de hace unos años, de la que vi un tráiler en Yutub y tuve pesadillas durante un mes. En fin, la historia de siempre: adulterar la realidad por no se sabe qué, cuando, en realidad, la vida de este probo caudillo daba material de sobra para hacer un producto ilustrativo, fiel a la realidad y, de paso, que permitiera conocer cómo fue la historia. Por desgracia, fidelidad histórica y cine son un oxímoron. Por otro lado, los ciudadanos de mi generación, década arriba, década abajo, con siete u ocho años nos sabíamos las andanzas de este sujeto porque aparecía en los libros de lectura, una asignatura que creo que ha desaparecido y gracias a lo cual nuestros jóvenes se expresan con signos de arcano significado, hablan como bonobos vapuleando nuestro maravilloso idioma y no saben ni hablar correctamente, con un vocabulario limitado a lo imprescindible para decir que quieren comer, fornicar y planchar la oreja. En fin, ellos se lo pierden. Se ve que les resultan mas interesantes los dimes y diretes de mentideros televisivos, donde esos "influencers", que no influyentes, o las "celebritis" en vez de celebridades,  hacen gala de su vacuidad y su idiocia. 

Bien, tras este breve despotricamiento inicial, vamos a la enjundia de la cuestión.

Viriato es quizás uno de los escasos personajes históricos considerado como un héroe nacional por dos naciones: España y Portugal, por lo que es un bihéroe. Y, ciertamente, ambas se lo pueden atribuir por una simple razón geo-política. Aunque hay tropocientas conjeturas acerca del lugar de nacimiento de este personaje, es aceptado de forma mayoritaria que era lusitano. La Lusitania- ojo, la tierra de los lusitanos, no la provincia romana formada poco más de un siglo después de su muerte- se encontraba en un territorio situado en el centro del actual Portugal, incluyendo un cacho pequeñajo de las actuales provincias españolas de Cáceres y Badajoz. En el mapa de la derecha pueden verlo con detalle, resaltado de color rojo. Pero la cosa es que Portugal no existía aún. De hecho, aún faltaban unos 1.100 años para que la ambiciosa bastarda Teresa Alfónsez empezara a dar la murga y el condado de Portucale se segregara del reino de León. En aquella época, siglo II a.C., la Península, la I-Span-Ya que bautizaron así los fenicios, era una malgama de tribus iberas y celtas que, fieles a nuestro acervo milenario, se llevaban fatal entre ellos, pero se arrimaron unos a otros a la hora de plantar cara a un invasor que no les dejaba seguir matándose apaciblemente. Por lo tanto, en puridad, a Viriato podemos considerarlo como un ibero, un habitante de la Península, por lo que su condición de héroe por duplicado se me antoja perfectamente válida ya que, además, se alió con otras tribus para dar estopa a aquellos probos imperialistas que, aprovechando las Guerras Púnicas, decidieron quedarse aquí para impedir que los cartagineses usaran la Península como cabeza de puente en Europa.

Bueno, aclarado estos preliminares sobre nuestro personaje, pasemos a

LOS ANTECEDENTES

En cierto modo, podríamos decir que el "inventor" de Viriato fue el cónsul Servio Sulpicio Galba (c.194 - c.129 a.C.), enviado en 151 a.C. como pretor a la Hispania Ulterior (la Hispania de más allá, la Hispania lejana). A la izquierda podemos ver la partición territorial de la Península cuando las Guerras Púnicas dieron término, quedando en manos de Roma el Levante y el Sur del territorio. Ya puestos, como dijimos, decidieron quedarse con todo. Galba era un fulano cicatero, un raspamonedas que, a pesar de ser inmensamente rico, era capaz de vender a su abuela en el mercado de esclavos de Ostia con tal atesorar algunos sestercios más. Su llegada no fue precisamente gloriosa ya que sufrió varias derrotas a manos de los lusitanos, unos probos indígenas que habían llegado a acuerdos con el predecesor de Galba, Marco Atilio Serrano para ser buenos vecinos y tal. Pero Galba era un mal bicho ávido de botines y victorias, de modo que se valió de su doblez para perpetrar una monstruosa felonía. 

Probo ciudadano recreacionista emulando a un lusitano
de la época. Como podemos ver, su imagen no tiene nada
que ver con los nativos harapientos que nos muestran en las
películas. Está armado con una falcata y una lanza, si bien en
combate añadiría más elementos de defensa pasiva
Recibió a los enviados de los lusitanos haciéndose el comprensivo y tal, y se compadeció de que, en efecto, sus tierras eran una birria que no valían ni para sembrar alpiste. Decía comprender que, a causa de su falta de recursos, se habían visto obligados a recurrir al bandidaje y demás travesuras contra Roma. Según Apiano, como un acto de bondad, les aseguró que les daría buenas tierras y los establecería en un país rico, poniéndolos bajo la protección de Roma. Así pues, los convenció para que abandonaran sus poblados y se reuniesen tanto hombres como mujeres y críos para migrar a otro sitio. Los enviados volvieron con la propuesta y, a lo largo de varios meses, se juntaron unos 30.000 probos indígenas confiados en las falsas promesas de Galba. Unos meses más tarde, en 150 a.C., aquella masa de gente se presentó en el punto de encuentro marcado por el alevoso pretor, que los dividió en tres grupos y los envió a cada uno a una vasta llanura donde, según afirmó, debían esperar a que les construyera una ciudad. Como prueba de buena voluntad le instó a entregar sus armas, a lo que los lusitanos accedieron de mala gana porque, no lo olvidemos, para los pobladores de la Península, EQVI ET ARMA SANGVINEM IPSORVM CARIORA (los caballos y las armas les eran más queridos que su propia sangre). Una vez divididos en tres contingentes para que fuera más facilito, Galba ordenó a sus tropas que pasaran a cuchillo a todo quisque. Aquella traición monstruosa concluyó con 9.000 víctimas y unas 20.000 enviadas a la Galia para ser vendidos como esclavos. Apenas un millar escapó desando hacer pinchitos morunos con Galba en particular y los romanos en general, y en ese grupo de supervivientes estaba Viriato. Tamaña felonía espantó a los mismos romanos, y a Galba le quisieron meter un paquete porque aquel acto abominable ofendía su elevado sentido de la honorabilidad.

Marco Porcio Catón el Viejo. Tras una intensa y
provechosa carrera militar, su elevado sentido de la
moral, el honor y la defensa de las tradiciones
lo convirtieron en el azote de los senadores corruptos
y toda la fauna de trepas que infectó la República
De hecho, cuando volvió al terruño al término de su mandato en 149 a.C., en vez de concederle el anhelado triunfo se encontró con una demanda interpuesta por el tribuno de la plebe Lucio Escribonio Libón y Marco Porcio Catón por vulnerar la LEX DE REBVS REPETVNDIS, propuesta por Lucio Calpurnio Pisón aquel mismo año y por la que, si los no romanos de las provincias se quejaban de los magistrados que habían abusado de su poder para enriquecerse, la República se obligaba a restituirles sus posesiones y, por supuesto, liberarlos de la esclavitud a la que habían sido relegados. Sin embargo, aparte de que Galba tuvo sus defensores entre personajes de su mismo rango que habían ejercido el consulado, el inmenso botín que trajo de vuelta le sirvió para comprar, literalmente, la voluntad del Senado. Para ello, le bastó con entregar la mayor parte al erario público y untar a las voces más respetadas del mismo, con lo que se acabó echando tierra al asunto. Pero de lo que Roma no se pudo librar a pesar del abyecto soborno que aceptó de Galba fue de la ira de Viriato y de los miles de lusitano, celtas e iberos que, en vista de lo visto, llegaron a la conclusión de que ir de buen rollito con estos imperialistas en ciernes no era lo más recomendable.

Bien, estos sucesos fueron los desencadenantes de la furia de los lusitanos y, por supuesto, de otras tribus que vieron en Roma una amenaza a su libertad. Suele pasar siempre lo mismo: por culpa de la bellaquería de determinados hombres estallan guerras, revueltas y asonadas en las que muchos acaban pagando el pato, mientras que los verdaderos culpables quedan impunes. Así pues, puestos en contexto, pasemos a 

LOS PRELIMINARES

Recreación de Viriato más realista de la que
nos suelen vender. Está armado con una cota de
malla, seguramente arrebatada a un romano, un
yelmo de bronce, una rodela, una espada de antenas,
una lanza y un SOLIFERREVM
Viriato era un caudillo militar nato. Se desconoce su oficio antes de sacar el máster de enemigo mortal de Roma y, aunque se le suele adjudicar el de pastor, en realidad no hay una constancia fehaciente de ello. Los romanos lo consideraban un hombre enérgico, frugal y habituado a las penalidades de la vida al aire libre. Algunos pensaban que se trataba de un LATRONUM DUX (caudillo de bandoleros), pero ya hemos visto que la miseria a la que se veía arrostrada su pueblo obligó a muchos a dedicarse a la política... no, un momento, lapsus linguæ, quiero decir que se dedicaron a robar. Mi opinión es que quizás fuese un régulo tribal, lo que ya le otorgaba cierta autoridad sobre su gente; esto, sumado al estado de cabreo general y al hecho de que sería tal vez el primero que decidió hacer pagar caro a Roma la felonía de Galba, lo convirtió en un líder carismático y cualificado. Porque lo cierto es que Viriato le hizo sudar sangre a sus enemigos. Por lo demás, ni él ni sus tropas debían mostrar el aspecto zarrapastroso que nos suelen vender en el Gran Enemigo de la Verdad (el cine, naturalmente), donde por norma se suele recrear a estos personajes cubiertos de mugre, harapos y armados de mala manera. ¿Recuerdan la patética indumentaria de la célebre "Braveheart", donde tanto el protagonista como su alegre y desaforada horda de homicidas visten el kilt, una prenda que no surgió hasta finales del siglo XVI? Bueno, pues en este caso nos pintan un Viriato y unos lusitanos que parecen sacados de un hogar de acogida para drogadictos reenganchados a la farlopa 24 veces seguidas.  

Estas eran las tropas con las que se enfrentó Viriato. De izquierda
a derecha tenemos: HASTATVS, VELITE, TRIARIVS y PRINCEPS
Bien, la cosa es que Viriato tuvo muy claro que combatir a los invasores en campo abierto era obtener todas las papeletas para que les dieran las del tigre. Las legiones romanas eran una máquina perfectamente engrasada nutrida por hombres bien armados y mejor adiestrados. Su capacidad de maniobra y su flexibilidad táctica era insuperable, y si habían sido capaces de acabar con los cartagineses, con los lusitanos no tenían ni para empezar. Pero Viriato no era tan imbécil como para no darse cuenta, y concluyó que la táctica de la mosca cojonera era la más acertada.

Preparando una emboscada
Tanto él como su gente eran hombres de campo, habituados a la frugalidad y a las inclemencias del tiempo. Conocedores del terreno, se movían por el mismo como culebras, dormían al sereno y se alimentaban de lo que pillaban, ya fuese un lagarto canijo, raíces o frutos silvestres. Y, obviamente, les negaban en todo momento a sus enemigos la posibilidad de presentar batalla en el terreno que les era más favorable. Por lo tanto, hacían de mosca cojonera acosándolos sin descanso y minando su moral con golpes de mano tan contundentes como fulgurantes. Los emboscaban, atacaban de forma inopinada y se retiraban antes de que les diera tiempo a reaccionar y, en resumen, practicaban la guerra de guerrillas made in Spain que durante siglos nos ha sido tan provechosa. 

Grupo de hispanos deseosos de degollar imperialistas.
En semejante terreno eran imbatibles, y su agilidad,
su fuerza y su destreza con las armas los convertían
en enemigos verdaderamente temibles. Además, tenían
muy mala leche y solían sacrificar a los enemigos
capturados como ofrenda a los dioses
Obviamente, los romanos no permanecían inermes ante este hostigamiento continuo. Si no podían acabar con los belicosos lusitanos, pues se dedicaban a arrasar ciudades, capturar a sus habitantes, etc. Uséase, represalias en toda regla. Esta era una guerra cruel- más de lo habitual- donde la furia y el deseo de venganza de unos era respondido por la frustración de los otros, lo que a su vez aumentaba aún más la ira de los anteriores. Dicho en plata, la pescadilla que se muerde la cola. El punto de inflexión podríamos situarlo en el 139 a.C., cuando Viriato, en un alarde de osadía, llevó a cabo un ataque nocturno contra el campamento de Quinto Fabio Máximo Serviliano, enviado como pretor cuatro años antes y que cosechó más derrotas que otra cosa a pesar de los medios de que disponía. A tal punto llegó la magnitud de su derrota que, acosado, no le quedó más remedio que firmar un FOEDVS con el caudillo lusitano. Un FOEDVS era un tratado que se establecía con tribus o naciones que no pertenecieran a la órbita de Roma ni ostentaran su ciudadanía. Como condición principal se obligaba a la parte contraria a contribuir con tropas si Roma se lo demandaba. Recordemos que del término FOEDVS es de donde surgió el feudo medieval, y las condiciones de estos tratados eran similares a los pleitos de homenaje de los que tantas veces hemos hablado ya.

Dos iberos en los preliminares para filetear a un
legionario. Por la jeta de inquietud del mismo, parece
ser que tiene claro que el destino le depara un final
extremadamente desagradable
Sin embargo, este tratado fue considerado por el Senado como una DEFORMEN PACEM, una paz deshonrosa, y algunos de los más encumbrados senadores y OPTIMATES afirmaron que aquello era papel mojado ya que la augusta Roma no podía ni debía mostrarse en una posición de igualdad y, aún menos, de debilidad, contra un enemigo al que no habían podido derrotar de la forma tan contundente como la que logró con los cartagineses. Está de más decir que el dichoso FOEDVS le costó el puesto a Serviliano, que fue sustituido por su hermano, Quinto Servilio Cepión, elegido cónsul en 140 a.C. Cepión era un mal bicho con la misma prepotencia, crueldad y ganas de apuntarse la victoria sobre los lusitanos que Galba. Así pues, llegó a su destino con las ideas de un miura, deseoso de mostrar su talento militar y, por supuesto, de hacerse con un jugoso botín. Al cabo, las ciudades que aún no estaban bajo el control de Roma eran poblaciones ricas donde ganaban buenos dineros con el comercio y, sobre todo en el sur, con los metales. Para dejar claro que el FOEDVS firmado por su hermano era una ignominia, no dejaba de repetir a todo el que quisiera escucharlo que era ineludible anularlo y retomar la guerra que, a lo tonto a lo tonto, llevaba ya casi quince años sembrando muerte y destrucción + IVA entre ambos bandos. Pero, además, Cepión tenía muy claro que, para derrotar a Viriato, debía llevar a cabo una estrategia totalmente distinta a la que se había llevado a cabo hasta aquel momento.

EQVES romano enfrentándose a dos jinetes iberos.
La caballería hispana fue un hueso muy duro de roer
para estos imperialistas ya que eran hombres que
habían aprendido a montar a caballo al mismo tiempo
que aprendían a caminar
Por otro lado, los lusitanos también estaban ya bastante hastiados de guerra. Como ha sucedido, sucede y sucederá siempre, las guerras de desgaste acaban agotando a los contendientes. Y no ya por las pérdidas de tipo económico y humano, sino psicológicas. Estar durante años y años en un constante estado de zozobra, pasando penurias y sin saber cuándo te habrá llegado la hora, mina la moral del más bravo. De hecho, las mismas tropas de Cepión no dudaron en mostrar que estaban hasta el gorro de todo aquello, y los lusitanos también empezaban a hartarse de pasar la vida trotando por los montes en busca de sus odiados enemigos, en vez de vivir apaciblemente en sus poblados al cuidado de sus tierras y su ganado. Cepión tuvo muy claro que ahí era donde podía empezar a hacer daño. Básicamente, su plan consistía en buscar la fórmula para que el FOEDVS quedase abolido por la vía de los hechos consumados. Para ello era necesario que los lusitanos incumplieran el tratado ya que, si él daba el primer paso, Viriato invocaría los términos del mismo, por lo que el Senado se vería obligado a contener a Cepión para no verse más deshonrado de lo que ya estaba desde las villanías perpetradas por Galba. Pero la cosa es que, según Apiano, Cepión partió de Roma con instrucciones secretas en las que se le instaba a provocar a los lusitanos, precisamente para que retomaran las hostilidades y, de ese modo, derogar el FOEDVS legalmente, quedando ellos como víctimas de la supuesta alevosía de los enemigos.

Combatiente ibero. Como vemos, su
panoplia no tenía nada que envidiar a
la de sus enemigos romanos
Sin embargo, Viriato no entró al trapo. Buen conocedor de la mentalidad romana tras tantos años de lucha, optó por eludir las provocaciones de Cepión y aguardar acontecimientos. Sin embargo, algunos de los más belicosos caudillos de su ejército actuaron por su cuenta y, sin pedir permiso y de forma totalmente unilateral- como se dice ahora-, empezaron a hostigar a los romanos convencidos de que el FOEDVS era un síntoma inequívoco de debilidad, y que la baja moral de las legiones, de la que tenían constancia por sus espías, haría posible aplastarlos de una vez. Obviamente, se equivocaron. Esta fue la excusa perfecta para que Cepión informara al Senado de que los lusitanos habían faltado a la palabra dada, y que era necesario pasar a la acción. Para reforzar la presión sobre los que aún dudaran si era necesario reanudar la guerra, bombardeó a los senadores más proclives a la guerra con cartas que, aunque desconocemos su contenido, podemos imaginar de qué iban. Y el plan funcionó, porque aquel mismo año el Senado derogó el FOEDVS, y ordenó a Cepión retomar las hostilidades. Para redondear la cosa, ordenaron también a Marco Popilio Lenas, pretor de la Hispania Citerior (la Hispania cercana), que rompiera el tratado de paz que había firmado con los numantinos su predecesor Quinto Pompeyo y que, mira por dónde, también era desventajoso para Roma, por lo que la guerra volvía a enseñorearse de la Hispania toda.

Y al decir la Hispania toda, hablamos de más de la mitad del territorio que aún no estaba bajo el control de Roma. En el mapa de la izquierda podemos ver la distribución de las distintas tribus que poblaban nuestro pellejo bovino, y para los invasores no era fácil moverse por un terreno cuya orografía era bastante abrupta y, lo que era aún peor, carecía de caminos como Júpiter manda. Cepión, que traía aprendida la lección conforme a las experiencias de sus predecesores, tuvo muy claras dos cosas, a saber: una, que si quería hacer daño a los lusitanos tendría que adentrarse profundamente en su territorio. Pero, para ello, necesitaba disponer de un CASTRA donde guarecerse y no quedar a merced de unos probos homicidas que aprovechaban la más mínima ocasión para caer sobre ellos, hacerles una breve pero contundente escabechina y largarse, dejándolos con un palmo de narices. El único de la zona era el CASTRA SERVILIA, un campamento cerca de NORBA CÆSARINA, la actual Cáceres, lo que limitaba mucho la movilidad de sus tropas. Por lo tanto, llevó a cabo una ofensiva para alcanzar el corazón de la Lusitania, llegando a CEMPSIBRIGA, la actual Sesimbra, al sur de Lisboa, donde mandó construir el CASTRA CÆPIANA. De ese modo, las legiones a su mando podían pasearse por territorio enemigo teniendo una fortificación donde guarecerse. Para asegurar el flujo de tropas y bastimentos se construyó una vía que unía CASTRA SERVILIA con CASTRA CÆPIANA.

Los hispanos eran bastante resolutivos con los prisioneros
de guerra. Al que no le cortaban la cabeza para adornar sus
poblados le amputaban la mano derecha para que tuviera
complicado volver a empuñar una espada contra ellos
La otra medida que tomó fue solicitar tropas procedentes del norte de África. Tenía ya sobrado conocimiento de las consecuencias que tenía trasladar refuerzos desde CARTHAGO NOVA que, teniendo que atravesar cientos de kilómetros hacia el oeste, eran constantemente hostigadas por los múltiples enemigos que se habían ganado a pulso. Sin embargo, las unidades enviadas desde la Mauritania podían arribar a la Ulterior, bien a GADES o incluso a HISPALIS, o llegar directamente a CEMPSIBRIGA, llegando a destino frescas y sin haber sufrido el acoso de los hispanos durante días. El siguiente paso de Cepión consistió en atacar a los aliados de Viriato, empezando por los vetones y los galaecios, cuyas tierras arrasó de cabo a rabo. El mensaje era claro: "Me pongo desagradable contigo por ser colega de mi enemigo. Manda al carajo a Viriato y palabrita del niño Apolo que no me ves más el pelo". La estrategia surtió efecto, porque muchos aliados del lusitano, así como algunos régulos tribales más cercanos, empezaron a exigir que acabase con aquello de una vez, que tanta guerra ya aburría un poco. Le instaron a intentar restablecer el FOEDVS que, en principio, parecía tan prometedor.

La presión debió surtir efecto, porque Viriato acabó cediendo y entabló conversaciones con Papilio Lenas. Los autores de la época no aclaran por qué se dirigió al pretor de la Citerior cuando, en teoría, debería haberlo hecho con Cepión, pero se sugiere que éste estaba bastante entretenido a causa de un motín que había estallado entre su caballería, hartos de su brutalidad con las tropas. En todo caso, Lenas no era ni más comprensivo ni más guay que Cepión. Así pues, en el primer encuentro que mantuvieron, el pretor instó a Viriato a que le entregara a sus más allegados colaboradores incluyendo su suegro, Astolpas, un rico terrateniente con gran influencia sobre su tribu al que, posiblemente, quería sustituir para, con la ayuda de Roma, convertirse en un rey títere o algo parecido. Ciertamente, esta podría ser una faceta bastante obscura de alguien que durante tantos años había sido el azote de estos imperialistas, pero el hartazgo y el instinto de supervivencia acabaron pudiendo más.

En un terreno así, las formaciones romanas no tenían literalmente
posibilidad de maniobrar, por lo que una emboscada llevada a cabo
por un grupo relativamente pequeño podía hacerles mucho daño
Lo cierto es que, según Dion Casio, Viriato no se cortó un pelo, y él mismo se encargó de dar muerte a varios de los señalados por Lenas incluyendo a su suegro. El resto fueron entregados al pretor que, siguiendo la costumbre lusitana, les cortó la mano diestra para que nunca más la alzaran contra Roma. No contento con esto, añadió como condición que entregaran sus armas, pero el recuerdo del alevoso Galba se mantenía muy arraigado, de modo que Viriato le hizo dos higas a Lenas y volvió a las andadas, aunque con menos aspirantes a alcanzar algún día el dominio total sobre su gente en forma de monarquía. Sin embargo, del mismo modo que los falangitas macedonios se negaron a seguir a Alejandro cuando se les gastaron las suelas de tanto andar, los lusitanos y sus aliados manifestaron claramente que había que hacer la paz de una vez por todas. Al cabo, ellos seguían en una posición al menos igualada con Roma, y podrían alcanzar algún acuerdo con los enemigos. Viriato cedió, pero esta vez optó por dirigirse a Cepión ya que Lenas se había mostrado inasequible. Tras los mensajes previos y tal, el pretor se dirigió a encontrarse con Viriato en las cercanías del MONS VENERIS (Monte de Venus), donde éste tenía su campamento.

Y así, tras tantas idas y venidas, dimes y diretes y malos rollos, Cepión tuvo por fin la posibilidad de fraguar un auténtico crimen de estado, porque matar a un enemigo en combate es legítimo, pero pergeñar su muerte con premeditación y alevosía está muy feo. De este modo pues se planificó 

EL ASESINATO

Necrópolis romana de Urso. Tras pasar al control de Roma, la ciudad
se fundió rápidamente con la cultura de los invasores. Tras la batalla
de Munda, librada en sus cercanías, César la elevó al rango de colonia
con el nombre de COLONIA GENETIVA IVLIA
Viriato, que no se fiaba un pelo del pretor, decidió quedarse en el campamento y enviar a tres hombres de su confianza: Audax, Ditalco y Minuro. Parece ser que estos tres mendas, un poco bastante hastiados de guerras y tal temerosos de acabar con las cabezas separadas del cuerpo, fueron los que se ofrecieron voluntariamente a entrevistarse con el pretor. En sí eran los candidatos ideales ya que, además de hablar latín con fluidez, tenían una buena capacidad oratoria y, al parecer, eran régulos tribales de cierta influencia. No hay unanimidad en lo tocante a su origen, aunque de forma mayoritaria se les considera naturales de Urso, la actual Osuna (Sebiya), en la Turdetania. No obstante, por sus nombres se deduce que no eran de sangre celtibera. Audax, que Diodoro Sículo nombra como Aulaces, podría ser de origen persa o fenicio; Ditalco o Ditalkon era de sangre griega o cretense, mientras que Minuro, o Nicoronte según Diodoro, era al parecer cartaginés. A nadie debe extrañar que su cuna fuera la Turdetania tanto en cuando la Península se había convertido desde siglos antes en un crisol de culturas y razas de toda la ribera mediterránea, y las familias de hombres como estos llevaban ya generaciones poblando I-Span-Ya.

Pero la conducta de Cepión nos muestra que su intención no era llegar a un acuerdo con Viriato, sino acabar de raíz con el problema. Cuando recibió a los tres emisarios, que habían insistido mucho ante su caudillo afirmando que ellos serían capaces de convencer al pretor para aceptar sus condiciones, Cepión se limitó a escucharlas sin prestarles mucha atención y, tras el discurso, en vez de darles alguna respuesta o hacerles una contraoferta, se dedicó a agasajar a los tres fulanos estos, tratándolos literalmente como reyes. Así, en vez de volver a su campamento donde Viriato esperaba ansioso la respuesta de su enemigo, estuvieron algunos días dejándose querer por el romano, que no paraba de hacerles regalos y hacerles todo tipo de promesas. El pretor debía ser un lince, porque se dio cuenta de inmediato que los tres cuñados aquellos solo pensaban en librarse de la quema, y no le resultó difícil convencerlos de que solo la muerte de su caudillo acabaría con aquella interminable guerra. Naturalmente, les dio todo tipo de garantías, y les aseguró que sus pescuezos estarían a salvo ya que quedarían bajo la protección de Roma. No tuvo que insistir mucho, pa qué mentí...

"Muerte de Viriato, jefe de los lusitanos" (1807), obra de José
Madrazo. Tiene anacronismos a cascoporro, pero bueno...
Audax, Ditalco y Minuro retornaron al MONS VENERIS de noche para, de ese modo, actuar con más impunidad. Sabían que Viriato era de los que dormían con un ojo abierto y, según Apiano, hasta lo hacía con la armadura puesta por si alguna alarma lo obligaba a salir de la piltra en plena noche. Tanto Apiano como Diodoro Sículo aseguran que, nada más llegar, los tres fueron inmediatamente recibidos por el caudillo, que estaba ya devorado por la ansiedad por conocer la respuesta de Cepión. Entraron en su pabellón y anunciaron que el pretor había accedido a firmar un nuevo tratado, lo cual alegró sobremanera a Viriato, logrando así que el ambiente fuera más distendido y el lusitano bajara la guardia y, finalmente, se dejara llevar por el sueño. Llevaría días sin pegar ojo, y la buena noticia debió relajarlo bastante. Audax, que al parecer era el que llevaba la voz cantante, estuvo pendiente de observar cuando Viriato dormía profundamente, momento en el que entró en su pabellón seguido por sus dos compadres. Siendo como eran hombres de la total confianza del caudillo, nadie les puso pegas para entrar. Una vez dentro, y sabiendo el detalle de que nunca se desprendía de su armadura, lo apuñalaron en el cuello, dejándolo listo de papeles sin que no se enterase nadie. Se desconoce la fecha exacta de su muerte, ocurrida en el 139 a.C.

Una vez perpetrado el crimen, los tres malvados salieron tan campantes y se largaron. Nadie sospechó nada porque era muy habitual que Viriato recibiera constantemente mensajeros y allegados a cualquier hora, por lo que nadie pudo sospechar nada de los tres emisarios que hacía poco rato acababan de llegar del campamento del pretor, al que retornaron a toda velocidad antes de que se descubriera el asesinato. Hasta la amanecida no se encontró el cuerpo inerte de Viriato con el pescuezo masacrado. La muerte del caudillo no solo supuso un duro golpe para la moral de los lusitanos sino que, de hecho, marcó el principio del fin de su lucha por sacudirse a los invasores de encima. Porque Viriato no solo era un buen estratega, sino el alma de la rebelión. Si el alma palmaba, la rebelión se terminaba. Los lusitanos, hastiados de guerra, acababan de perder el único acicate que tenían para seguir en la brecha, y aunque fue sucedido por Táutalo, uno de los caudillos lusitanos más cercanos a Viriato, éste no tenía ni remotamente la capacidad ni el carisma de su predecesor. Cepión no tardó mucho en derrotarlo clamorosamente, dando término por fin a la guerra de la Lusitania.

Bien, así fueron los hechos, de modo que ya es hora del

EPÍLOGO

Grabado decimonónico que recrea la cremación de Viriato
Los funerales de Viriato fueron acordes a su rango. Su cadáver fue vestido con sus mejores galas y colocado en una pira, y mientras ardía se llevaban a cabo los sacrificios y ofrendas de rigor a los dioses para que le concedieran un dúplex molón en el Más Allá. Según Apiano, todo su ejército corría alrededor de la pira entonando alabanzas en su honor, mientras otros cantaban y bailaban. Cuando la pira se extinguió, siguiendo las costumbres funerarias hispanas, sus cenizas fueron depositadas en una urna y, finalmente, 200 guerreros realizaron simulacros de combate ante su tumba, algo similar a los BVSTVARII romanos. En cuanto a la localización de la tumba, es un misterio. Hasta el día de hoy, diversos historiadores han intentado localizar la posible ubicación de la misma, pero todo ha quedado en teorías imposibles de corroborar. Sea como fuere, esto ya se sale de nuestro tema, y es una cuestión demasiado extensa como para tratarla aquí.

Bien, aquí acaba la historia. Pero como más de uno tendrá curiosidad por saber el destino de los demás protagonistas de este culebrón bélico, veamos los más importantes de ellos para chinchar a esos cuñados cuya última lectura fue "Mi primera cartilla".

AUDAX, DITALCO Y MINURO

Todos hemos oído alguna vez la lapidaria frase "Roma no paga a traidores" o, en plan culturillas, ROMA TRADITORIBVS NON PRÆMIAT, ¿no? Bueno, pues olvídenla. Es una frase inventada años más tarde con la intención de lavar la honorabilidad de Roma, que bajo ningún concepto quería aparecer como fautora de la traición y el asesinato de un enemigo cuando dormía apaciblemente. ¿Qué pasó entonces?

Según Diodoro Sículo, los tres mendas llegaron al campamento de Cepión para reclamarle todo lo prometido, pero fiarse de Cepión era como fiarse de las promesas electorales de un político. El pretor se limitó a permitirles conservar los regalos que les había hecho para convencerlos de que debían convertirse en traidores y asesinos, y se limitó a reclamar a Roma el resto de lo pactado. Nunca más se supo ni de los compadres ni de la pasta gansa prometida. 

Eutropio nos da otra versión, más o menos similar. En este caso, Cepión, que no estaba por la labor de reconocer su felonía, les espetó que EST NVNQVAM ROMANIS PLACVISSE IMPERATORES A SVIS MILITIBVS INTERFICI, uséase, "Nunca ha sido agradable para los romanos que un general deba ser asesinado por sus propios soldados". Más o menos, viene a tener el mismo significado que la primera frase, la más conocida aunque falsa. Cepión, en este caso, pretendería mantener su honorabilidad a salvo, y no aparecer como un instigador de crímenes políticos. En aquella época, en Roma aún se tenía en cuenta que el honor y el cumplimiento de la palabra dada eran sagrados. Así pues, el pretor se limitó a despacharlos afirmando que habían entendido mal lo que hablaron en su primera entrevista, y que él jamás les habría animado a cargarse a su caudillo. Así pues, los expulsó del campamento y los mandó al carajo. Aunque nadie lo menciona, es posible incluso que los liquidara en secreto para, de ese modo, borrar los principales testigos de su alevosía.

QUINTO SERVILIO CEPIÓN / QVINTVS SERVILIVS CÆPIVS (PRONÚNCIESE CUINTUS SERUILIUS CAEPIUS PARA FARDAR DE LATINES)

Aunque fue sin dudas el vencedor de esta larga guerra y el que logró reducir a los belicosos lusitanos, se le debió quedar la jeta a cuadros cuando, al volver a Roma tras finalizar su mandato, se le negó el triunfo por haberse valido de malas artes para acabar con el enemigo. La mentalidad romana era así. Había que vencer a toda costa, pero en buena lid. No le fue bien a nuestro hombre de ahí en adelante a pesar de haber acabado con los más enconados enemigos de Roma tras la derrota de los cartagineses. En 105 a.C. 34 años después de su periplo hispano, fue enviado como procónsul junto a Gneo Manlio Máximo a acabar con las tribus germanas de teutones, cimbrios y ambrones. El encuentro tuvo lugar en Arausio, al sureste de la actual Francia, sufriendo una de las más aplastantes derrotas conocidas por un ejército romano. Por este motivo, fue procesado por el tribuno de la plebe Gaio Norbano porque, en aquella época, el que la hacía la pagaba, y no como ahora que los políticos roban a  calzón quitado o promueven golpes de estado y se van de rositas. Cepión fue severamente castigado, ya que se le despojó de su ciudadanía, se le negó fuego y agua en un radio de 800 millas de Roma y se le impuso una multa de 15.000 talentos, una cantidad simplemente esotérica para la época ya que un talento equivaldría a 32'3 kilos de oro. Si hacemos la multiplicación obtenemos 484.500 kilos, que al precio actual del oro equivaldrían nada menos que a unos 28 mil millones de euros. A todo ello, se le sumó la prohibición de hablar con familiares y amigos hasta que se largó. La multa no la pudo pagar, como es lógico, porque semejante pastizal era más de lo que contenía el erario público de Roma en aquella época, y palmó en Esmirna, donde pasó el resto de su vida. Ciertamente, Roma no pagaba a traidores, y a taimados y bellacos tampoco.

Bueno, ya saben como palmó Viriato.

Ah, una chorradita final: durante nuestra guerra civil, los del reino vecino, en aquel tiempo bajo la dictadura de Antonio Oliveira y Salazar, enviaron a la Legión Viriato, un contingente de unos 8.000 voluntarios para combatir contra la república. Esto muestra que ambos países siempre han tenido a este probo lusitano como héroe nacional en toda regla.

Hale, he dicho

Estatua de Viriato en Viseu (Portugal)